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Francisco comienza ciclo de catequesis sobre la misericordia para el Jubileo

Papa Francisco decidió dedicar la catequesis de las audiencias generales de los miércoles al tema jubilar de la misericordia: lo anunció él mismo a los fieles esta mañana en el Aula Pablo VI. Al final de la audiencia, el Papa recordó a las víctimas del atentado terrorista que se verificó ayer en Estambul y rezó para que Dios dé «firmeza solidaria a toda la sociedad», y «convierta los corazones de los violentos».

«Hoy iniciamos las catequesis sobre la misericordia según la perspectiva bíblica, para aprender sobre la misericordia al escuchar aquello que Dios mismo nos enseña con su Palabra», dijo el Papa. «Iniciamos por el Antiguo Testamento, que nos prepara y nos conduce a la revelación plena de Jesucristo, en el cual se realiza la revelación de la misericordia del Padre». Ayer por la mañana, Roberto Benigni presentó en el Vaticano el libro-conversación de Francisco con Andrea Tornielli, dedicado justamente al tema de la misericordia («El nombre de Dios es misericordia»), escrito en ocasión del Jubileo de la Misericordia en curso (del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de este año).

En las Sagradas Escrituras, recordó el Papa, «el Señor es presentado como “Dios misericordioso”. Este es su nombre, a través del cual nos revela, por así decir, su rostro y su corazón. Él mismo, como narra el Libro del Éxodo, revelándose a Moisés se autodefinió como: «El Señor, Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad» (34,6). También en otros textos encontramos esta fórmula, con alguna variación, pero siempre la insistencia está puesta en la misericordia y en el amor de Dios que no se cansa nunca de perdonar». Y después fue analizando «una por una» estas palabras. El Señor, sobre todo, es «misericordioso»: «esta palabra evoca una actitud de ternura como la de una madre con su hijo. De hecho, el término hebreo usado en la Biblia hace pensar a las vísceras o también en el vientre materno. Por eso, la imagen que sugiere es aquella de un Dios que se conmueve y se enternece por nosotros como una madre cuando toma en brazos a su niño, deseosa sólo de amar, proteger, ayudar, lista a donar todo, incluso a sí misma. Esa es la imagen que sugiere este término. Un amor, por lo tanto, que se puede definir en sentido bueno “visceral”». También está escrito que el Señor es «bondadoso»: « Es como el padre de la parábola del Evangelio de Lucas: un padre que no se cierra en el resentimiento por el abandono del hijo menor, sino al contrario continúa a esperarlo, lo ha generado, y después corre a su encuentro y lo abraza, no lo deja ni siquiera terminar su confesión, como si le cubriera la boca, qué grande es el amor y la alegría por haberlo reencontrado». Y también que Dios es «lento para enojarse», «literalmente, “largo de respiro”, es decir, con el respiro amplio de la paciencia y de la capacidad de soportar. Dios sabe esperar, sus tiempos no son aquellos impacientes de los hombres; Es como un sabio agricultor que sabe esperar, da tiempo a la buena semilla para que crezca, a pesar de la cizaña».

Para concluir, «El Señor se proclama “grande en el amor y en la fidelidad”. ¡Qué hermosa es esta definición de Dios! Aquí está todo. Porque Dios es grande y poderoso, pero esta grandeza y poder se despliegan en el amarnos, nosotros así pequeños, así incapaces. La palabra “amor”, aquí utilizada, indica el afecto, la gracia, la bondad. No es un amor de telenovela. Es el amor que da el primer paso, que no depende de los méritos humanos sino de una inmensa gratuidad. Es la solicitud divina que nada la puede detener, ni siquiera el pecado, porque sabe ir más allá del pecado, vencer el mal y perdonarlo. Una “fidelidad” sin límites: he aquí la última palabra de la revelación de Dios a Moisés. La fidelidad de Dios nunca falla, porque el Señor es el Custodio que, como dice el Salmo, no se adormenta sino que vigila continuamente sobre nosotros para llevarnos a la vida». El Papa citó un concepto de San Pablo: «si tú, delante a Él, no eres fiel, Él permanecerá fiel porque no puede renegarse a sí mismo, la fidelidad en la misericordia es el ser de Dios. Y por esto Dios es totalmente y siempre confiable. Una presencia sólida y estable. Es esta la certeza de nuestra fe. Y luego, en este Jubileo de la Misericordia, confiemos totalmente en Él, y experimentemos la alegría de ser amados por este “Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse y grande en el amor y en la fidelidad”».

Entre los saludos finales, Francisco tuvo un recuerdo particular para «Francia, sus habitantes y sus gobernantes», en ocasión de la memoria litúrgica de San Hilario, obispo de Poitier, y de San Remigio, Obispo de Reims. A los peregrinos de lengua española recordó que «la lealtad y la fidelidad no están muy de moda» en nuestro mundo. Y al concluir, recordó a las víctimas del atentado terrorista que se verificó ayer en la famosa ciudad turca: «Antes de concluir nuestro encuentro, en el que reflexionamos juntos sobre la misericordia de Dios, los invito a rezar por las víctimas del atentado de ayer en Estambul. Que el Señor, el misericordioso, dé paz eterna a los difuntos —dijo Francisco entre los aplausos de los fieles—, consuelo a los familiares, firmeza solidaria a toda la sociedad, y convierta los corazones de los violentos».