Santa Cruz

Bascopé, 25 años de amor a Dios, vocación y fe

Cuando tenía 13 años, Fernando Bascopé recibió una carta escrita a máquina que estaba firmada a mano por ‘Jesucristo’. “La carta decía que Jesús me amaba y despertó en mi corazón el deseo de ser sacerdote”, rememora este cruceño que recibió esa ‘carta de Jesucristo’ en un grupo de lectura de la Biblia cuando estudiaba en La Salle.

Y así fue. Fernando cumplió su sueño, pues terminado el colegio entró al seminario y 12 años después, es decir, el 23 de septiembre de 1991, fue ordenado sacerdote.

Actualmente es obispo. El 23 de septiembre de este año cumplió 25 años de sacerdocio y los conmemoró oficiando una misa en la catedral, donde estuvieron aquellos que siempre lo han apoyado con su vocación: sus padres, sus seis hermanos y sus amigos de La Salle. 
Entre los grandes recuerdos de su vida sacerdotal guarda su amistad con el cardenal Julio Terrazas; el haber trabajado en el protocolo de la visita del papa Francisco a Bolivia, de quien destaca que es muy cercano a la gente y comprometido con la fe. 

Además atesora su encuentro con el papa Benedicto XVI en Roma. “Tuve una conversación con él durante 45 minutos. Fue un regalo de Dios”, afirma.

Desde hace año y medio, Fernando Bascopé funge como obispo castrense en La Paz. “Debo animar a los capellanes militares y a los militares en la fe. Son hombres muy sacrificados, con una gran voluntad y muy devotos a la Virgen María”, expresa. 

En dos décadas y media, este religioso cruceño ha cumplido misiones en Cochabamba y en El Alto; tuvo la oportunidad de conocer a dos papas e incluso ha bautizado y casado a hijos y nietos de sus compañeros de la promoción 1979 de La Salle.

Un camba, camba

“Soy un camba, camba, del primer anillo”, dice, con una sonrisa cuando se le consulta dónde nació y repasa episodios de su niñez cuando vivía en la calle Suárez Arana. 

“Recuerdo la amistad con los vecinos, las caminatas por los canchones. Con mis amigos jugábamos fútbol y tuja en los corredores de las casas con aleros de horcones”, dice. También tiene en la memoria algunos recuerdos de la llegada de los carretones a Los Pozos. 

“Vivía a una cuadra del cupesí (zona de Los Pozos), frente a EL DEBER, cuyo periódico entonces era en blanco y negro”, rememora. Y añade: “Me gusta caminar por el centro de Santa Cruz, por los templos, recordando las calles del casco viejo, por los corredores con horcones. Todo eso evoca las ilusiones y esperanzas de mi juventud, además de la nostalgia por mi tierra”.

El obispo Bascopé recuerda también que en su colegio lo maravillaba una imagen del Cristo crucificado, por la pasión y el amor reflejado en sus ojos. 

“Los jóvenes deben saber que la vocación del sacerdocio no se trata de hacer, sino que tiene que ver con el corazón y debe fundamentarse en Dios”, afirma.