Análisis Sucre

Editorial -Correo del Sur-: “Pobreza y prioridades”

Los municipios de Chuquisaca, como en otros departamentos deprimidos del sur, necesitan inversiones para motorizar su aparato productivo pero, en lugar de ello, el Gobierno ha sembrado canchas de césped sintético y coliseos que no dan de comer. 

La muerte de niños y adolescentes por desnutrición todavía no es rutina pero se ha convertido en una constante en un país que invierte altas sumas para difundir propaganda de sus éxitos en la lucha contra la pobreza.

Entre los casos más recientes está el de un bebé de un año y medio que falleció por desnutrición aguda en Tiquipaya (Cochabamba). Poco antes se conoció el caso de Naomi, una niña de Guanay de 14 años con un cuadro de desnutrición tan severo que la llevaron hasta La Paz donde se hizo una campaña para costear su tratamiento. Ella por lo menos tuvo suerte ya que otros que fueron reportados recientemente terminaron de manera trágica.

En septiembre del año pasado, por ejemplo, se dio cuenta de la muerte de una niña por desnutrición en Llallagua, norte de Potosí, donde habría sido enterrada clandestinamente por su familia que, por lo numerosa, no contaba con los recursos ni para alimentarse ni mucho menos para pagar los costos de un sepelio.

Esos son datos que se suman a uno anterior, que tuvo mayor publicidad, pues su escenario fue la siempre conflictiva ciudad de El Alto. En marzo de 2017, allí murió Eva Quino, una niña de 12 años cuya familia tampoco tenía cómo mantenerla.

No se trata, entonces, de casos aislados. Anteriormente, en 2013, se había reportado la muerte por inanición de un niño de casi dos años en el municipio de Yunchará, en Tarija. Las circunstancias eran casi las mismas. Por lo que se ve, entonces, la pobreza sigue mostrando sus facetas más crueles y las víctimas, como siempre, son los más vulnerables.

La mayoría de los casos citados corresponden al área rural y permiten entender por qué no bajan las cifras de la migración. Si en las ciudades capitales no existen fuentes de trabajo –o, por el contrario, crecen los bolsones de pobreza como los de El Alto–, la situación es todavía peor en el campo. Por eso es que los habitantes de poblaciones rurales migran ya sea a las capitales o, en menor medida, a otros países.

Chuquisaca está entre los departamentos con la más alta tasa de migración, y tiene municipios con gran historia, enorme potencial turístico y hasta autoridades departamentales, pero cargados de una pobreza que sigue expulsando a sus habitantes.

La mayoría de los mendigos que aparecen en gran cantidad en los días previos a la Navidad en ciudades capitales proviene del norte potosino, pero también de las provincias y de los cinturones periurbanos de la ciudad. Son aquellos a los que la gente de ciudades como La Paz, Cochabamba y Santa Cruz señala con desprecio.

Son esos indicadores los que se debería tomar en cuenta a la hora de luchar contra la pobreza.

Los municipios de Chuquisaca, como en otros departamentos deprimidos del sur, necesitan inversiones que permitan motorizar su aparato productivo pero, en lugar de ello, el Gobierno actual ha sembrado canchas de césped sintético y coliseos a lo largo de su territorio. Esas construcciones sirven para la recreación y el deporte pero no dan de comer.

El Órgano Ejecutivo asegura que invierte en la lucha contra la pobreza pero sigue usando recursos que son necesarios para tal fin en gastos dispendiosos como el museo personal del Presidente en Orinoca y el cada vez más resistido nuevo palacio de gobierno que sólo es la expresión material más patética de lo que no se debe hacer.

[Fuente: Correo del Sur (30-06-18)]

[Imagen: Religión Digital]