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Dios no se contenta con mirarnos desde el cielo, quiere compartir nuestra vida quiere ser Emanuel: Mons. Robert H. Flock

Jesús no es cualquier personaje, la encarnación del Hijo de Dios es el eje de toda la historia

 

Jesús es parte del Plan de Dios para salvar a la humanidad que se encamina a la autodestrucción

 

María y José aceptan el Plan de Dios, acogen la llamada de Dios confiando en su divina providencia

 

¡Cuánto falta la obediencia de la fe en nuestras vidas y con nuestra vocación!

 

Quienes emplean la violencia para lograr sus fines, están obedeciendo a las artimañas de Satanás

 

La obediencia de la fe abre los ojos de la fe.

 

 
Homilía de Mons. Robert H Flock
Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco
Cuarto Domingo de Adviento – 18 de diciembre de 2022
Emanuel

 

Link: La Santa Misa presidida por Mons. Robert H. Flock

 

Emanuel: “Dios con nosotros”

Queridos hermanos,

En este último domingo de Adviento, el Evangelio ya anuncia anticipadamente el nacimiento del niño Jesús, presentándolo como “Emanuel” en cumplimiento de la profecía de Isaías en nuestra primera lectura: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel”, que traducido significa: “Dios con nosotros”. Hace poco hemos celebrado la Inmaculada concepción de María, preservada de toda mancha de pecado, en preparación de su elección como la madre del Hijo de Dios, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Jesús no es cualquier personaje, la encarnación del Hijo de Dios es el eje de toda la historia

Así celebramos una serie de milagros únicos en la historia en torno a la llegada del Mesías y Salvador, que indican que Jesús no es cualquier personaje. Al mismo tiempo, estos hechos nos enseñan verdades profundas sobre Dios y sobre nosotros. Por ejemplo, es justo que dividimos la historia entre “antes de Cristo”, y “Anno Domini”, “el año del Señor”, porque la encarnación del Hijo de Dios es el eje de toda la historia. No hay otro acontecimiento tan trascendental, ni antes, ni después, que pueda comparar con el nacimiento de Jesucristo.

“Jesús” es una traducción del nombre “Josué” que literalmente significa “Dios Salva”

La anunciación del Ángel Gabriel a la María, tal como nos cuenta San Lucas, y su aparición en el sueño de San José, tal como nos cuenta San Mateo, coinciden en presentar los hechos extraordinarios sobre la encarnación. En ambos queda claro que María es virgen, que la concepción del niño es milagrosamente por el Espíritu Santo de Dios, y que este hijo debe llevar el nombre de Jesús; el ángel explica a ambos que Jesús será pues el Salvador. De hecho, “Jesús” es una traducción del nombre “Josué” que literalmente significa “Dios Salva”.

Dios asegura que Jesús tenga un padrastro bueno y justo que va a cuidar a él y a la Virgen

Lo que el Ángel no explica a San José, pero que él entiende perfectamente, es que, al tomar a María como esposa, Jesús nace legalmente como hijo legítimo y descendiente de David. Asimismo, Dios asegura que Jesús tenga un padrastro bueno y justo que va a cuidar a él y a la Virgen. Como tal, José es inmediatamente puesto a prueba con el censo que le obliga a ir a Belén, y la maldad de Herodes, que le obliga a refugiarse por un tiempo en Egipto.

Jesús es parte del Plan de Dios para salvar a la humanidad que se encamina a la autodestrucción

En todos estos detalles, vemos que la venida de Jesús al mundo fue parte del plan de Dios para salvar a la humanidad, que de otra manera se encamina a la autodestrucción por los pecados. Es lo que San Pablo explica en nuestra segunda lectura: esto es “la Buena Noticia de Dios, que Él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos. … a fin de conducir[nos] a la obediencia de la fe.

María y José aceptan el Plan de Dios, acogen la llamada de Dios confiando en su divina providencia

Allí tenemos una frase interesante: “la obediencia de la fe”. ¿Qué es esta obediencia de la fe? En primer lugar, es lo que vemos en María y José al escuchar lo que les dice el Ángel Gabriel. “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mi según has dicho”. Y “Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.” Los dos aceptan el plan de Dios, no solo como algo para creer, confiando que Dios lo llevará a cabo. Ellos asumen su parte como protagonistas, elegidos por Dios, a pesar de la naturaleza extraordinaria de su rol. “Nada es imposible para Dios”, le dice a María el Ángel Gabriel. Entonces, sin saber qué dificultades y desafíos tendrán que enfrentar, María y José acogen la llamada de Dios confiando en su divina providencia.

¡Cuánto falta la obediencia de la fe en nuestras vidas y con nuestra vocación! Por ejemplo, desde la obediencia de la fe, se compromete en Santo Matrimonio, en vez de optar por el concubinato o una unión meramente civil, que es matrimonio sin fe, ni en su pareja, ni en Dios. En cambio, si creo en lo que dijo Jesús: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ustedes”, ¿cómo no voy a unirme a mi pareja, no solo como una sola carne, sino también en nombre de Jesús, a través del Sacramento del Matrimonio, y así asegurar que Jesús esté siempre a nuestra mesa, como cuando compartió con los discípulos de Emaús?

Quienes emplean la violencia para lograr sus fines, están obedeciendo a las artimañas de Satanás

Con la obediencia de la fe, hacemos las cosas por las buenas, con transparencia y con justicia, y nunca con engaños, mucho menos con violencia. Quienes emplean la violencia para lograr sus fines, como, por ejemplo, con una violación sexual, o con el avasallamiento de un terreno, están obedeciendo las artimañas de Satanás. Con la obediencia de la fe, desaparece la corrupción, el narcotráfico, y por supuesto, las opresiones políticas y las guerras entre pueblos. Pues, desde la obediencia de la fe, lo que buscamos, no es nuestra propia seguridad, sino la voluntad de Dios, su reino y su justicia. Entonces el cristiano es generoso, solidario, honesto y justo en todo lo que hace.

La obediencia de la fe abre los ojos de la fe. Por ejemplo, al reconocer que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nos damos cuenta de que se debe respetar la vida humana desde la concepción, pues, Dios se hizo hombre, no a las 6 semanas de gestión, no a los 3 meses, no recién nacido, u otro momento arbitrario, sino en el momento de su concepción por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dios no se contenta con mirarnos desde el cielo, quiere compartir nuestra vida quiere ser Emanuel

Entonces, queridos hermanos, recordando lo que vivía María y José desde sus respetivos encuentros con el Ángel del Señor, nos preparamos durante esta última semana de Adviento para recibir al niño Jesús. Viene porque Dios no se contenta con mirarnos desde el cielo, o con enviarnos profetas y mensajeros. Dios quiere compartir nuestra vida, quiere ser Emanuel, Dios con nosotros. Y así de cerca, enseñar, sanar, amar y salvar. Se reviste de nuestra carne mortal, y hasta abraza la cruz. Acojámoslo, pues, en cada hogar, en cada familia, en cada corazón.