Con motivo de cumplir hoy 75 años
INFODECOM ha tenido la oportunidad de plantear una serie de preguntas a Mons. Jesús Pérez. Nos complació con su ya conocida simpatía y disponibilidad. Que nuestros lectores disfruten con este sencillo repaso a la vida del Arzobispo de Sucre.
Estimado Monseñor, hoy cumple usted 75 años de vida. Usted nació en España, más exactamente en Canarias. Queremos conocer un poco mejor su trayectoria vivida hasta que llegó a nuestro país…
Nací un viernes, 19 de junio de 1936, en la isla de Gran Canaria. Era el día del Sagrado Corazón. Por eso mi madre me puso el nombre de Jesús. Resalto esta fiesta porque en viernes, 29 de junio, fiesta del Sagrado Corazón, fui ordenado y el 14 de junio de 1985, también día del Sagrado Corazón, fui nombrado Obispo.
Hice mis estudios de Primaria, hasta los 13 años, en el Colegio de la Salle, en las Palmas de Gran Canaria, ingresando al Seminario Diocesano en octubre de 1949, aunque mi deseo era ser franciscano. En 1954, al terminar el Seminario Menor, ingresé en la Orden Franciscana en el Santuario de Loreto, en Sevilla. En octubre de 1958 inicié la Teología en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, Cáceres, y el 9 de octubre de ese mismo año hice mis votos solemnes o perpetuos.
El año de 1959 un franciscano que estaba de Superior en el Convento de la Recoleta de La Paz nos invitó a solicitar la venida a Bolivia. Nos anotamos 12 estudiantes de Teología. Nos concedieron sólo a 6 el poder continuar los estudios de Teología haciendo 3ro. y 4to. en el Seminario de Sucre.
Ya en Bolivia, ¿dónde fue destinado y cómo fueron aquellos primeros años?
La llegada fue el día 26 de julio de 1960 -después de 5 días de viaje desde Buenos Aires- al convento de Santa Ana de la Recoleta. De julio a octubre de 1960 impartí clases de Religión en la Unidad Escolar de la Recoleta.
Los años 1961 y 1962 hice 3ro. y 4to. de Teología, como antes comenté.
El 29 de junio de 1962 fui ordenado sacerdote por S.E. Cardenal Maurer. Recuerdo que la ordenación de diácono la realizó Mons. Agustín Arce. En noviembre de 1962 fui destinado a la parroquia de San Francisco como vicario cooperador. En abril de 1963 vuelvo a la Recoleta y permanezco ahí como profesor de la escuela franciscana de la Recoleta hasta noviembre de 1965. No era mi vocación la enseñanza, pero hice todo lo que pude para dar a los niños de 4to. de Primaria lo que tenía.
En San Francisco trabajé como vicario cooperador de noviembre de 1965 a 1968. Desde agosto de 1968 a fines de diciembre de 1974, como párroco y superior de la comunidad franciscana. Y de 1974 a 1980, superior y párroco en Cochabamba.
Desde septiembre de 1979 a julio de 1984 fui presidente de la Federación Franciscana de Bolivia. Desde enero de 1980 a agosto de 1985 residí en el convento de San Francisco.
¿Cuéntenos los recuerdos más agradables que tiene de aquellos años anteriores a su nombramiento como Obispo en 1985?
La ordenación sacerdotal es inolvidable, como también los votos perpetuos 4 años antes.
Cuando me destinaron a la parroquia de San Francisco me sentía como el pez en el agua. La pastoral parroquial me llenaba.
El trabajo con los hermanos franciscanos para constituir una provincia en Bolivia me dio la posibilidad de conocer a los hermanos, su trabajo y su vida de franciscanos y, a la vez, conocer toda Bolivia.
Recuerdo de las dos parroquias, San Francisco y la del Hospicio de Cochabamba, que el trabajo en los movimientos de laicos fue algo que me ayudó a formarme y a darme.
¿Qué supuso para usted este nombramiento y su ordenación episcopal un 8 de Septiembre de 1985?
Un peso tremendo en mi conciencia. Me pareció que no podía cumplirlo y, al asumirlo por obediencia, me entregué de lleno hasta el día hoy. También pensé que había que confiar totalmente en la Providencia divina que, así como me llamó a ser franciscano y sacerdote, así también tenía que asumir esta tremenda responsabilidad.
Por otro lado, para mí era una ruptura en la comunidad franciscana, al tener que dejar de vivir con los hermanos. Esto lo consideraba muy duro.
Díganos: de lo vivido durante estos 25 años como obispo, ¿qué no volvería a repetir?
El abarcar tantos trabajos.
Las prisas y precipitaciones para pode hacer muchas cosas.
El no escuchar lo suficiente.
¿Y su mayor satisfacción?
El haber podido llevar el mensaje del Evangelio a través de tantas maneras: celebraciones de la Eucaristía, sacramentos, radio, prensa escrita, televisión, mensajes y cartas pastorales.
A esto añadiría el VI Sínodo y el Plan Pastoral: con ellos los cristianos, la Iglesia de Sucre, saben por dónde caminar.
¿Cuál le parece el momento más difícil que ha vivido Bolivia desde que usted llegó?
No me atrevo a calificar el momento más difícil de Bolivia de los 51 años que he vivido en esta linda tierra. Pero sí que ha habido momentos difíciles.
En su última Carta Pastoral los obispos transparentan su visión del país y nuestro compromiso como cristianos católicos. ¿Qué aspecto de este importante documento usted quisiera destacar de manera especial?
Es necesario que los católicos se formen para poder testimoniar su Fe en el trabajo social y político.
Necesitamos católicos que se comprometan y actúen en la vida política.
Es necesario superar la corrupción administrativa, como en todas las naciones del mundo, pero mucho, muchísimo más hay que superar la corrupción moral o interior. Sin superar ésta no se consigue casi nada.
Usted ha presentado su carta de renuncia por cumplir 75 años, tal y como lo dispone el Código de Derecho Canónico. Ahora, ¿qué va a ocurrir?, ¿cómo y cuándo será la llegada de un nuevo prelado?
El canon 401 establece que al cumplir los 75 años se presente la renuncia. Lo he hecho con gran satisfacción porque con humildad y sabiendo de las deficiencias que he tenido en el ministerio, puedo decir: misión cumplida.
Ahora, a esperar y seguir en el mismo servicio como el primer día. Yo creo que no se prolongará mucho. Pueden ser un año, dos años…
¿Cuál le gustaría que fuese su último mensaje a los católicos de Sucre? ¿Qué les pediría?
Que se comprometan en anunciar el Evangelio y a Jesucristo. Que sean discípulos misioneros. Que no tengan miedo de anunciar a Jesucristo como a su Señor y Salvador. Para ello, que se comprometan en el Plan Pastoral, fruto del VI Sínodo.
A los cristianos católicos comprometidos y, por consiguiente, trabajando en comunión con el Obispo y sus párrocos en el Plan Pastoral les digo: ¡ánimo, adelante, siempre adelante en la tarea de la “nueva evangelización”!


