Internacional

Caos en la seguridad

(Rio de Janeiro / Brasil) La comitiva se equivocó de camino y quedó atrapada en un atasco. Una bomba casera, explosionada en Aparecida

Domenico Giani, comandante de la Guardia Vaticana y responsable de la seguridad del Papa, vivió ayer momentos de gran angustia cuando el sencillo coche con el que Francisco decidió surcar las calles de Río fue tomado por una multitud de brasileños que quería saludar y abrazar al obispo de Roma. Debido a un terrible error de la seguridad, la comitiva papal tomó un camino equivocado cuando se desplazaba desde el aeropuerto y quedó parada en medio de un embotellamiento de coches y autobuses.

Los habitantes de Río de Janeiro, sorprendidos al ver el automóvil del Papa junto a ellos, se acercaron corriendo a saludarlo mientras los agentes de la Guardia Vaticana trataban de garantizar que no le pasase nada a Francisco, quien en ningún momento subió la ventanilla del coche e insistió en que quería estrechar la mano y bendecir a los fieles. De hecho, repitió el gesto que tantas veces hace los miércoles en la plaza de San Pedro al coger un bebé en los brazos y besarlo. Al final la comitiva pudo retomar su recorrido y los minutos de aglomeración se quedaron en eso.

La seguridad vaticana y las autoridades brasileñas también vivieron otro momento de angustia cuando se descubrió una bomba de fabricación casera colocada en uno de los baños del Santuario de Nuestra Señora de Aparecida. El Papa visitará mañana este santuario mariano, el más importante de Brasil, para rezar ante la imagen de la Virgen y encomendarle el país y toda América Latina. La bomba fue encontrada el domingo, pero no se informó de su hallazgo hasta ayer. Según las autoridades brasileñas, el artefacto tenía una capacidad baja para hacer daño y estaba ubicado en baño que no iba a ser utilizado por los fieles.

El hecho de que Francisco no quisiera utilizar en Brasil el papamóvil blindado causó gran preocupación entre las fuerzas de seguridad cariocas. De hecho, el prefecto de Río de Janeiro, Eduardo Paes, llegó a decir el domingo que el obispo de Roma podía recorrer las calles de la segunda ciudad del país como quisiera, «incluso en bicicleta». Dijo que la urbe estaba «preparada» pero que podrían registrarse «contingencias». Sus palabras parecían premonitorias de los momentos de angustia que se vivieron ayer.

«Estos días serán de mucha paz y de mucha alegría, pero también con algunas contingencias por el estilo informal del Papa Francisco», comentó Paes. Las autoridades brasileñas han desplegado a 20.000 policías y militares para tratar de garantizar que no le ocurra nada al obispo de Roma o a los dos millones de personas que se espera que participen en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El desafío para la seguridad continuará en los próximos días. El jueves Francisco visitará la favela de Manguinhos, una de las más peligrosas de Río de Janeiro y que llegó a ser conocida como «la Franja de Gaza» de Brasil por su récord de violencia derivada del tráfico de drogas. Fiel a su deseo de saludar, bendecir y confortar a la gente con las menores barreras posibles de por medio, el Papa recorrerá 850 metros en un vehículo descapotable por la calle Leopoldo Bulhoes, la avenida principal de la favela de Manguinhos.

Para tranquilidad de los organizadores, de momento no se han repetido las manifestaciones que han sacudido el país en los últimos meses, mostrando el descontento de la clase media. Ayer sólo hubo una pequeña concentración de un puñado de mujeres con los pechos al aire que protestaba contra la visita y criticaba la posición de la Iglesia católica frente al aborto.

Momentos de tensión

Haciendo gala desu particular humildad, Francisco se desplazó por las calles de Río a bordo de un sencillo Fiat. Un fallo de seguridad llevó al convoy a tomar un camino equivocado y a quedar colpasado en un atasco, momento en el que el Papa quedó atrapado en medio de la multitud.