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Fiesta de la Santísima Trinidad. Homilía para el domingo 26 de mayo 2024

 

Homilía para el domingo 26 de mayo 2024. Fiesta de la Santísima Trinidad

Después de la fiesta de Pentecostés, la liturgia nos propone tres festividades importantes en estas semanas: la Santísima trinidad, Corpus Christi y la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

 

En Pentecostés hemos recibido el Espíritu Santo y ahora estamos preparados para conocer mejor a Nuestro Señor. Por eso, hoy reflexionamos sobre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

Hoy no se trata de entender con la mente, sino de creer con la fe.

 

El Evangelio nos revela esa característica del Señor, uno y Trino. Gracias a nuestra fe podemos creer que Dios es uno y trino. Es decir, una sola naturaleza, pero al mismo tiempo, tres personas distintas.

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Tal vez nos ayude a entender un ejemplo concreto.

Estoy seguro que muchos de nosotros aquí presentes, a veces hemos tenido el párpado que nos tiembla y no lo podemos controlar. Todavía, más a veces, sentimos un cansancio físico y cuando vamos a la cama no podemos dormir, o no nos podemos concentrar, etc.

 

Lo que sucede es que nuestro cuerpo, mente y espíritu están interconectados y lo que pasa con una parte, termina afectando a las otras partes. Aunque no queramos aceptarlo y digamos, todo está bien. Lo cierto es que no podemos divorciarnos internamente.

 

Esa misma comunión interna o “dinámica trinitaria” es reflejo de Nuestro Señor, de hecho, nosotros somos hechos a imagen y semejanza de Dios.

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Aquí está el kit de la cuestión: una de las características más importantes y únicas de nuestro Dios, es esa “relación entre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

En la primera lectura escuchamos esa frase: ¿hubo jamás un Dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro pueblo?

 

Ya desde el Antiguo Testamento conocemos a un Dios que se revela, que busca una alianza con su pueblo elegido. Luego, él envía a su hijo para salvarlo, – y esta vez ya no se trata solo de Israel sino de toda la humanidad -, y finalmente envía el Espíritu Santo.

 

Por lo tanto, nosotros no creemos en un Dios aislado, lejano y mucho menos opresor o castigador.  Dios hijo, (El Evangelio de San Juan diría: La Palabra hecha carne), vino a revelarnos que su Padre es Amor, Misericordia y Perdón.

 

Una enseñanza de esta festividad para nuestras vidas es que nosotros somos testigos de este Dios cercano y conectado entre sí y con la humanidad.

 

Cuando rezamos, cuando adoramos, imploramos o agradecemos a Dios, entramos en esa relación trinitaria.

 

Por ejemplo, en la celebración de la Misa – que es una oración -, en todo momento nos dirigimos a Dios Padre, y le decimos “manda tu espíritu sobre estos dones”, le pedimos que atienda nuestras súplicas “por Jesucristo nuestro Señor”. Es decir, que nuestra oración es una oración trinitaria. Y no importa si no nos damos cuenta, porque al orar a Jesús, por ejemplo, estamos orando ante el Padre y el Espíritu Santo.  No podemos desligarlos entre ellos.

 

Es normal que tengamos dudas, el Evangelio de hoy también nos muestra a los discípulos que ven a Jesús en el monte, y todavía tienen dudas. Pero Jesús les da una tarea, que también hoy es nuestra tarea y misión. Id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que él nos ha mandado.

 

Pidamos al Señor la fe y la confianza para estar seguros que él nos acompaña todos los días hasta el final del mundo.

Por Ariel Beramendi www.arielberamendi.com

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