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Corpus Christi, una fiesta para honrar el cuerpo y la sangre de Cristo

El Corpus Christi que en latín significa ‘Cuerpo de Cristo’, es una de las festividades religiosas más populares en el país, después de la Pascua y la Navidad y, al igual que las anteriores, es feriado nacional. La celebración se realiza 60 días después del Domingo de Pascua y tiene el objetivo de aumentar la fe de los fieles en Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento.

Según el dogma católico, durante la Última Cena, Jesús consagró el pan afirmando que representaba su cuerpo, y el vino, su sangre que sería derramada para redimir a la humanidad. Acto seguido se los dio a sus discípulos, ordenándoles que hicieran lo mismo todos los años por el resto de sus vidas. En la interpretación de esa orden, se instauró la liturgia de la Eucaristía en las misas católicas: el sacerdote repite ritualmente los actos y palabras de Jesús, y después de ello, da a comer la hostia a los feligreses.

En la parroquia de El Carmen, ubicada en el kilómetro 9 doble vía La Guardia, el sacerdote diocesano, Marco Antonio Aguilera, describe parte del episodio de la Última Cena de Jesús con sus discípulos, donde se da origen a la celebración del pan y vino. Basado en el libro de San Lucas, capítulo 22 versículos del 14 al 20, relata que Jesús tomó en sus manos una copa de vino y habiendo dado gracias a Dios dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les digo no he de beber del producto de la vid hasta que venga el reino de Dios”. En ese mismo acto, según comenta el Padre Aguilera, Jesús toma el pan en sus manos y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se los dio a ellos, diciendo: “Este es mi cuerpo, entregado a muerte en favor de ustedes. Hagan esto en memoria de mí”.  De igual manera, alzó la copa después de la cena, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza confirmada con mi sangre, la cual es derramada en favor de ustedes”.

En un confesionario de La Mansión, Fray Andrés Molina, de la orden de los Dominicos, abre la biblia y empieza a buscar los evangelios que hablan de la sangre y el cuerpo de Cristo para sustentar sus respuestas, mientras comenta que hoy se vive una fiesta a diferencia de hace siglos atrás cuando los herejes  negaron la presencia de Cristo en la eucaristía porque consideraban que era algo simbólico. Después de ese comentario, el superior de la casa de La Mansión, cita el libro de San Juan, capítulo 6 versículo 51 en el que Jesús dice “Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo, el que come de este pan vivirá para siempre”.

Padre Marco Antonio y Fray Andrés coinciden en señalar que antes de recibir el cuerpo y la sangre de Cristo (comulgar) cada ser humano debe hacerse un examen de conciencia, es decir mirar la vida que están llevando si está o no cumplimiento de los diez mandamientos.   “Para recibir el cuerpo de cristo, hay que prepararse llevando una vida coherente con nuestro propio testimonio de vida”, reflexiona el prelado.

Basado en el libro de Corintios, el sacerdote dominico, explica que cada vez que coman del pan y beban de la copa están proclamando la muerte de Jesús hasta que venga.  Por tanto, dice, si alguien come el pan y bebe la copa del Señor indignamente, pecan contra el cuerpo y la sangre del Señor. “Por eso, que cada uno examine su conciencia antes de comer del pan y beba de la copa. De lo contrario comen y beben su propia condenación al no reconocer el cuerpo de Cristo”, advierte y sustenta su argumento basado en el versículo 19 del capítulo 5 del Libro de Gálatas, que se refiere a los pecados mortales del ser humano. Aunque también cita en Isaías, capítulo 1 versículo 18 en cuyo libro el Señor dice: Vengan, vamos a discutir este asunto. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve; aunque sea teñida de tela de púrpura, yo los dejará blancos como la lana. Si me obedecen serás feliz”.

Lo que ambos prelados intentan explicar lo dice San Pablo en el evangelio de Corintios 11, 27-29: “Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así  el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo”.

Ambos sacerdotes, por separado, aseguran que los fieles católicos comulgan más en las provincias que en la ciudad. Aguilera, clérigo de origen cotoqueño,  explica que hay una particularidad en las parroquias del centro de la ciudad y en los barrios y comunidades de las provincias. En estas últimas, según dice, los parroquianos suelen comulgar más, por costumbre o porque realmente se sienten preparados.  Pese a esta diferencia, cree que en todas partes sin excepción la gente se está descuidando de la parte espiritual, ya que la vida necesita intimidad con dios.

En la actualidad, la manera de celebrar el Corpus Christi tiene sus variaciones de una ciudad a otra, a causa de las distinciones culturales. Por ejemplo, en la zona andina se entremezcla la misa con la tradicional ch’alla y bendición de bienes, y se realizan procesiones con el símbolo de la Santa Eucaristía. Mientras que en Santa Cruz se festeja con una mega misa pública en el estadio más grande de la ciudad, el Ramón Tahuichi Aguilera.

Es una festividad que surge en la Edad Media

Para explicar el origen de la Festividad de Corpus Christi, hay que echar un vistazo al siglo XIII, a la historia de una monja llamada Juliana de Lieja, de la orden de las Agustinianas. Esta era devota del cuerpo de Cristo, y tenía visiones en las que, según ella, Dios le revelaba que era necesaria una festividad dedicada exclusivamente a este rito, y que ella debía ser quien luchara para que se hiciera realidad. Así se lo hizo saber al obispo de su diócesis, en Lieja (entonces ciudad francesa, hoy belga), Robert de Thorete, y su arcediano, Jacques Pantaleone; quienes aceptaron instituir la celebración en las parroquias de su jurisdicción desde el año 1246. La fecha debía ser en el jueves siguiente al Pentecostés, y solo se celebraba en el reducido círculo de Lieja y alrededores.

En 1263, cuando ya Pantaleone se ha convertido en Papa, ayudado por el rey de Francia, con el nombre de Urbano IV, en la ciudad italiana de Bolsena ocurre un extraño suceso: una hostia sangra después de ser consagrada. El Papa manda investigar y decide que es un milagro. Acordándose de las ideas de Juliana de Lieja, decide instaurar la fecha especial para la Eucaristía que ella tanto deseaba, pero que fuera para toda la cristiandad. Emite, entonces, en 1264, en medio de los cuestionamientos de escépticos, una bula ordenando que se celebrase la Fiesta del Santo Cuerpo y la Santa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, nombre larguísimo que se queda en Corpus Christi. La celebración se convirtió así en la primera sancionada mediante bula papal.

 

Las ceremonias típicas de la ocasión, como los himnos, la lectura de la carta a los corintios, las octavas y versos rituales, etc., fueron elaboradas por el secretario de Urbano IV, el fraile dominico Tomás de Aquino. Hasta las reformas doctrinales de los años ’60, que entre otras cosas, eliminó la misa en latín, el Corpus Christi se celebraba en dos fechas, la ya citada y otra en el primer día de julio, llamada Fiesta de la Preciosa Sangre de Cristo, que ya no se celebra.