Santa Cruz

“Dios nos libre de la maldad de aquellos que no creen en el Señor” P. Ezequiel Perez Vicario General de Santa Cruz

El P. Ezequiel Pérez, Vicario General de la Arquidiócesis, presidió la Santa Misa en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir de Santa Cruz de la Sierra. P. Pérez. Antes de pronunciar su homilía saludó al pueblo potosino, a la asamblea de Obispos en Cochabamba, e hizo una especial referencia a la finalización del Año de la Fe convocado por el Santo Padre Emérito Benedicto XVI y apoyado por el Papa Francisco.

Queridos hermanos y hermanas:

Saludos a todos ustedes que participan de esta eucaristia y a los que siguen la celebración por los diferentes medios de comunicación. Damos gracias al Señor por el caminar de los hermanos potosinos en este dia que celebran un aniversario más como departamento.

Nos unimos en oración para pedir por el éxito de la Asamblea de los Obispos de Bolivia, ellos se encuentran reunidos en Cochabamba. La Asamblea es un espacio de animación pastoral y de reflexión a la luz de la fe, con el fin de que nuestra Iglesia Católica en el país sea cada vez más fiel a la misión encomendada por Jesucristo.

Como cada domingo nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios que es vida, para alimentarnos de la Eucaristia y seguir caminando como discípulos de Jesucristo al estar ya cerca la finalización del Año de la Fe convocado por el Santo Padre emérito Benedicto XVI y apoyado por el Papa Francisco.

Nos sentimos alegres al saber que tenemos un Dios que nos habla y nos acompaña en cada instante de nuestra vida. Que protege nuestra vida del maligno y nos da la fuerza y capacidad para poder enfrentar el mal que se manifiesta de muchas formas. En medio de las dificultades de este mundo no debemos perder la esperanza, hay que aunar esfuerzos para no dejarnos vencer por el desaliento o el miedo y así ser defensores de la vida, aunque pareciera que ella no tiene casi mucho valor para los que se dedican a hacer el mal y sembrar dolor a las personas y las familias.

A simple vista podemos pensar que los que tienen la última palabra son los poderosos de este mundo. La Palabra de Dios nos muestra la cercanía del Creador, que camina con su pueblo, que lucha por la vida. El tiene la última palabra sobre los acontecimientos de nuestra historia. Los poderes de este mundo son limitados, pasajeros y muchas veces atentan contra la dignidad de las personas, cuando no hacen lo que a ellos se les antoja.

El texto de los Macabeos nos presenta la dificultad que padece una familia en tiempos de la dominación griega en Judea. Las personas que no se aliaban con los dominadores, ni adoraban a sus dioses tenían que sufrir un duro castigo; hasta incluso dar la vida.

Los hermanos que son ejecutados, martirizados, dan muestra de una fe inquebrantable en el Dios que promete la vida eterna. Es una lección de confianza para todos nosotros los crisitanos que tratamos de ser fieles a Dios en medio de las incomprensiones y persecuciones de nuestro tiempo. No hay que olvidar a tantos hermanos que viven en lugares donde la libertad de culto no existe, donde su dignidad cristiana no es respetada y hasta sus vidas le son arrebatadas, simplemente por dar testimonio de la fe en el Dios verdadero.

El testimonio de unidad y sacrificio de esta familia nos debe hacer reflexionar en la importancia de la vida familiar. Es en ese ambiente donde las personas van creciendo en los diferentes valores y son conscientes que una familia que permanece unida es capaz de vencer todos los obstáculos, siempre que tengan puesta la esperanza en Dios.

La fe y el valor de la mujer macabea y de sus siete hijos que, seguros de su resurrección, prefirieron la muerte antes que quebrantar la ley de sus padres, se ha puesto siempre como ejemplo de fe valerosa. No debemos dudar de que la fe en la resurrección ha sido siempre una fuerza divina que ha ilumindado y dirigido la vida y la muerte de muchas personas a lo largo de la historia. No sólo los mártires cristianos, los que murieron cruentamente por profesar su fe en Cristo Jesús, sino otras muchísimas personas que se mantuvieron firmes en su conducta cristiana en medio de grandísimas dificultades, son hoy para nosotros ejemplos maravillosos de vida de fe. Sin fe en la otra vida, la vida eterna, esta vida terrena cambia de dirección y de intensidad; la fe en la resurrección nos da fuerza y alas para volar cada día un poco más alto y con amor hacia Dios y nuestros semejantes.

La comunidad de Tesalónica convivía con personas malvadas y perversas, que no tenían fe. Nosotros también compartimos con personas incréduclas, aunque no todas sean malas y perversas.

Hay que aprender a vivir la fe en un mundo que muchas veces se muestra indiferente y hostíl a la fe cristiana, demostrando con nuestra vida que vivir de acuerdo con nuestra fe cristiana es bueno no solo para nosotros, sino para toda la sociedad en que vivimos. La fe en Jesucristo debe darnos fuerzas para amar a Dios y al prójimo con entusiasmo y generosidad.

ElApóstol Pablo invita la comunidad a reconocer el amor de Dios manifestado en Jesucristo, el nos reconforta y fortalece en todas las obras buenas que se van realizando. Como comunidad creyente debemos apoyarnos con la oración, para que Dios nos libre de la maldad de aquellos que no creen en el Señor y su mensaje de vida se siga difundiendo sin cesar.

Así como Cristo fue perseverante hasta la muerte, también el cristino de hoy debe perseverar en la vocación a la cual ha sido llamado, sin importar las dificultades que encuentra a la hora de manifestar la fe con las buenas obras.

Nosotros siempre tendemos a pensar las cosas desde el punto de vista puramente humano, así cuando nos referimos a esta vida y a la eterna. En el evangelio Jesús sale al paso de los saduceos, ellos niegan la resurrección de los muertos. Ellos le presentan el caso de una mujer que se casa con varios hermanos sin dejar descencdencia y le preguntan ¿en la resurrección de los muertos de cuál de ellos será esposa?. La finalidad de los saduceos no es cambiar de parecer, menos convertirse, sino desvirtuar las enseñanzas de Jesús y hacerse la burla de él. Jesucristo les hace ver que la realidad de la otra vida es diferente a la actual e incomparable.

Nosotros confesamos que creemos en la resurrección de los muertos ¿estamos convencidos de lo que decirmos? ¿Cómo demostramos esto en la vida presente?. La esperanza está puesta en Cristo Resucitado, de lo que él ha vivido participaremos también nosotros, no hemos sido creados para la muerte sino para la vida.

Cuando damos una mirada al mundo en que vivimos nos damos cuenta que hay muchos signos y realidades de muerte, parecería que la vida presente no tiene sentido o que hemos perdido la esperanza en la vida futura. El Señor nos convoca a trabajar con dedicación y perseverancia por la justicia, la paz y el bienestar de todos; de manera especial por los empobrecidos de nuestro tiempo, aquellos que van perdiendo las ganas de vivir, los que no ven un futuro alentador.

Nos preguntamos hoy ¿será posible que entre los cristinos haya gente que piense como los saduceos?. El Evangelio nos explica que los saduceos eran un movimiento religioso conservador, que negaba la resurrección de los muertos. Jesús habla de un Dios que no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para Él todos están vivos ¿Pensamos nosotros lo mismo?. Puede ser que de palabra lo digamos, pero en la práctica, con nuestras actitudes, nuestros miedos y nuestras reacciones ante la muerte parece que hacen ver algo completamente distinto.

La palabra de Dios nos da la clave para mantenernos en la fe, en la esperanza y fortaleza ante las dificultades de la vida; estamos llamados a participar de la resurrección porque somos hijos de Dios.

Conviene en este domingo dar una mirada a la familia que está llamada a defender la vida. Ella es la realidad más atacada de la sociedad, la cual con sus características propias de pilar fundamental de la sociedad, necesita adaptaciones y refuerzos para creer sin derrumbarse.

Como cristianos, somos conscientes que para la Iglesia Católica los bienes más preciosos de la humanidad lo constituyen el matrimonio, la familia y la vida; por lo tanto, el papel de la familia en la edificaicón de la cultura de la vida es determinante e insustituible; de tal manera que el papa emérito Benedicto XVI dice que la familia cristiana es esperanza para la vida de hoy.

Algunos piensan que la función de la familia es sólo criar niños, pero es más real pensar que en las relaciones cercanas, todos nosotros estamos en transformación permanente. La familia favorece la socialización de los jóvenes y contribuye a contener los fenómenos de violencia mediante la transmisión de valores y mediante la experiencia de la fraternidad y de la solidaridad, por eso la familia es la escuela del más rico humanismo.

Los valores morales vividos en la familia se transmiten más fácilmente a los hijos y dentro de estos valores hay que acentuar el respeto a la vida desde el seno materno. La vida humana tiene un valor sagrado, por lo cual se debe promover y defender especialmente cuando se ve amenzada.

El catecismo de la Iglesia Católica, nos dice que la familia es célula original de la vida social. Es la sociead natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La familia saca su fuerza de la alianza definitiva de mor, conviertiéndose juntos en colaboradores de Dios en el don de la vida.

No olvidemos que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, que él nos acompaña y nos fortalece para seguir adelante como discípulos y misioneros.

Amén.