Análisis

Diác. Javier Gómez Graterol, SSP: Coronavirus y fe

Decía el profeta Jeremías: Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor (Jer 17,5-10). El coronavirus está sacudiendo la fe de muchos en las instituciones humanas.

China, por la naturaleza de su régimen comunista, optó primero por ocultar información, intentar arreglar por sus medios la cosa y se les fue de las manos. Esa absurda premisa censora del Estado ante todo, que hace que sean un régimen mentiroso por naturaleza, en el que se prefiere ocultar información antes de admitir que algo malo pasa, quedó hecha trizas.

Quedó vapuleada la costumbre de que todo debe ser hecho en China, porque allá, el Estado explotador ofrece la mano de obra barata de sus ciudadanos controlados por un Estado que apunta, con la nueva tecnología actual, a convertirse, en cuestión de pocos años en el nuevo Gran Hermano que predijo Orwell en su inmortal “1984”. La cadena de producción de las grandes industrias del mundo se han visto afectadas, lo cual también deja al descubierto las debilidades del neoliberalismo salvaje. Muchas empresas se han visto obligadas a mudar su producción a otra parte. En Estados Unidos, la política de Trump de traer todo de nuevo a producirse en el propio país se ha visto ahora muy reforzada por esto, y por ello es ahora uno de los países económicamente más estables pese a la crisis.

En solo dos meses todo comercio global se ha visto afectado. Las estructuras neoliberales que apuntaron a ser aliados silenciosos de la injusticia comunista china, para maximizar sus rentabilidades por pura y simple codicia, se están viendo cuestionadas. Cada país responderá al avance del virus según la solidez de sus estructuras, (y eso pondrá en jaque la fe de su ciudadanía en ellas, así como el buen funcionamiento de sus ministerios de salud) . Se espera que en Venezuela el impacto afectará bastante, aunque tiene a su favor ser un país mayormente tropical, e irónicamente, que la escasez de gasolina está frenando la movilización ciudadana.

El hecho de que la enfermedad afecte más a hombres que mujeres golpea el nuevo “dogma” de que no hay diferencias sustanciales entre un sexo y otro, parece que la biología sí tiene algo que decir, y mucho.

Por el lado positivo: mucha gente está volviéndose a Dios. Muchos de forma errada mediante “decretos” de que en su nombre el virus no entrará en sus casas, y otras prácticas que rayan en la superstición más que en lo que realmente es la fe verdadera, revelada en la Biblia, pero, por lo menos lo están haciendo.

La incertidumbre y la crisis son oportunidades de cambio. Queda claro entonces que el hombre no es todopoderoso ni omnisapiente, por ello debemos cuestionarnos siempre en qué estamos poniendo nuestra fe y nuestras seguridades. El futuro es de Dios, tomemos esto como ocasión de acercarnos más a Él y hacer alguna clase de esfuerzo por conocerle más y profundizar en la fe. Para luego es tarde.

Autor: Diácono Javier Gómez Graterol, SSP