Internacional

Fue celebrado el Día Mundial del Refugiado

(Buenos Aires / Argentina) La Comisión Católica Argentina de Migraciones (Fccam), que depende de la Comisión Episcopal de Migraciones y Turismo, conmemoró el pasado 20 de junio el Día Mundial del Refugiado. Con el apoyo de Acnur, el organismo de las Naciones Unidas para los Refugiados, organizó una jornada de festejos para la comunidad de refugiados y solicitantes de refugio que acudieron y acuden a los servicios que la Fccam brinda. En una resolución especial de la asamblea general de las Naciones Unidas aprobada en 2000, se estableció el 20 de junio como Día Mundial del Refugiado. El festejo se realizó en los espacios de la parroquia Nuestra Señora Madre de los Emigrantes, de los Misioneros Scalabrinianos, en el barrio porteño de la Boca.

Familias provenientes del Congo, Costa de Marfil, Senegal, Ghana, Nigeria, Sierra Leona, Guinea, Ucrania, Rusia, Egipto, Siria, Irak, China, Pakistán, Colombia, Perú, Honduras, Haití, Cuba, República Dominicana, participaron del almuerzo y de los diversos entretenimientos de la jornada.

En un clima de multiculturalidad y respeto, monseñor Humberto Malfa, presidente de la comisión episcopal, bendijo las mesas reflexionando con los invitados acerca del mensaje de la jornada de este año: “Hoy, un nuevo comienzo”. Se trata de un nuevo comienzo en un país en donde, como dice el papa Francisco, “Nadie es extranjero, nadie está excluido, nadie está lejos”. Seguidamente se sirvió un asado preparado por los asistentes que trabajan en la Fccam junto con un grupo de voluntarios que acompañó las actividades.

Durante la celebración, se entregó un premio especial que otorga la Comisión Episcopal a las personas que se distinguieron por su servicio a los refugiados. El premio fue otorgado a la señora Mariángela Bobbio de Perreca. Por más de 40 años, la señora de Perreca ensenó con el ejemplo a muchos de sus compañeros a ser humildes y solidarios con los migrantes y refugiados; recorrió y visitó incansablemente barrios y villas donde residía gente indocumentada, conociéndolos y llevando todo tipo de ayuda.

En un ambiente familiar de cordialidad y alegría, unos 230 invitados compartieron comida, música, juegos, cantos y dibujos. Muchos de ellos se exhibieron en cantos, declamaciones de poesías y clases de baile, involucrando a toda la comunidad participante, mientras que los más pequeños, acompañados por algún familiar, se vieron empeñados en actividades artísticas, pintando cuadros que serán expuestos en la sede de la Fundación. La jornada fue un privilegiado momento de reunión, intercambio, alegría y esperanza.+