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El que construye paz invita a la convivencia, promueve diálogo e incentiva fraternidad: Mons. Braulio Sáez

En Bolivia hace falta fraternidad, diálogo, concertación, escuchar al otro.

 

Una Iglesia libre y humilde no se queda atrás ni permanece en los recintos sagrados

 

Hablar de un Dios que pide justicia y transparencia, escandaliza a muchos

 

El Reino de Dios no consiste en decir palabras bonitas, sino denunciar lo que impide la vida, la justicia y la fraternidad

 

La palabra de Dios es perseguida porque hiere las conciencias de los que no viven con principios propuestos por Dios

 

Todos hablamos de paz, pero nos damos cuenta de que no todos entendemos la paz

 

Homilía de Mons. Braulio Sáez
Obispo Auxiliar Emérito de Santa Cruz, Bolivia
Domingo 7 de julio de 2022

Dios es amor en medio del mundo

La Palabra de Dios que proclamamos cada domingo nos trae siempre un mensaje de esperanza, de alegría y fortaleza, nos llena el corazón de paz y de gozo y nos anima a ponernos en marcha para ser signo de la presencia de un Dios que es amor en medio del mundo.

Los deseos más profundos del ser humano: Festejo, gozo, alegría y paz

El Profeta Isaías nos anunciaba en la primera lectura: “Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría. Yo haré derivar hacia ella como un rio la paz”. Nos está hablando de uno de los deseos más profundos del ser humano: festejo, gozo, alegría y paz.

Dios es bondadoso y justo, pero sobre todo es amor, misericordia y compasión

El pueblo que volvía de la esclavitud recupera la paz y la justicia por medio de la acción de Dios, un Dios que anuncia paz, ensancha la esperanza y hace sentir su presencia salvadora. Es más: “Levanta en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciaran”. Imagen maravillosa de Dios que tantas veces hemos distorsionado queriendo hacerle con los mismos sentimientos del hombre, un dios vengador, que pide cuentas y que exige sangre humana para rendirle culto. Nada más extraño de la imagen que nos presenta la Biblia y que después Jesús nos dirá que Dios es bondadoso y justo, pero que sobre todo es amor, misericordia y compasión.

En Bolivia hace falta fraternidad, diálogo, concertación, escuchar al otro.

En la segunda lectura San Pablo nos invita a gloriarnos en la cruz de Cristo pues por medio de su muerte nos ha ganado ser una criatura nueva, de tal manera que  gracias a la novedad que nos inspira la fe en Cristo, ya no hay judíos ni griegos, esclavo o libre, ricos o pobres, pues todos somos uno en Cristo y nos invita a la apertura a la novedad que nos viene, no por las cosas de la carne, sino por la fuerza del Espíritu, esa novedad tiene nombres propios: se llama fraternidad, dialogo, concertación, escucha del otro, y sobre todo proyectos en común al servicio de todos. Cuanto nos hace falta hoy, en nuestro país, estos consejos que nos da el Apóstol Pablo.

Hay muchos miedos al compromiso e indiferencia con tantos hermanos

En el Evangelio Jesús sigue llamando a colaboradores, a discípulos, que le acompañen en la implantación del reino. Ya ha elegido a los doce, y nos recuerda: “la cosecha es abundante pero los obreros son pocos, rueguen al dueño de la mies que mande obreros a su mies”. El Papa Francisco en la celebración de la festividad de San Pedro y San Pablo en Roma durante la entrega del “Palio” a Mons. René Leigue nos decía que en la Iglesia hoy, más que nunca, hay lugar para todos y la evangelización es de todos: “lamento, remarcaba, las muchas resistencias interiores que no nos permiten caminar y la pereza que le impiden para ponernos en marcha”. Hay muchos miedos al compromiso, y sobre todo mucha indiferencia frente a las situaciones que viven tantos hermanos.

Una Iglesia libre y humilde no se queda atrás ni permanece en los recintos sagrados

El mismo Papa Francisco nos recalcaba un deseo fuerte que bulle en su corazón: el deseo de “una Iglesia libre y humilde que se alza de prisa y no se queda atrás ante los retos de la actualidad, ni permanece en los recintos sagrados, sino que se mueve por el deseo de llegar a acoger a todos. No olvidemos estas palabras, todos, acudan a las calles y lleven a todos: ciegos, sordos lisiados, enfermos, justos y pecadores”. Por favor, no hagamos diferencias pues para Dios todos somos iguales, todos somos hermanos.

Hablar de un Dios que pide justicia, transparencia, escandaliza a muchos

Eso no quita que Jesús, al enviarnos a evangelizar, nos advierta: “¡Vayan! Yo los envío como ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones, ni calzado y no se detenga a saludar a nadie en el camino”. Sabemos que hoy hablar de Dios hasta puede escandalizar a muchos, sobre todo si hablamos de un Dios que pide justicia, transparencia y reparto equitativo de los bienes que él ha puesto al servicio del hombre: “la gloria de Dios, decía San Ireneo en el s. IV, consiste en que el hombre viva y la vida del hombre consiste en la visión de Dios”.

Todos estamos llamados a vivir en libertad y dignidad

Todos, absolutamente todos, somos llamados a participar de la visión y la gloria de Dios; pero también todos estamos llamados a que vivamos nuestra dignidad de criaturas de Dios en libertad y dignidad.

El Reino de Dios no consiste en decir palabras bonitas, sino denunciar lo que impide la vida, la justicia, la fraternidad

La Iglesia tiene una misión muy concreta: anunciar el Reino de Dios, un reino que no consiste en palabras bonitas y sugerentes, que adormecen las conciencias, sino que se trata de anunciar, y denunciar todo aquello que impide la instauración de ese reino, la vida, la justicia la fraternidad entre todos, el respeto y el derecho que tiene toda persona humana a ser tratada como hijo de Dios.

La palabra de Dios es perseguida porque hiere las conciencias de los que no viven con principios propuestos por Dios

Hoy como siempre predicar el Evangelio molesta, molesta a quien lo predica porque se exige una coherencia entre lo que dice y lo que hace, y a quienes lo escuchan; por eso Jesús nos dirá “les envío como ovejas en medio de lobos”. La Palabra de Dios es palabra perseguida, porque hiere las conciencias y molesta de quienes no viven de acuerdo a los principios propuestos por Dios.

Todos hablamos de paz, pero nos damos cuenta de que no todos entendemos la paz

Jesús nos envía hoy en este mundo tan polarizado y cargado de violencia, de muertes y desigualdad, a ser anunciadores de Paz. Cuando entren en una casa digan primero: “Paz a esta casa”. Y si hay allí gente de paz descansará sobre ellos vuestra paz”. Todos hablamos de paz, pero nos damos cuenta de que no todos entendemos la paz de la misma manera, ya que es una palabra manipulada y usado al antojo y según los intereses que más nos conviene.

La Paz de Jesús no adormece sino eleva a quienes la buscan y viven con dignidad

La paz que nos propone Jesús en el Evangelio de hoy es una paz que nace de la confianza total en Dios y afecta al centro mismo de la persona. No es una paz que adormece, sino una paz que iguala y que eleva la condición de todos aquellos que la buscan y la viven, pues cada uno es tratado con la misma dignidad. La paz que viene de Dios es la primera señal del Reino, una paz que aúna corazones y que promueve el mandamiento del Señor que nos dice: “que todos sean uno”, “ámense los unos a los otros”, y “donde dos o más están reunidos, allí estoy yo”, este es el corazón de todo el Evangelio.

El que construye paz invita a la convivencia, promueve diálogo, e incentiva fraternidad

Por tanto, el cristiano que se propone ser constructor de una paz según los valores de Cristo es aquel que invita a la convivencia, promueve el diálogo, e incentiva la fraternidad.

Por el contrario, los que promueven el desorden, la lucha de unos contra otros y la muerte, son el anti-signo del Reino de Dios; o si quieren: el anti-Reino.

La paz es un regalo de Dios, pero también es fruto de nuestro esfuerzo y del esfuerzo de todos aquellos que se saben animados por el ideal cristiano: acoger la paz, guardarla y contagiarla a los demás. Si hermanos, esto exige el esfuerzo de unificar la vida desde Dios.

El mundo está infectado por ideas anticristianas, ausencia de Dios, ídolos del dinero, placer y tener…

Ante un mundo crispado por la violencia, los intereses partidistas, el armamentismo y la lucha de clases. Un mundo que está infectado por las ideas anticristianas, la ausencia de Dios y la promoción de los ídolos del dinero, el placer y el tener, quisiera terminar con las palabras del poverello de Asís:

Señor, hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensas, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo fe.

Porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí es como se encuentra,
perdonando es como se es perdonado,
muriendo es como se resucita para la vida eterna.

Podemos decir con toda verdad, que esta intuición de Francisco de Asís es nuestra definición de cristianos: ser instrumentos de Dios y su causa el Reino, en esta hora de Bolivia y del mundo. Amen.-