Análisis

CIFRAS OFICIALES Y NOSOTROS

Con mi habitual optimismo recibí la noticia de que la economía nacional había crecido en el primer trimestre de este año un 5,72%, y cuando mi abnegada pariente espiritual terminó de leerme la prensa local, no pude reprimir mi entusiasmo y lancé al aire mi grito de mariachi: “¡Ay, ay, ay, ayyyyy, Jalisco no te rajes!”. Luego abracé a mi comadre y la despeiné desatando sus negras trenzas para luego vitorear al presidente Evo y a su ministro de Economía, Luis Arce.

Mientras tanto, la cholita cochabambina anotó en su libreta algunas cifras, las sumó, restó, multiplicó y dividió para luego decirme: “Lo siento mucho, compadre, pero no tiene por qué alegrarse, ya que usted, yo y la mayoría del pueblo boliviano seguimos en medio de una crisis severa y nos hallamos más pobres y jodidos que el año pasado”.

Sus palabras me dejaron desalentado y antes de escuchar mis argumentos en defensa de las cifras macroeconómicas que emborrachan a nuestros gobernantes y a sus seguidores, Macacha me dijo: “Si usted cree que su economía privada ha mejorado en los últimos años, entonces págueme lo que me debe desde hace dos años y medio, o por lo menos abóneme los intereses libremente convenidos”.
Empecé a farfullar buscando una respuesta digna y correcta y tuve que callar durante algunos instantes.

Acercándome a ella y reconociendo que ella sabe mucho más de asuntos económicos que yo, lo que se puede probar fácilmente, o sea, decirle tímidamente que este gobierno ha conseguido que por vez primera nuestro Banco Central tiene una reserva de $us 10.000 millones, lo cual no es poca cosa, Macacha me miró con pena y me expresó: “En primer lugar, no es ‘nuestro’ Banco Central, sino el banco del Gobierno, pues este decide lo que debe hacerse con las famosas reservas y así lo ha hecho, ya que dispuso que el banco concediera un préstamo de mil millones de dólares a YPFB, y así se hizo. Sin embargo, la famosa y mágica cifra sigue siendo exhibida a los cuatro vientos y ninguno de nosotros sabe cuál es el verdadero estado de las reservas y cuáles los montos de las deudas externa e interna”.

La cholita cochabambina había dicho otra de sus verdades y para no quedarme callado me atreví a manifestarle que nuestro ‘ministro blindado’ había logrado evitar la inflación y que el boliviano se había fortalecido frente al dólar, que hoy vale otro punto menos.
Macacha me miró de arriba, lo cual no es raro, porque ella es más alta que yo y me dijo que no creyera en aparecidos, asegurándome que nuestro pueblo soporta a partir de enero la elevación de alquileres y todos sufrimos por el costo de vida, echándome en cara que yo había callado ante la subida del precio del trago de wiski, que desde enero vale un 10% más, citándome también los actuales precios de la carne, el pollo y todas las legumbres y hortalizas.

Agaché la cabeza admitiendo que una cholita cochabambina sabe más de economía popular que este periodista, que pasó por el London School for Economics.