Análisis

Diác. Javier Gómez Graterol, SSP: “Laicismo” y coronavirus

Como no todo es malo en este mundo, muchos teólogos coinciden en que el laicismo, es decir, la tendencia extrema de querer sacar a Dios de todos los ambientes, trajo como consecuencia que ya no se pueda culpar a Dios de todo lo malo que pasa sino que el hombre, al verse “emancipado”, logra ver que el mal que pasa es fruto de las consecuencias de su libre albedrío.

Ha estado circulando la declaración del pastor Brian Tamaki, líder de la Iglesia del Destino, quien dijo que no se contagiarán de coronavirus “quienes paguen el diezmo”. Triste interpretación de fe.

¿Qué lectura de fe podemos darle a lo que pasa? Empecemos por enterarnos qué dice la Biblia sobre las epidemias:

“Cuando haya hambre en esta tierra, cuando haya peste, tizón, plaga en los árboles frutales, langostas, o pulgón, cuando su enemigo lo tenga bloqueado en una de sus ciudades, en todo azote y toda enfermedad; si un hombre cualquiera, o todo Israel, tu pueblo, hace oraciones y súplicas, y reconociendo su plaga y su dolor, tiende sus manos hacia esta Casa, escucha Tú desde los Cielos, lugar de tu Morada, y perdona, dando a cada uno según sus caminos, pues Tú conoces su corazón, y sólo Tú conoces el corazón de todos los hijos de Adán, para que te teman, caminando en tus caminos todos los días que vivan en la tierra que has dado a nuestros padres” (2 Crón. 6, 28-31).

“Si viene sobre nosotros algún mal, espada, castigo, peste o hambre, nos presentaremos delante de esa Casa y delante de Ti, porque tu Nombre reside en esta Casa. Clamaremos a Ti en nuestra angustia, y Tú oirás y nos salvarás” (2 Crón. 20, 9).

“Esta es la suerte que le reserva Dios al malvado el porvenir que el Poderoso reserva a los opresores: por numerosos que sean sus hijos, los espera la espada; sus descendientes carecerán de pan. La peste arrasará con los sobrevivientes, y sus viudas no les llorarán” (Job 27, 13-15).

“Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente, dile al Señor: «Mi Amparo, mi Refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza». Él te librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia; te cubrirá con sus plumas y hallarás bajo sus alas un refugio. No temerás los miedos de la noche ni la flecha disparada de día, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a pleno sol.

Aunque caigan mil hombres a tu lado y diez mil, a tu derecha, tú estarás fuera de peligro: su lealtad será tu escudo y armadura” (Salmo 91, 1-7).

“Yavé alejará de ti toda enfermedad, no dejará caer sobre ti ninguna de las plagas de Egipto que tú conoces. En cambio, las hará caer sobre aquellos que te odien” (Dt 7, 15).

“Lo que mantiene al hombre en su enfermedad es su espíritu; pero ¿cómo levantar a un espíritu deprimido?” (Prv 18, 14).

Tengamos todo esto en cuenta para no caer por inocentes y/o pretender dar lecturas milagreras, fatalistas, o para concienciar qué papel le estamos dando a Dios frente a este nuevo signo de los tiempos.

Autor: Diácono Javier Gómez Graterol, SSP