Santa Cruz

El papa Francisco convierte a un buenavisteño en el primer obispo dominico de Bolivia

Con 46 años y 13 de vida sacerdotal, el padre Jorge, actual párroco y rector del Santuario Nuestra Señora de Cotoca, se convierte en el obispo auxiliar más joven del país. Proviene de una familia humilde de Buena Vista.

Estaba que no cabía de alegría, pero quizá pocos de los que se trasladaban con él de La Paz a Santa Cruz, en el vuelo de la tarde del 25 de marzo de 2014, se dieron cuenta. Deseaba que los minutos se convirtieran en segundos para que el avión arribe en el aeropuerto Viru Viru y de allí trasladarse a Buenavista. 

Sus compañeros de viaje ni sospechaban el ‘notición’ que había recibido esa mañana y menos, que con ellos viajaba el hombre que para los buenavisteños es lo mismo que el cardenal Julio Terrazas para los vallegrandinos. Dos horas después, en Buenavista dos ancianos le daban un efusivo abrazo al hijo que hace 13 años decidió renunciar a todo para ser un siervo de Dios. 

De mediana estatura y de hablar pausado, en los primeros minutos de conversación uno siente que habla con un amigo de ‘toda la vida’. Así es el padre Jorge Ángel Saldías Pedraza, que con 46 años y 13 de vida sacerdotal es el obispo auxiliar más joven de Bolivia, justo ese 25 de marzo lo sorprendieron en La Paz con el nombramiento del papa Francisco. Tal noticia debía compartirla personalmente con sus padres, que viven en la comunidad La Arboleda, de Buenavista.

“Mis papás viven solos y yo no tenía otra forma de comunicarles la noticia”, comenta emocionado y recuerda que en ese momento se quedó sin palabras, por lo que empezó diciéndoles: “Les cuento que ya no voy a trabajar en Cotoca (es aún responsable de la parroquia Nuestra Señora de Cotoca)”. Sus padres sorprendidos ante tan repentina visita, atinan a preguntarle qué es lo que había pasado. “He sido destinado a La Paz”, responde. Ellos, un tanto más tranquilos, le preguntan si estará bien y si es que irá a visitarlos; no imaginaban que el santo padre desde el Vaticano puso sus ojos en ese humilde y sencillo buenavisteño para que sea el obispo auxiliar de la sede de Gobierno.

“No lo podían creer”, rememora el padre Jorge, que hasta ahora se muestra sorprendido por el nuevo cargo. “Lo recibo con mucha gratitud al Señor, creo que no he hecho ningún mérito para recibir este nombramiento”, dice el hombre que después, de cursar sus estudios primarios y secundarios en el colegio Mariano Saucedo Sevilla de Buenavista, prestó su servicio militar en el Regimiento 12 Manchego de Montero y quiso ser mecánico, pero a los 24 años de edad su vida tuvo un cambio de 180 grados. 

“Para la misa de los domingos nos poníamos nuestra mejor ropa”

¿Usted se imaginó alguna vez ser sacerdote? La interrogante fue trasladada al padre Jorge, como es más conocido este sacerdote dominico que de niño no fue monaguillo, pero sí muy amigo del párroco del municipio norteño de Buenavista.

“Quise seguir el ejemplo de mi párroco”, dice al referirse al religioso norteamericano Brad, del cual recuerda solo su nombre. “Su testimonio marcó mi vida. Además, era muy amigo de mi familia, entregado a su servicio de sacerdote. Yo pensé desde pequeño: “Algún día quisiera llevar la vida que lleva él, y ahí nació esa inquietud vocacional, ese interés, porque veía un claro ejemplo en el párroco”.

Sin embargo, su familia jugó un papel determinante para que elija la vida religiosa. “Mis padres siempre fueron católicos practicantes, nos hacían poner la mejor ropa y los domingos toda la familia iba a la iglesia”, relata y señala que él es el tercero de seis hermanos, dos varones y cuatro mujeres.

Después de haber concluido el bachillerato, conocido la vida militar e intentado ser mecánico automotriz, a los 24 años les comunica a sus progenitores que la decisión de hacerse sacerdote ya estaba tomada. “Mi madre estaba contenta, mi padre era el escéptico. No era que rechazara mi decisión, más bien pensaba que yo no podría responder a las exigencias y responsabilidades de la vida sacerdotal y que unos años más tarde dejaría el seminario; sin embargo, me dio su apoyo y me dijo que si un día retornaba a casa, él iba a estar esperándome”.

Por Nelfi Fernández Reyes  – El Deber Digital