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El poder de la oración. Homilía para el 29 domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Homilía para el 29 domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

19 de octubre 2025

La última frase del evangelio nos puede ayudar a entender la importancia de este Evangelio. Allí leemos la pregunta de Jesús: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?“.

Intentemos responder a nivel general y personal.

¿Qué encontraría Jesús hoy en nuestro mundo? muchos avances tecnológicos, pero también muchas guerras, visiones políticas extremistas y mucha polarización en casi todos los ámbitos de la realidad.

Por otro lado, ¿Qué encontraría Jesús en mi vida personal? Qué preocupaciones? ¿Qué sueños y proyectos? ¿Qué heridas? Si Jesús volviera hoy a esta tierra, ¿nos encontraría felices o frustrados?

Y en todo esta situación global y personal ¿dónde ha quedado nuestra fe? ¿qué lugar ocupa en nuestra vida?

Gracias a la fe podemos conectarnos con Nuestro Señor y gracias a la conexión que tenemos con Dios, ya no somos siervos, sino amigos del Hijo de Dios.

Esa conexión con Dios es la oración y hoy reflexionamos sobre la importancia de la oración, que nos permite dialogar con Dios, alimenta nuestra vida de fe y nos permite escuchar su voz en nuestras vidas.

Jesús usa una parábola y nos presenta una viuda que, a pesar de su situación de desventaja porque se ha quedado sola, es perseverante en su solicitud. Ella pide justicia ante su adversario. Es decir que el bien prevalga sobre el mal. Y, gracias a su insistencia, es escuchada.

Es importante entender que la oración no es una dinámica de pedir y pedir, y pensar que la oración es eficaz solo cuando recibimos lo que pedimos.

La oración, es la unión del creyente con su salvador, nos permite fortalecer la fe, incluso nos permite dar un sentido a aquello que nuestra mente no puede explicar, por ejemplo, ante la enfermedad o el dolor del inocente. Solo la fe nos ayuda a entender situaciones que lógica humana no entiende.

La viuda de la parábola nos enseña a orar con insistencia. No tengamos miedo, ni vergüenza a orar. Cuando decimos “gracias Señor por este día“, o “Jesús en ti confío” ya estamos orando.

Hay muchos tipos de oración y les recuerdo que la Santa Misa es la oración más completa porque es una oración de gracias, es una oración litúrgica y es una oración de súplica, adoración y alabanza.

Por supuesto que la oración tiene poder. Podemos presenciar milagros y grandes conversiones gracias a la oración.

Les dejo una propuesta. Además de orar por nuestras necesidades personales, tal vez podrías “adoptar” a alguien en tu oración personal. En nuestra comunidad tenemos enfermos, familias en dificultad, profesionales con problemas, personas heridas en sus sentimientos, gente frustrada por alguna circunstancia de la vida, vidas en crisis, o gente que se siente sola, a pesar de estar acompañada. ¿Por qué no orar unos por los otros?

Finalmente, el testimonio y la proclamación de la Palabra también es una oración que se hace vida. Como dice San Pablo en su carta a Timoteo, proclamemos la Palabra, insistiendo a tiempo y a destiempo.

Que el Señor nos ayude a ser misioneros de esperanza.

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