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El arzobispo de La Paz muestra su confianza en que mejoren las relaciones con el Gobierno

Aupada por el aumento en el precio de materias primas como el petróleo y el gas natural, Bolivia vive en los últimos años un pujante desarrollo económico. En 2013, su PIB aumentó casi un 7%. Edmundo Abastoflor Montero, arzobispo de La Paz, valora de forma positiva el actual momento que vive el país, aunque advierte de la necesidad de “buscar la unidad” para evitar enfrentamientos políticos y sociales. También muestra su confianza en que mejoren las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno de Evo Morales, promotor de una comunidad eclesiástica nacional tachada de secta por los católicos bolivianos.

P: Bolivia está viviendo en los últimos años un momento de desarrollo económico unido a una cierta inestabilidad política. ¿Cómo analiza este momento?

R: Creo que hay perspectivas positivas en el país, precisamente por una mayor disponibilidad de recursos financieros. También por un crecimiento en la conciencia de nuestra gente, especialmente indígena, que ha estado muy marginada y que ahora tiene en sus manos las riendas de la sociedad en muchos ámbitos. Creemos que se puede ir hacia adelante si se busca, sobre todo, la unidad y el apoyo de unos y de otros en lugar de las luchas internas, de las oposiciones fuertes, tanto de un lado como de otro.

P: ¿Cómo valora la relación del Episcopado boliviano con el Gobierno de Evo Morales?

R: Diría que confiamos en que se puedan ir mejorando las relaciones entre la Iglesia y el poder político. Los objetivos que tenemos son comunes, pues todos buscamos una mayor valoración de nuestros habitantes, de las personas, un apoyo mayor al desarrollo integral de nuestros pueblos, buscando lo mejor en nuestra sociedad. Coincidimos en objetivos y podemos colaborar en muchos campos.

P: El 60% de la población boliviana tiene origen indígena. ¿Cómo es el trabajo de la Iglesia para ayudar a este colectivo?

R: La Iglesia ha hecho mucho por los indígenas. En los rincones más alejados de la sociedad siempre ha habido una presencia de Iglesia para la gente pobre e indígena, para nuestros hermanos, de los que la sociedad no se acordaba. Ahora ya se les va teniendo más en cuenta, se les va apoyando más. Pero la Iglesia siempre se ha preocupado de ayudarles.

P: ¿Están produciéndose muchos regresos de antiguos emigrantes a Bolivia por la crisis en países europeos, unido al mayor crecimiento económico?

R: No son muchos los que vuelven. Hay dos tipos de personas. Primero están los que regresan por ser rechazados por la crisis europea. La mayoría viene España, donde teníamos muchos migrantes. Han vuelto quienes perdieron el trabajo y aspiran a tener mejores posibilidades de vida en Bolivia. Por otro lado, el crecimiento económico desde hace unos años por la subida de los precios del petróleo y de las materias primas ha propiciado mejores posibilidades para encontrar trabajo. Pero no es muy grande el número de personas que ha regresado. Tenemos aún muchos emigrantes en el exterior, en Brasil, Argentina, España…
 

Pastoral con los migrantes

P: ¿Cómo atiende la Iglesia a estas familias partidas?

R: Hay una fuerte preocupación por ellas. Son personas en situaciones concretas muy difíciles. Contamos con la pastoral de la movilidad humana, la pastoral migratoria, que trata de propiciar el contacto de los que se quedan con sus seres queridos que están fuera. Generalmente, cuando salen del país, es para buscar trabajos humildes y sencillos. Nuestra gente que está fuera se sacrifica para ahorrar todo lo posible y enviar dinero a sus familiares. Pero quienes se quedaron en Bolivia, se sienten solos y querrían tener más contacto. Hay que apoyarlos de manera especial en su dignidad humana, en las necesidades que nacen de esa situación para darles ánimo, aliento, para buscarles posibilidades concretas de vivir esa situación. Por otro lado, se mantiene un contacto con los lugares que reciben a los migrantes.

P: ¿Hay acuerdos con las diócesis de los países a los que emigraron ciudadanos bolivianos?

R: Así es. También se dialoga con las conferencias episcopales, estableciendo un trabajo específico. Por ejemplo, cada año suele ir un obispo de Bolivia a Argentina y Brasil para estar con los migrantes. Con España, directamente no existe este programa, pero en algún viaje se busca el contacto con ellos.

P: Parte del desarrollo económico de Bolivia está sustentado en la explotación de yacimientos minerales, lo que genera riesgos medioambientales. ¿Cuál es la respuesta de la Iglesia en este campo?

R: El trabajo de respeto y de conservación del medio ambiente es muy importante, no solo por lo que teóricamente sabemos de él, sino también por sus consecuencias directas, que las estamos ya viviendo con el cambio climático. Vemos cómo nuestros glaciares en las cordilleras de nieve perpetua van decreciendo. Va a faltar el agua dentro de algunas décadas. Esperemos que no, pero va a ser un problema grande

En el grupo poblacional de la ciudad de La Paz y El Alto hay alrededor de dos millones de personas a 4.000 metros de altura. ¿De dónde consigues el agua? Van disminuyendo los recursos naturales, por lo que hay que cuidarlos y conservarlos. Tampoco la extracción de materias primas es indefinida. Los recursos financieros que se sacan de ellos hay que tratar de invertirlos en otras formas económicas. No debe ser solo una explotación de materias primas; hay que trabajarlas en el país para darles valor agregado, tener mayores ingresos y diversificar las fuentes de la economía.

P: El Papa está preparando una encíclica sobre la importancia de la protección del medio ambiente. ¿Le ha consultado sobre este tema?

R: No hemos tocado ese asunto en nuestro encuentro, pero sé que está trabajando en ello. Igualmente varias conferencias episcopales de América Latina están trabajando en esa misma línea. En Bolivia preparamos una carta pastoral sobre el medio ambiente. Esperamos que en unos meses se pueda dar a conocer.
 

Ayudas a los más necesitados

P: Usted forma parte de la Fundación Populorum Progressio y participó en la reciente reunión celebrada en Roma de su consejo de administración. ¿Cómo deciden el reparto de los 1,8 millones de dólares que dedican a financiar proyectos?

R: Se va viendo según las necesidades. Casi siempre se da lo que se pide, porque es algo real, lo sabemos por la práctica. En algún caso se dice que es mucho lo que solicitan y reducimos un poco. En algún otro caso no se financia el coste del personal, pues debe ser voluntario o pagarse por medio de aportes locales. Hemos analizado proyectos que vienen de toda América Latina para prestar una ayuda financiera pequeña y limitada, pero que tiene un gran efecto en muchas partes de nuestra sociedad, pobre, sencilla y necesitada, especialmente en el campo y entre las poblaciones originarias, indígenas o afroamericanas.

P: ¿Había proyectos de su Archidiócesis?

R: Habíamos pedido una ayuda para apoyar a niños en situación de disminución psíquica o física. Son pobres entre los más pobres. Las propias familias les dan de lado. Se avergüenzan de ellos, los ven como un castigo de Dios. Es algo muy importante para ellos que les demos formación, haciéndoles sentir personas humanas. Hay también otros proyectos, como la ayuda a jóvenes caídos en el mundo de la droga por esa cultura del descarte de la que habla el Santo Padre.

Por: DARÍO MENOR (ROMA) |

En el nº 2.905 de Vida Nueva

DARÍO MENOR (ROMA) | Aupada por el aumento en el precio de materias primas como el petróleo y el gas natural, Bolivia vive en los últimos años un pujante desarrollo económico. En 2013, su PIB aumentó casi un 7%. Edmundo Abastoflor Montero, arzobispo de La Paz, valora de forma positiva el actual momento que vive el país, aunque advierte de la necesidad de “buscar la unidad” para evitar enfrentamientos políticos y sociales. También muestra su confianza en que mejoren las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno de Evo Morales, promotor de una comunidad eclesiástica nacional tachada de secta por los católicos bolivianos.

P: Bolivia está viviendo en los últimos años un momento de desarrollo económico unido a una cierta inestabilidad política. ¿Cómo analiza este momento?

R: Creo que hay perspectivas positivas en el país, precisamente por una mayor disponibilidad de recursos financieros. También por un crecimiento en la conciencia de nuestra gente, especialmente indígena, que ha estado muy marginada y que ahora tiene en sus manos las riendas de la sociedad en muchos ámbitos. Creemos que se puede ir hacia adelante si se busca, sobre todo, la unidad y el apoyo de unos y de otros en lugar de las luchas internas, de las oposiciones fuertes, tanto de un lado como de otro.

P: ¿Cómo valora la relación del Episcopado boliviano con el Gobierno de Evo Morales?

R: Diría que confiamos en que se puedan ir mejorando las relaciones entre la Iglesia y el poder político. Los objetivos que tenemos son comunes, pues todos buscamos una mayor valoración de nuestros habitantes, de las personas, un apoyo mayor al desarrollo integral de nuestros pueblos, buscando lo mejor en nuestra sociedad. Coincidimos en objetivos y podemos colaborar en muchos campos.

P: El 60% de la población boliviana tiene origen indígena. ¿Cómo es el trabajo de la Iglesia para ayudar a este colectivo?

R: La Iglesia ha hecho mucho por los indígenas. En los rincones más alejados de la sociedad siempre ha habido una presencia de Iglesia para la gente pobre e indígena, para nuestros hermanos, de los que la sociedad no se acordaba. Ahora ya se les va teniendo más en cuenta, se les va apoyando más. Pero la Iglesia siempre se ha preocupado de ayudarles.

P: ¿Están produciéndose muchos regresos de antiguos emigrantes a Bolivia por la crisis en países europeos, unido al mayor crecimiento económico?

R: No son muchos los que vuelven. Hay dos tipos de personas. Primero están los que regresan por ser rechazados por la crisis europea. La mayoría viene España, donde teníamos muchos migrantes. Han vuelto quienes perdieron el trabajo y aspiran a tener mejores posibilidades de vida en Bolivia. Por otro lado, el crecimiento económico desde hace unos años por la subida de los precios del petróleo y de las materias primas ha propiciado mejores posibilidades para encontrar trabajo. Pero no es muy grande el número de personas que ha regresado. Tenemos aún muchos emigrantes en el exterior, en Brasil, Argentina, España…
 

Pastoral con los migrantes

P: ¿Cómo atiende la Iglesia a estas familias partidas?

R: Hay una fuerte preocupación por ellas. Son personas en situaciones concretas muy difíciles. Contamos con la pastoral de la movilidad humana, la pastoral migratoria, que trata de propiciar el contacto de los que se quedan con sus seres queridos que están fuera. Generalmente, cuando salen del país, es para buscar trabajos humildes y sencillos. Nuestra gente que está fuera se sacrifica para ahorrar todo lo posible y enviar dinero a sus familiares. Pero quienes se quedaron en Bolivia, se sienten solos y querrían tener más contacto. Hay que apoyarlos de manera especial en su dignidad humana, en las necesidades que nacen de esa situación para darles ánimo, aliento, para buscarles posibilidades concretas de vivir esa situación. Por otro lado, se mantiene un contacto con los lugares que reciben a los migrantes.

P: ¿Hay acuerdos con las diócesis de los países a los que emigraron ciudadanos bolivianos?

R: Así es. También se dialoga con las conferencias episcopales, estableciendo un trabajo específico. Por ejemplo, cada año suele ir un obispo de Bolivia a Argentina y Brasil para estar con los migrantes. Con España, directamente no existe este programa, pero en algún viaje se busca el contacto con ellos.

P: Parte del desarrollo económico de Bolivia está sustentado en la explotación de yacimientos minerales, lo que genera riesgos medioambientales. ¿Cuál es la respuesta de la Iglesia en este campo?

R: El trabajo de respeto y de conservación del medio ambiente es muy importante, no solo por lo que teóricamente sabemos de él, sino también por sus consecuencias directas, que las estamos ya viviendo con el cambio climático. Vemos cómo nuestros glaciares en las cordilleras de nieve perpetua van decreciendo. Va a faltar el agua dentro de algunas décadas. Esperemos que no, pero va a ser un problema grande

En el grupo poblacional de la ciudad de La Paz y El Alto hay alrededor de dos millones de personas a 4.000 metros de altura. ¿De dónde consigues el agua? Van disminuyendo los recursos naturales, por lo que hay que cuidarlos y conservarlos. Tampoco la extracción de materias primas es indefinida. Los recursos financieros que se sacan de ellos hay que tratar de invertirlos en otras formas económicas. No debe ser solo una explotación de materias primas; hay que trabajarlas en el país para darles valor agregado, tener mayores ingresos y diversificar las fuentes de la economía.

P: El Papa está preparando una encíclica sobre la importancia de la protección del medio ambiente. ¿Le ha consultado sobre este tema?

R: No hemos tocado ese asunto en nuestro encuentro, pero sé que está trabajando en ello. Igualmente varias conferencias episcopales de América Latina están trabajando en esa misma línea. En Bolivia preparamos una carta pastoral sobre el medio ambiente. Esperamos que en unos meses se pueda dar a conocer.
 

Ayudas a los más necesitados

P: Usted forma parte de la Fundación Populorum Progressio y participó en la reciente reunión celebrada en Roma de su consejo de administración. ¿Cómo deciden el reparto de los 1,8 millones de dólares que dedican a financiar proyectos?

R: Se va viendo según las necesidades. Casi siempre se da lo que se pide, porque es algo real, lo sabemos por la práctica. En algún caso se dice que es mucho lo que solicitan y reducimos un poco. En algún otro caso no se financia el coste del personal, pues debe ser voluntario o pagarse por medio de aportes locales. Hemos analizado proyectos que vienen de toda América Latina para prestar una ayuda financiera pequeña y limitada, pero que tiene un gran efecto en muchas partes de nuestra sociedad, pobre, sencilla y necesitada, especialmente en el campo y entre las poblaciones originarias, indígenas o afroamericanas.

P: ¿Había proyectos de su Archidiócesis?

R: Habíamos pedido una ayuda para apoyar a niños en situación de disminución psíquica o física. Son pobres entre los más pobres. Las propias familias les dan de lado. Se avergüenzan de ellos, los ven como un castigo de Dios. Es algo muy importante para ellos que les demos formación, haciéndoles sentir personas humanas. Hay también otros proyectos, como la ayuda a jóvenes caídos en el mundo de la droga por esa cultura del descarte de la que habla el Santo Padre.

En el nº 2.905 de Vida Nueva

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