Análisis

Mons. Sergio Gualberti: “Esperamos unir fuerzas con el Gobierno, para servir a los hermanos más desfavorecidos”

Al iniciar la reflexión esta mañana, quiero referirme a un horrible crimen que esta semana ha estremecido al país entero: la violación y asesinato de un bebé de ocho meses, crimen que demuestra hasta qué grado de degradación y deshumanización hemos caído en nuestra sociedad,  un crimen que grita venganza ante Dios. Nadie que tenga sentimientos humanos puede quedar indiferente ante este hecho, así como ante la ola de feminicidios y violencias en contra de la mujer. Esta barbarie es resultado de una sociedad que prescinde de Dios, que ha perdido de vista la referencia esencial y firme a los valores humanos y cristianos del Evangelio.

Las lecturas de los últimos domingos, insisten en la urgencia de que los cristianos estemos despiertos, vigilantes y no nos dejemos arrebatar la luz que Dios ha puesto en nuestra vida, de parte de una cultura secularizada y relativista. Es la provocación de Pablo a los cristianos de Tesalónica en espera de la venida del Señor: “No nos durmamos, permanezcamos despiertos y seamos sobrios”.

Estar despiertos y vigilantes es, en primer lugar, reconocer los dones que Dios ha dado a cada uno de nosotros para una vida digna y humana: la fe, la libertad, las facultades personales, como la inteligencia, la voluntad, la capacidad de amar y ser amados, y tantos otros dones.

Estar despiertos y vigilantes es pensar, actuar, orar y comportarse como si cada día fuera nuestro último día, haciendo que cada momento sea un tiempo de espera activa y de bien:”No vivan en las tinieblas, son hijos de la luz, hijos del día”.

Jesús nos habla de esta actitud de espera activa, a través de la parábola de ese hombre que, al irse de viaje, repartió sus bienes a sus siervos, a uno cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad. A su regreso, arregló cuentas con ellos. Los dos primeros con su trabajo e iniciativa duplicaron los talentos y, por ser fieles y buenos, fueron invitados a participar de la alegría de su señor.

Pero el tercero, el que había recibido un talento, por miedo a su señor enterró el dinero recibido, impidiendo así que diera fruto. Su actitud cobarde provocó la reacción del señor que le hizo quitar el único talento que tenía y lo excluyó de su presencia. 

Los talentos son los dones gratuitos que Dios ha puesto en cada ser humano, signos de su generosidad y amor inmenso para con todos. En respuesta a su gran amor, el Señor sólo nos pidemadurez y responsabilidad en administrarlos de manera que produzcan beneficios.Lo que cuenta para Dioses nuestra voluntad de trabajar, que tengamos el valor de la iniciativa, con actitud de servicio  y compromiso, bien convencidos de que un día todos tenemos que responder ante é de todo lo que hemos recibido.

Los siervos que hacen fructificar sus dones, reciben el mismo premio independientemente de la cantidad de lo producido, porque lo que el Señor premia es la fidelidad y la responsabilidad y no tanto al productividad. La recompensa es sobreabundante, mucho más de lo esperado: “Está bien, servidor bueno y fiel…entra a participar del gozo de tu señor”. Participar del gozo del Señor es participar del banquete del Reino de Dios, del proyecto de vida y de amor en nuestra existencia terrenal y para toda la eternidad.

En cambio, es muy distinta la actitud del señor hacia el siervo que se ha dejado aprisionar por el miedo que paraliza y que con atrevimiento acusa de su propia cobardía al mismo dueño, porque supuestamente estricto:” Se que eres un hombre exigente… aquí tienes lo tuyo”.  El señor le reprocha su egoísmo porque sólo se ha preocupado de su seguridad personal yporque ni siquiera ha intentado trabajar, por eso no lo considera digno de disfrutarlo recibido: “Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez”. Es una condena grave del pecado de omisión, por el desperdiciamos los talentos recibidos, nos volvemos estériles y sobre todo perdemos la oportunidad de encontrar la gracia salvadora de Dios.

Con esta parábola Jesús quiere hacernos tomar conciencia de nuestra responsabilidad ante los dones que Dios nos ha dado para los que pongamos al servicio del Reino de Dios. Esto significa actuar con mentalidad solidaria y altruista hacia los hermanos, especialmente los pobres, como destinatarios del bien producido con los dones recibidos de Dios.Nuestra existencia en esta tierra transcurre en un tiempo de espera de la venida definitiva del Señor en el juicio universal, en el que nos pedirá cuenta de si hemos administrado con responsabilidad los dones recibidos al servicio del Reino de Dios.

Justamente en nombre de nuestra responsabilidad de pastores los Obispos de Bolivia hemos hecho un pedido respetuoso al Gobierno a favor de los más pobres entre los pobres, los niños huérfanos y abandonados, las madres adolescentes, los ancianos solos, los enfermos terminales y otros hermanos y hermanas necesitados, acogidos en obras de asistencia social de la Iglesia. Nos hemos animado a hacer esa solicitud porque el sostenimiento de estas obras, por las nuevas disposiciones salariales y el creciente costo de vida, se encuentra amenazado y porque estas obras hacen un servicio público, que en cuanto tal son responsabilidad prioritaria del Estado. La Iglesia cumplimos un servicio de suplencia allí donde el Estado no llega y lo hacemos con mucha dedicación acogiendo con beneplácito el mandato del amor a los pobres que Jesús nos ha dejado. Esperamos unir fuerzas con el Gobierno, para servir a estos hermanos más desfavorecidos con la atención adecuada, en estas circunstancias difíciles por las que pasan las obras sin fines de lucro.

Por último,me alegra compartir con ustedes y con los hermanos y hermanas que nos acompañan por los MCS, la carta que el Papa Francisco nos ha enviado esta semana a los obispos de Bolivia en respuesta al saludo de nuestra asamblea.

Excmo. Mons. Oscar Omar Aparicio Céspedes

Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana

Querido hermano:

te agradezco mucho el amable mensaje que me has enviado, en nombre también de la conferencia episcopal boliviana, reunida en asamblea plenaria, y en el que manifiestas el afecto y la cercanía de los pastores y fieles de esa amada nación al Obispo de Roma.

He apreciado mucho este fraterno gesto de comunión eclesial y quisiera, por este medio, mandar un especial saludo a cada uno de ustedes, en particular al señor Cardenal Julio Terrazas Sandoval, presidente emérito de esa conferencia, a quien me une una larga amistad y del que siempre he valorado su gran amor al Señor, la valentía y generosidad con que se entrega cotidianamente a favor de los más necesitados, así como la fidelidad con que proclama el evangelio, a menudo en medio de dificultades, a las que hace frente con magnanimidad y sin ahorrar esfuerzo alguno en su servicio al santo pueblo de Dios.

Me siento muy unido a cada uno de ustedes y deseo darles las gracias por todo el bien que hacen a la iglesia en Bolivia y a sus connacionales, sin distinción de clases ni favoritismos.

Los animo a continuar trabajando con serenidad y alegría en la viña del Señor, sin cansarse de hacer el bien, sabiendo que Dios conoce sus fatigas y escucha sus plegarias.

Los encomiendo constantemente a las maternas manos de nuestra señora de Copacabana, para que ella los acompañe en su misión de ser anunciadores de la misericordia y la reconciliación que Cristo conquistó con su pasión, muerte y resurrección, y que se transforman para nosotros en dones preciosos para ser artífices de justicia, constructores de concordia y sembradores de paz y solidaridad.

Les pido, por favor, que recen y hagan rezar por mí y los frutos de mi servicio a la Iglesia universal.

Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,

Francisco