Análisis

EL ORGULLO DE SER BOLIVIANO

¿De qué nos sentimos orgullosos los bolivianos y bolivianas? ¿Hay algún tópico de nuestra vida nacional que nos hace crecer en un sano orgullo? ¿Reconocemos con orgullo nuestra identidad plural y diversa?

Para unos, tal vez, las respuestas se centrarían en mostrar más bien lo negativo de nuestro modo de ser y hacer como bolivianos/as y probablemente mentarían la cantidad de ejemplos cotidianos, por todos conocidos, de nuestros grandes “pecados” como ciudadanos bolivianos: saltarse la fila, no respetar las normas de tránsito, favorecer a los amigos o partidarios, pasar el curso “raspando” o hacer “chanchullo” abiertamente, obtener la licencia de conducir sin pasar el examen, bloquear y marchar por todo y por nada, fomentar la ilegalidad y el contrabando y una larga cadena de acciones y situaciones. Muchas de esas personas sentirán vergüenza por nuestras características “idiosincráticas” y se sentirán frustradas por no ser como son en otros países o echarle la culpa a la “materia prima” de la que estamos hechos.

Otros, probablemente, tenderán más bien a mostrar y resaltar lo positivo de cómo somos y qué cosas hacemos los bolivianos y bolivianas y también podremos afirmar que “así no más somos”: solidarios, acogedores, amantes de nuestro folklore, nuestra música y cultura, la diversidad geográfica y cultural, la sencillez de las personas, la resistencia ante tantas situaciones de explotación y colonialismo en nuestra historia, trabajadores, generosos, y nuevamente una larga cadena de adjetivaciones que definan nuestro modo de ser bolivianos y bolivianas.

La respuesta, a mi modo de ver, no es tan sencilla que se pueda responder con un afirmación simple, pues siempre es posible su contrario, dependiendo de la perspectiva desde la que nos ubicamos previamente. Por otra parte, ninguna polarización es buena, pues ni somos tan buenos como nos imaginamos ni tan malos como podemos creer. Lo que somos y hacemos depende fundamentalmente de los proyectos históricos que se van gestando y realizando. No existe un modo único de ser boliviano y nuestra identidad no se obtiene con una cédula, un certificado o una acción cívica definitiva. Lo que somos depende de lo que queremos ser y lo que vamos haciendo día a día para que sea realidad.

Por consiguiente, nos sentiremos orgullosos de ser bolivianos y bolivianas y no viviremos lamentándonos de que otros países sean mejores o evadiendo la responsabilidad de reconocer nuestros grandes errores y fracasos desde el momento en que nos planteemos seria y profundamente qué queremos ser y en consecuencia qué vamos a hacer para hacerlo realidad.

Nuestro país necesita exportar más sus grandes riquezas culturales; incursionar, innovar y potenciar el mundo científico, inscribir a alguien en los Premios Nobel, preparar responsable y exigentemente a nuestros deportistas para competir y ganar partidos del Mundial y mucho más. Eso se logrará únicamente cuando comencemos a hacer algo real y efectivo para que suceda y dejemos de esperar que sean otros los que lo hagan.