Santa Cruz

“Busquemos devolverle el derecho de ciudadanía a Dios” Mons. Sergio Gualberti

Homilía de S.E. Mons. Sergio Gualberti Arzobispo pronunciada en la Basílica Menor de San Lorenzo Martir, Catedral de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

La liturgia de hoy, segundo domingo de navidad, nos ofrece otra oportunidad para seguir profundizando el sentido de este misterio de Navidad en nuestra vida cristiana.

 

Es muy bonito ver aquí tantas imágenes del niño Dios que justamente nos recuerdan que seguimos en este tiempo y creo que es un momento muy propicio este domingo para esta reflexión por que un poco han pasado las distracciones que a veces el día de la Navidad es tan marcado: el tema de los regalos, toda la preocupación del comercio, de la cena en la familia, el estruendo también de los cohetes. No hay nada de eso en este domingo por eso  creo que es justamente la oportunidad para seguir profundizando en este regalo que el Señor nos ha hecho, que Dios nos ha hecho, eso de enviarnos a su hijo.

 

En estos primeros pasos del año nuevo, todavía estamos a tiempo para convertirnos, para cambiar de rumbo, acogiendo la palabra de Dios, que nos invita justamente a contemplar y vivir este acontecimiento: Ha nacido nuestro Salvador, el Salvador del mundo. No olvidemos esta gran noticia que nos anima a enfrentar con esperanza y valentía los problemas y los afanes de cada día.

 

La navidad tiene que ayudarnos a poner todas las cosas en su sitio cabal, para que nuestra vida cobre sentido pleno, sea agradable al Señor, una vida agradable nuestra vida y demos un testimonio creíble de cristianos con nuestras palabras y con nuestras obras.

 

Y justamente es lo que la Palabra de Dios nos ofrece esta mañana, en el primer libro que hemos escuchado que es el Libro del Eclesiástico primera lectura, nos presenta el camino que recorrió la sabiduria divina que es como personficada, como una persona, hemos escuchado como nos la presenta, que acompaña al pueblo de Israel en sus travesías, en sus peripecias hasta establecer su morada en medio de el esa sabiduría interna enviada por el Padre. Cuando se cumplió el tiempo establecido se hizo presente en nuestro mundo de una manera nueva, asumió nuestra carne, nuestra condición humana para quedarse definitivamente con nosotros, es decir en esta palabra que Eclesiástico llama sabiduría, ya vemos al Hijo de Dios, a la Palabra eterna de Dios. Este es el gran regalo de la navidad, Dios en Jesucristo permanece definitivamente en la historia para que nosotros podamos ser partícipes de su vida y de su amor.

 

Es un privilegio que requiere nuestra responsabilidad y la apertura para dejarnos guiar y dirigir por esa Sabiduría para descubrir el sentido profundo de nuestra existencia y como también deben ser nuestras relaciones con Dios y con el prójimo para alcanzar también nuestra realización plena, para ser felicces en otras palabras.

 

La segunda lectura es la Carta de Pablo a los Efesios, un hermos himno litúrgico que reafirma esa verdad que es una verdad de esperanza en la persona de Cristo que justamente ya está en medio de nosotros, ha puesto su morada entre nosotros y nos dice San Pablo que Dios nos eligió para ser hijos adoptivos por eso el hijo de Dios se hizo uno de nosotros para que nosotroa también fuéramos hijos, palabras estas que no logramos valorar y apreciar en toda su importancia. Al escuchar muchas veces o al repetir de forma rutianria que somos Hijos de Dios, perdemos su sentido vital y no valoramos que ser hijos de Dios significa que tenemos accesoa la vida de Dios, a su santidad y que ahi está nuestra vocación y que Dios se ha fijado en nostros haciéndonos objeto de su amor y de su misericorida. Qué bonito saber que Dios se fija en nosotros porque nos ama.

 

Ante esta elección tenemos que sentirnos agradecidos y corresponder entonces con una fe más profunda y una esperanza viva que nos muevan siempre y en todo a actuar conforme a su voluntad y no conforme solo a nuestros gustos. Que el ilumine sus corazones, para que ustedes –son las palabras de San Pablo- puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados. Qué bonito, ¿valoramos nosotros la esperanza a la que Dios nos ha llamado? La esperanza de una vida para siempre es justamente de que somos sus hijos y valorar los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los Santos: llamados a ser Santos todos y gozar así de los tesoros de la vida de Dios.

 

Este gran misterio de amor, está manifestado todavía con más profundidad en el Evangelio de hoy que es el mismo del dia de la Navidad, el Evangelio de San Juan el primer capítulo: “En el principio existía la Palabra y la Palabra era Dios” Aquí la Palabra está con la P mayúscula, no cualquier palabra, no es palabrarería. La Palabra, Palabra eterna del Padre y que es el Hijo que existía antes del tiempo y en la eternidad. Y la Palabra se hace conocer y hace sentir su voz en la creación. Dios crea a través de la Palabra, dijo Dios “Haya luz” y hubo luz, dijo Dios se separen las… Dijo Dios… así todo el primer capítulo de la biblia nos dice Dios crea a través de la palabra, una palabra definitiva, absoluta e inmensa que resuena en todos los tiempos hoy como ayer y sobre todo el universo.

 

Lo creado, la creación, no nace de una lucha entre Dioses como enseñaban antiguos mitos, sino de una Palabra que vence la nada y que crea el ser, nos hace existir, la Palabra Divina se encuentra a la raiz entonces de la creación y también de esta historia humana. Hágase el hombre, hágase, con la Palabra Dios nos dice a nuestra imagen y semejanza. Por la Palabra hemos sido creados y una Palabra que nos ha acompañado siempre a toda la humanidad a lo largo de toda la historia, Una Palabra que salva, que juzga y penetra en las situaciones y acontecimientos de la vida porque sigue presente en medio de nosotros.

 

Esta Palabra Divina es eficaz, creadora y salvadora, está por tanto en el principio del Ser y de la Historia de la creación, pero también de la redención. El Señor sale a nuestro encuentro, proclamando lo digo y lo hago, porque esta Palabra tiene fuerza, en si es una Palabra hacedora, no es una Palabra que entra por un oído y se va. El testimonio escrito de esa Palabra está en las Sagradas Escrituras por eso gracias a las Sagradas Escrituras podemos conocerla y hacerla nuestra, pero esta palabra no sólo es voz tiene también rostro y ese rostro de Jesucristo el rostro que inicia en este niño, la Palabra eterna y divina entra en el espacio y en el tiempo, asume un rostro, una identidad humana: Jesús.

 

En el libro del Deuteronomio en el Antiguo Testamento dice: “¿Por qué asumirá esta realidad?” Para estár muy cerca de ti, en tu boca y tu corazón para que la pongas en práctica esta Palabra. En los evangelios encontramos el testimonio de los que pudieron ver el rostro de Jesús, los evangelistas nos han hablado porque lo han conocido a Jesús, Imagen de Dios invisible, en el rostro de Jesús vemos la imagen del Dios que nos es visible para nosotros, el primogénito de toda la creación, esto nos manifiesta el amor profundo de Dios para que nosotros pudiéramos conocerlo, relacionarnos con El, ha tomado la carne de la debilidad humana en la fragilidad de un niño, y se hizo semejante a nosotros, pero no solo la Palabra es voz, tiene un rostro, tiene también una casa, como hemos escuchado la primera lectura, la Sabiduría que puso su morada en el pueblo de Israel, la Palabra de Dios tiene una casa y es la Iglesia, el pueblo de Dios, un pueblo de Dios cimentado sobre el pueblo y los apóstoles que es garante, animadora, intérprete de la Palabra, ¿Quién custodia, quién guarda la palabra si no la Iglesia llamada a cuidar esa palabra?

 

Los Hechos de los Apóstoles nos dicen: “todos los primeros cristianos se reunían asiduamente para escuchar la Palabra, para escuchar la enseñanza de los Apóstoles” Una Palabra entonces predicada. Es importante que nosotros también escuchemos esta Palabra enseñada. La enseñanza de la Palabra de Dios, profundizarla en la comunidad, hacer que esta Palabra se vuelva luz en nuestra vida en la palabra era la vida y la vida es luz de los  hombres. Por esto no es suficiente que nosotros tengamos la biblia en nuestra casa de muestra, talvez metida en un estante bien bonito. No, esta palabra tiene que entrar e iluminar nuestra vida, tenemos que acercarnos para conocerla más y conocer al Señor.

Ésta esperanza puesta en la Palabra, no es un regalo sólo para nosotros, es para toda la humanidad por eso tenemos que darla a conocer y compartir con los demás, a través de nuestro testimonio, a través del respeto mutuo, la amabilidad. El Papa hablaba ayer de ternura, la comprensión, el perdón, la misericordia, la reconciliación. Háganlo con delicadeza y respeto y con tranquilidad de conciencia, tenemos que dar testimonio de que somos creyentes, no vamos a imponer, sino vamos a comunicar y a compartir con esa alegría de haber encontrado el sentido de nuestra vida.

 

Pero también tenemos que estar preparados que no todos a lo mejor quieren aceptar esto, no estan preparados a ser envueltos por la Palabra y podremos también nosotros tener un rechazo, o sufrir la persecución como lo ha sido también por Jesús, lo hemos escuchado ahora en el Evangelio “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” prefirieron las tinieblas a la luz,

 

Hoy día el Señor sigue viniendo en medio de nosotros y ¿por qué no le reconocemos?  ¿por qué lo rechazamos? Yo creo que muchas veces porque estamos confundidos y ofuscados por la superficialidad, tantas distracciones en nuestra vida, porque estamos encerrados en nosotros mismos, pensamos solo en nostros, un egocentrismo, nos ponemos al centro. La autosufieiencia podemos hacer por cuenta nuestra porque estamos encerrados en una ideología, la ideología que más domina el mundo que dice podemos vivir sin Dios, porque estamos llenos de cosas superfluas y ocupados en los intereses materiales, todo esto nos impide entrar en nuestra conciencia, tener un momento de silencio para escudriñar en lo profundo de nuestro ser y reconocer la presencia de Dios en nuestra vida.

 

La Palabra ha puesto su morada entre nosotros porque ha querido estar dentro del mundo y no fuera, dentro entonces también de nuestras vidas, y la gran tentación de nuestro mundo hoy, del mundo de hoy es la de no reconocer su presencia, de prescindir de Dios en la construcción de una sociedad más justa y más bien piensan en una sociedad como decía antes: SECULARIZADA es decir sin Dios.

 

El homnbre de esta sociedad lo podriamos definir: “El hombre indiferente” que vive sin referencia a los valores religiosos y a Dios como padre y como autoridad superior y creo que esto es lo peor, es peor que el ateismo: la indiferencia. El ateismo por lo menos lucha, pelea o busca de entender. La indiferencia… bueno si Dios existe,.. no importa o de todos modos no lo hecha de menos,

 

Y sin embargo justamente nosotros cada año, tenemos esa oportunidad de revivir la navidad que nos recuerda este misterio del Hijo de Dios que está presente en medio de nosotros, en nuestra vida y no solo en nuestra vida privada, sino en nuestra vida pública en la sociedad por lo tanto lo menos que podemos hacer los cristianos es que busquemos devolverle el derecho de ciudadanía a Dios, no dejarlo afuera para que también nuestra convivencia sea más humanizada, si Dios está en medio de nosotros también nosotros nos relacionamos de otra manera y nos relacionamos conforme al plan de Dios.

 

Dios se humaniza para hacer –como dice San Agustín- para hacernos a nosotros divinos. Nueva relación entre nosotros. Estamos frente a un gran reto, es necesarios no desanimarnos y ser fuertes, valorar la esperanza como hemos escuchado antes porque confiamos que nuestra fortaleza está en la fuerza de Jesucristo que es la voz y el rostro de Dios.

 

Estas son las circunstancias en las que hoy nos toca actuar anunciar con alegría y dar testimonio con sencillez perto también con fidelidad y firmeza a la Palabra de Dios y esto es el mejor servicio que podemos hacer a los demás y a toda nuestra sociedad: Ser testigos de un Dios que está presente en medio de nosotros…

Amén.