Análisis

Hablan idiomas distintos

Al darme a conocer la noticia de que el gobernador de Santa Cruz, señor Rubén Costas había invitado a un debate público al presidente del Estado Plurinacional señor Evo Morales, mi pariente espiritual batió palmas entusiasmada porque todos seríamos testigos de una contienda ideológica y política entre dos ciudadanos notables que aspiran a la Presidencia de la República en las elecciones que se realizarán dentro de un año.

Sin embargo, grande fue nuestro desconsuelo al saber que el señor Evo no aceptó tal invitación del señor Rubén, explicando sus altavoces que los afanes separatistas del líder cruceño no le permitían al caudillo colla debatir.

Mi comadre Macacha y yo nos sentimos desilusionados al ver esfumarse un debate sobre ideas y posiciones, pues de lo único que nos nutrimos es del permanente intercambio de insultos entre oficialistas y opositores. “En Bolivia no hay debates –dijo la cholita cochabambina– porque hay 36 idiomas oficiales y cada uno utiliza el que desea, siendo por ello explicable que Evo Morales y Rubén Costas no puedan debatir:  es que ambos hablan diferentes lenguajes” interpretación que me volvió a demostrar la inteligencia de la cochabambina.

Un poco envanecida por mis aplausos, ella me sugirió la idea de que ambos personajes dirimieran su supremacía jugando tres encuentros de fútbol entre sus equipos capitaneados por ambos líderes, uno en Santa Cruz, otro en Orinoca y un tercero en Quillacollo (Cochabamba), propuesta que no me pareció mala, pues a falta de un debate, buenas podrían ser las patadas.

A continuación, mi imaginativa comadritay propuso que ambos líderes jugaran un campeonato de cacho en el Club Social Cochabamba y sin dados cargados durante una noche de viernes, bajo el lema “Lo que se ve se anota” y “fuera manos” y donde “los mirones son de palo”. La cholita cochabambina sentenció: A falta de debate buenos son los dados.

La desilusión por no ser testigos de un debate entre los mencionados candidatos llevó a mi comadre y su consumado admirador a proponer nuevas competencias entre quienes aspiran a ser presidentes de nuestro desventurado país, como por ejemplo un duelo caballeresco, idea casi imposible de ser llevada a cabo por la escasez de caballeros en nuestra sociedad abigarrada y mestiza; sin embargo, mi comadre se ofreció como madrina para cualquier lance de honor, y proponiéndome como padrino de algún duelista, lo cual acepté gustoso.

Al final de nuestra conversación, Macacha ponderó nuestro afán de facilitar el conocimiento y alcances de nuestros candidatos presidenciales en este país donde no existe la costumbre de debatir ideas y proyectos y tenemos que asistir a luchas nobles e innobles.