Internacional

Concluyó el Primer Congreso Internacional Benedictino

El arzobispo de Madrid cerró, este domingo, el I Congreso Internacional Benedictino con una intervención donde destacó la labor de los últimos pontífices en la evangelización de Europa, sobre todo en la labor ‘inmensa’ en escritos y actuaciones de Juan Pablo II. El Congreso, comenzó el pasado viernes 11 de julio en el monasterio benedictino del Valle de los Caídos, España. En la conferencia inaugural el abad del Valle de los Caídos, padre Anselmo Álvarez Navarrete, afirmó a que “el Evangelio fue la primera constitución europea, ya que inspiró la estructura básica del ser de los pueblos del continente, algo que ha sobrevivido en el alma de los pueblos más allá de Ilustraciones, ideologías y teorizaciones políticas, hasta que el materialismo y el relativismo de los últimos tiempos han borrado casi sus huellas”.

El arzobispo de Madrid cerró, este domingo, el I Congreso Internacional Benedictino con una intervención donde destacó la labor de los últimos pontífices en la evangelización de Europa, sobre todo en la labor ‘inmensa’ en escritos y actuaciones de Juan Pablo II. 

Con la celebración de una Misa en honor a san Benito, patrono de Europa, el Congreso, comenzó el pasado viernes 11 de julio en el monasterio benedictino del Valle de los Caídos, España, y abordó desde un punto de vista académico la impronta de los monjes en la construcción de la civilización europea, tras la debacle del Imperio romano de Occidente por la llegada de los bárbaros. 

El Evangelio fue la primera constitución europea


En la conferencia inaugural el abad del Valle de los Caídos, padre Anselmo Álvarez Navarrete, afirmó a que “el Evangelio fue la primera constitución europea, ya que inspiró la estructura básica del ser de los pueblos del continente, algo que sobrevivió en el alma de los pueblos más allá de Ilustraciones, ideologías y teorizaciones políticas, hasta que el materialismo y el relativismo de los últimos tiempos han borrado casi sus huellas”. 

Con claridad meridiana, el responsable de los benedictinos del Valle de los Caídos, dijo en su conferencia, “El rapto de Europa”, que “se diría que la empresa básica en la que se comprometió la Europa moderna fue la de cambiar nuestra conciencia con respecto a Cristo y proceder a un macro juicio contra el Él a fin de presentarlo como enemigo por excelencia del hombre”. 

Sin vincular aquella invasión, que laminó la civilización romana, con el momento actual, Álvarez Navarrete subrayó que “el hombre europeo rompió la unidad de la conciencia humana entre todas las entidades fundamentales: naturaleza y espíritu, ciencia y fe, ética y libertad, razón y religión, conocimiento humano y revelación, ser y deber ser, el hombre y Dios”. 

No obstante, el que es desde 1958 abad de los benedictinos del Valle de los Caídos aludió a que “la tarea más urgente del pensamiento actual debiera ser la crítica de la modernidad, a la vez que la recreación de cuanto constituye los pilares de la genuina concepción de Europa. “Solo la reposición de un pensamiento modelado por el Evangelio, podrá reintegrar a sí misma a una sociedad radicalmente trastornada. El rapto de Europa fue el de su cultura original vigente durante siglos, el de su espíritu y su tradición”. 

El valor del trabajo, verdadero descubrimiento benedictino
Este fue otro de los ejes importantes del primer día del Congreso, pues en la homilía el obispo de Córdoba se refirió a que el trabajo debe estar al servicio del hombre y no ser considerado como una cuestión de “mercado, una cantidad o un número”. Sobre esta cuestión, abundó también Aidan Bellenger, superior de la abadía británica de Downside Abbey, la más importante de Inglaterra, en su intervención sobre la regla de san Benito y su influencia en la civilización europea. 

Así, valoró el planteamiento de “comunidad estable de los benedictinos” para abordar proyectos permanentes como una aportación nuclear; el gobierno, basado en el servicio y no en la persecución del poder; la humildad, que nos hace depender en buena medida de los demás y, en último término, de Dios; el gusto por la belleza tanto artística como paisajística, que “convierte al que mira en su humilde servidor y no en su amo”; la pertinencia de la oración, que es “sustancia, materia y orden para el camino espiritual”. 

En la jornada, también intervinieron William Fahey, rector del St. Thomas Moro College (Estados Unidos) que habló sobre el contexto clásico de la regla de san Benito; el profesor Marcelo Aguirre Durán, de la Universidad de los Andes (Chile) sobre las reglas latinas y el monacato occidental en los siglos IV y V; y la profesora de la Universidad Complutense, Isabel Velázquez Soriano, que disertó sobre la difusión de la regla benedictina en la alta Edad Media. 

La jornada de la festividad de San Benito concluyó para los más de 120 participantes con una muestra multimedia titulada “La voz del silencio”, preparada por la profesora Marta Carmona, que combinó imágenes de doce monasterios benedictinos con canto gregoriano y poesías. 

Dios excluido de la sociedad
Con el título “La Iglesia en Europa al inicio del tercer milenio”, el cardenal Rouco Varela recordó el “Europa, sé tú misma” de Juan Pablo II para sustentar, en el ahora santo, la nueva evangelización del continente, y se preguntaba “qué hubiera sido de Europa si no hubiera existido” el papa polaco al considerar el panorama actual, “donde se agravó la secularización apuntada en los años 70”. 

En este sentido, argumentó en la crisis económica, el desempleo de mayores y jóvenes y el “triunfo de una economía de mercado sin apenas restricciones”, como aspectos problemáticos en el ámbito social y la permisividad para el aborto, la eutanasia dentro del área ético-moral. Aludió también a la crisis familiar que vive Europa, el envejecimiento de la población por la caída de la natalidad, como otros “factores preocupantes”. 

Se refirió también al “triunfo de la dictadura del relativismo” y a la “cultura inmanentista” que excluyen a Dios del ordenamiento jurídico, de la política y de las manifestaciones artísticas. 

Como aspectos positivos actuales, destacó la Unión Europea, el desarrollo político social de los Estados, la interconexión entre los ciudadanos europeos y la trasmisión del conocimiento. 

Valoró la labor de los últimos Papas a la hora de mover a la evangelización del continente y en la aplicación del Concilio Vaticano II. Con sus diferencias y complementariedades, recordó los escritos, encíclicas, convocatorias de las jornadas mundiales de la juventud por parte de Juan Pablo II, el gran aporte intelectual de Benedicto XVI y la insistencia de Francisco para recordar las carencias materiales y espirituales actuales, “con una expresividad –manifestó- que no había visto antes en documentos vaticanos”.+