Oruro

CATÓLICOS DEBEN PERMANECER EN EL AMOR DE CRISTO QUE ES LA VID

La Iglesia Católica en el quinto domingo luego de la Pascua, durante la celebración de la Santa Misa, hizo énfasis en la seguridad de permanecer en el amor de Cristo, tal cual señala el Evangelio de San Juan; Jesús es la Vid verdadera y Dios Padre es el viñador.

Las celebraciones litúrgicas desarrolladas en los diferentes templos de la Diócesis de Oruro, se centraron en fortalecer la conciencia de pertenencia y permanencia en el amor de Cristo y a su vez Él con su pueblo.

Los párrocos manifestaron que la vida cristiana se construye sobre la base humana y las condiciones socioculturales e históricas que la envuelven, es a partir de ello que el pueblo católico puede sentir, percibir y acoger el llamado de Jesús a ser sus discípulos y discípulas, acercándose a Jesús y reconocerse sus seguidores incondicionales.

La lectura del Santo Evangelio de San Juan, evoca esta necesidad, en la que los discípulos deben ser como los sarmientos vivos, que tienen la capacidad de producir racimos de uva porque permanecen unidos al tronco de donde y por donde reciben la savia de la vida.

La condición es estar ligados a Cristo y dejarse podar (metafóricamente) por Dios Padre para dar más y mejores frutos de justicia, amor, solidaridad, fraternidad, honestidad y defensa de la vida.

Asimismo, en el ofertorio se pidió por la paz en Bolivia, que en la actualidad vive convulsionada debido a una serie de movilizaciones a cargo de sectores que manifiestan sus demandas en las calles, además de pedir sabiduría para los gobernantes y gobernados, de forma que se lleguen a acuerdos fundamentados en el respeto y amor al prójimo.

La Eucaristía, en el Día del Señor, que en realidad en el calendario litúrgico marca el quinto domingo después de la Pascua, configura la etapa de espera para celebrar el descenso del Espíritu Santo y el inicio de la actividad de la Iglesia, fiesta denominada como Pentecostés (que se efectuará este próximo 27 de mayo) por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo, que marca en definitiva el tiempo pascual.