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Arzobispo de Santa Cruz plantea la necesidad de “remar juntos por un país más en paz”, donde triunfe la esperanza

El arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti, alentó a los bolivianos para “remar juntos por un país más en paz conforme a los valores del Evangelio” y, con la ayuda de Cristo, “cruzar a la orilla de la esperanza, del amor y de la vida nueva en Dios”. El prelado ciñó su homilía de este 20 de junio al pasaje del Evangelio donde Jesús calma la tempestad mientras los apóstoles, en la misma barca, se dejan inundar por el temor.

En varias oportunidades recuperó mensajes del Papa Francisco para remarcar la importancia de la fe en un contexto que no siempre resulta beneficioso para la humanidad.

“Todos pasamos por tempestades en las que nuestros apoyos y seguridades parecen derrumbarse y donde Cristo parece dormir”, señaló Gualberti. Ejemplificó varias situaciones en las que el miedo se antepone a la fe. “La experiencia del dolor, las desgracias y enfermedades graves como la pandemia, la pérdida de seres queridos, las  incomprensiones o divisiones en el hogar, humillación por injusticias, calumnias y falsedades o la pérdida de trabajo y tantos otros motivos”.

 

Parafraseando al Papa Francisco, Gualberti identifica otras amenazas que afectan “a toda la humanidad como las guerras, la pobreza, las migraciones de pueblos enteros, las graves heridas a la madre tierra con la deforestación y la contaminación, el cambio climático”.

 

Incluso remarca que la misma Iglesia “no es exenta de tempestades”. El Papa ha repetido en innumerables ocasiones que “no solo de fuera vienen los ataques al Papa y a la Iglesia sino que los sufrimientos de la Iglesia vienen justo del interior de la Iglesia, del pecado que existe en la Iglesia”.

Monseñor identifica estas situaciones donde el miedo ahoga a la esperanza porque son momentos que cuestionan la fe y la labor de Cristo en el mundo. Parece que Dios calla, que está durmiendo, lejano de nuestra angustia”, remarca el arzobispo.​

Para muchos, estos momentos de dolor son complejos de explicar. Dios no interviene directamente ante las iniquidades de los malos”, señaló Gualberti. Frente a estas injusticias que carecen de respuestas, el camino propone la conversión y el cambio de vida hacia la fe- “Es lo único que puede dar una respuesta a nuestros interrogantes y miedos”, complementó.

Retoma nuevamente las palabras de Francisco para señalar que “nos dimos cuenta de que estábamos todos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesario”. Frente al dolor de la pandemia, estábamos “todos llamados a remar juntos, todos necesitados de reconfortarnos mutuamente”.

Al concluir la homilía, Monseñor convoca a todos los bolivianos para “remar juntos por un mundo más justo, por un país más en paz, conforme a los valores del Evangelio”.

50 años de ordenación sacerdotal

Al concluir la eucaristía, el Padre Hugo Ara, vicario de la comunicación, pidió que durante la semana se mantengan las oraciones por los enfermos y los difuntos, especialmente por los que padecen de Covid-19. También solicitó a los fieles que recen por Monseñor Gualberti que este próximo sábado celebrará los 50 años de su ordenación como sacerdote.

Debido a la pandemia y las restricciones impuestas por las autoridades, la celebración de dicho aniversario se realizará durante la misa dominical del próximo domingo, 27 de junio.

Fuente: El Deber

 

Arzobispo: “Jesús está con nosotros en la misma barca y rema para calmar la tempestad del mal y hacernos cruzar a la orilla de la esperanza, del amor y de la vida nueva en Dios”

 

Desde la Basilia Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti aseveró que “No estamos solos, Jesús está con nosotros en la misma barca y rema para calmar la tempestad del mal y hacernos cruzar a la otra orilla de la esperanza, del amor y de la vida nueva en Dios”

El Prelado recordó las palabras del Papa Francisco, el año pasado en la Plaza San Pedro, en la oración por la pandemia: “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.

Así mismo nos pidió que, “No dudemos en remar juntos por un mundo más justo conforme a los valores del Evangelio”

 En el Evangelio de hoy, acabamos de contemplar a Jesús que, después de haber anunciado y explicado el Reino de Dios en parábolas, calma la tempestad en el lago de Tiberíades, el primero de cuatro milagros, signos concretos de la presencia novedosa del plan de Dios, que la gente y los discípulos de Jesús no acababan de entender.

Los cristianos, con Jesús a la cabeza, cruzan el mundo para anunciar el Evangelio.

Había varias barcas a la orilla del lago, pero Jesús sube a una sola junto a todos sus discípulos. Esta única barca representa a la Iglesia donde los cristianos, con Jesús a la cabeza, cruzan el mundo para anunciar el Evangelio.

En la historia de la Iglesia se han dado y se dan muchos vendavales y tempestades

De pronto, se desencadena una “tempestad tan fuerte” que las olas irrumpen en la barca y amenazan con hundirla. En la historia de la Iglesia se han dado y se dan muchos vendavales y tempestades: caídas y pecados en su interior y ataques desde el exterior que pareciera poner en riesgo su misma existencia. Los discípulos se asustan, sin embargo, “Jesús duerme”; Él no se espanta porque tiene puesta su total confianza en el Padre y se abandona en sus manos.

La fe y el miedo se oponen entre sí: éste ahoga la esperanza mientras que la fe libera y abre nuestras vidas a la acción salvadora de Dios.

En realidad, quien duerme no es Jesús, sino la fe de los apóstoles metida a prueba por la tempestad. En todo ese trance, resalta fuertemente el contraste entre el miedo de los discípulos y la serenidad y calma de Jesús.

Por encima de las apariencias dominadoras del mal, representadas por las olas embravecidas, está el poder salvador del Señor.

Jesús cuestiona directamente a los discípulos: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿No tienen fe?”.

Entonces quedaron atemorizados”: los discípulos ahora, más que miedo sienten sorpresa y estupor ante el poder de Jesús, un poder que sobrepasa las facultades humanas. Esto nos indica claramente que, por encima de las apariencias dominadoras del mal, representadas por las olas embravecidas, está el poder salvador del Señor. La potencia extraordinaria y misteriosa de Jesús, despierta en los discípulos el deseo de conocerlo más a fondo: “¿Quién es éste”?  El miedo comienza a ceder el lugar a la fe en Jesús como verdadero Hijo de Dios, el inicio de un nuevo camino que los llevará a reconocer en Jesús la majestad de Dios y a confiar en su potestad para llevar a cumplimiento lo que sería imposible con las solas fuerzas humanas.

NO hay otro camino sino la fe para descubrir a Cristo presente en nuestra vida con la certeza de que Él está a nuestro lado, aunque estemos en medio de las pruebas y nos pueda parecer que esté durmiendo.

Jesús no ejerce su señorío a través de la opresión y el miedo, sino a través de su acción liberadora de todo mal. Por eso, de la misma manera que libera a los poseídos por el maligno, así el Señor libera a los discípulos del miedo e ilumina sus mentes y corazones para que puedan descubrir en Él el rostro del Padre.

Este milagro de Jesús encierra una gran enseñanza para cada uno de nosotros y para la Iglesia.

 A lo largo de nuestra existencia, todos pasamos por tempestades en las que nuestros apoyos y seguridades parecen derrumbarse y donde Cristo parece dormir. Pensemos en la experiencia del dolor, las desgracias y enfermedades graves, la pérdida de seres queridos, las incomprensiones y las divisiones en el hogar, la humillación por injusticias, calumnias o falsedades, la pérdida del trabajo y tantos otros motivos.

Nuestra Iglesia también no es exenta de tempestades.

El papa Francisco lo ha repetido en distintas oportunidades: “no sólo de fuera vienen los ataques al Papa y a la Iglesia, sino que los sufrimientos de la Iglesia vienen justo del interior de la Iglesia, del pecado que existe en la Iglesia”.

También hay tempestades que amenazan a la humanidad, como las guerrasla pobrezalas migracioneslas graves heridas a “la hermana madre tierra”.

También hay tempestades que amenazan a la humanidad, como las guerras en tantas regiones del mundo, la pobreza de millones de personas, las migraciones de pueblo enteros, las graves heridas a “la hermana madre tierra” con la deforestación y la contaminación del agua, el cambio climático con consecuencias trágicas por la vida humana, la biodiversidad y el medio ambiente. Como a los discípulos, la experiencia de las tempestades nos puede doler aún más porque parece que Dios calla, que está durmiendo o es lejano de nuestra angustia.

El Señor hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos.

 No olvidemos que, de manera ordinaria, Dios no interviene directamente contra las iniquidades de los malos y quÉl “hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos”.

El Señor no aprueba el mal, pero toma en serio nuestra dignidad de personas, * nuestra libertad, con la esperanza que nosotros podamos convertirnos y cambiar de vida*.

No hay que perder la fe, porque Dios sabe lo que hace y el tiempo y la justicia está en sus manos de Padre.

La fe es lo único que puede dar una respuesta a nuestros interrogantes y miedos. Esta verdad nos anima a poner todos nuestros esfuerzos para ser fieles al Señor y al mismo tiempo dar testimonio de su presencia providente, amando y haciendo el bien al prójimo.

 

Fuente: Campanas – Iglesia Santa Cruz