Análisis

Editorial -Correo del Sur-: “Una luz desde la Iglesia católica”

Una luz desde iglesia católica

No son buenos días. La anulación de los dos tercios en la Asamblea Legislativa Plurinacional es una mala señal, justo a poco de asumir un nuevo gobierno, con toda la esperanza que ese acto democrático debería conllevar en un país cualquiera. Esa medida, asumida por las bancadas salientes del Movimiento Al Socialismo (MAS), pueden ser tomadas como una carta de intenciones. La mayoría de los ciudadanos votantes apoyó el retorno de ese partido al Gobierno, pero no creemos que para desconocer principios elementales de la democracia.

Es tarde para buscar culpables. Resulta obvio que el MAS ganó las elecciones del 18 de octubre debido a que fue un partido frente a improvisados grupos, competidores que muy poco hicieron para derrotar a la más poderosa de las organizaciones políticas del país.

La unidad pudo ser la clave, pero las candidaturas individuales o, en algún caso, de simples grupos de colaboradores cercanos o afines, velaron por intereses sectarios, no colectivos, y ahora se ven en una situación de desventaja. Las decisiones importantes en el Congreso serán aprobadas sin el concurso de las dos nuevas fuerzas opositoras, con todo lo que eso significa.

Mientras todo esto ocurre en el deleznable terreno político, la Iglesia católica tiene nuevamente novedades. Por segunda vez en lo que va de este año, hay una nueva autoridad pastoral, esta vez de Potosí.

Como se recordará, hace poco, en junio y en plena cuarentena rígida, monseñor Ricardo Centellas asumió la dignidad de Arzobispo de Chuquisaca en medio de la notoria satisfacción del clero sucrense.

Este miércoles, la Nunciatura Apostólica en Bolivia comunicó que el papa Francisco decidió nombrar al sacerdote tarijeño Renán Aguilera como nuevo obispo de Potosí, precisamente en reemplazo de Centellas, que dirigió la grey de esa diócesis durante más de diez años.

La noticia fue celebrada a nivel de la Iglesia católica de los tres departamentos del sur del país mediante comunicaciones virtuales. Fue el momento oportuno para recordar que la Nunciatura Apostólica de Bolivia está dividida en provincias y una de ellas es la que abarca a los obispados de Tarija y Potosí y al Arzobispado de Chuquisaca.

Sin habérselo propuesto formalmente, los sacerdotes católicos de estos tres departamentos han conseguido lo que los cívicos y muchos políticos vienen pregonando desde hace años, sin resultados efectivos: la unidad de los pueblos del sur.

Que los tres departamentos sureños actúen unidos y coordinados no es solo una estrategia de desarrollo —que, al paso que vamos, podría llegar a ser de sobrevivencia— sino que tiene bases históricas. Habrá que recordar que, hasta antes de la fundación de la república, el hoy departamento de Chuquisaca era una provincia, Charcas, en la que se encontraba La Plata, la sede del Arzobispado de ese nombre y de la Real Audiencia, mientras que Potosí abarcaba también a Tarija y Atacama. Tras la fundación de Bolivia, actuaron en conjunto, en torno a la capitalidad de Sucre y la minería potosina, hasta que La Paz se llevó la sede del gobierno como consecuencia de una guerra civil.

La provincia apostólica del sur funciona como una familia. Ayer, a nadie del clero potosino le molestó que se haya nombrado a un tarijeño como obispo, como no hubo molestia cuando se nombró a Centellas. “Somos de la misma provincia”, dijeron obispos y administradores apostólicos. Y, como apuntamos en un anterior editorial, el sur tiene indudable peso en la Iglesia católica ya que Centellas es el presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana mientras que un potosino, Toribio Porco Ticona, es el cardenal.

Estos resultados, obviamente satisfactorios, son una muestra de lo que los pueblos del sur pueden hacer si recuerdan sus raíces comunes y actúan en unidad, la misma que muchos reclamaron en vano, en las pasadas elecciones, a los candidatos de la oposición.

 

[Fuente: Correo del Sur Digital]

[Imagen: fisica11c.wordpress.com]