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Arzobispo de Santa Cruz pide unirnos en oración para que el paro se desarrolle de manera pacífica, sin provocaciones ni enfrentamientos

Así mimo exhortó a los los responsables del bien común a escuchar a los ciudadanos, entre ellos a nuestros hermanos indígenas, que hasta ahora han encontrado solo silencio e indiferencia. Es el momento de instaurar un dialogo franco y sincero, el único camino para encontrar soluciones justas, acordadas y duraderas.

“En el día Nación al de la Mujer, iglesia pide luchar en contra de los feminicidios y reivindicar el respeto de sus derechos y su dignidad”

Mañana recurre también el Día Nacional de la Mujer en Bolivia. A todas ellas van nuestras sinceras felicitaciones y expresiones de estima, pero sobre todo les aseguramos nuestras oraciones por su gran labor y dedicación en la familia, la sociedad y la Iglesia. Que esta fecha sea la oportunidad para que todos reafirmemos el compromiso de luchar en contra de los feminicidios, la violencia y el maltrato hacia las mujeres.  De la misma manera, hay que seguir reivindicando el respeto de sus derechos y dignidad, y que cuenten con igualdad de condiciones con los varones en el desempeño de su trabajo o profesión.

“Si alguien no participa del don de la salvación, es porque él mismo se ha autoexcluido por acumular riquezas, y por creerse autosuficientes ante Dios”

La propuesta de Jesús es para todos y no deja a nadie sin la esperanza de salvación. Lo única condición es que estemos abiertos a acogerlo en nuestro corazón, jugarnos la vida por Él, compartir las riquezas acumuladas con los pobres y necesitados; este es el tesoro incorruptible que Jesús nos propone. Por tanto, si alguien no participa del don de la salvación, es porque él mismo se ha autoexcluido por acumular riquezas, por ser egoísta con el prójimo y por creerse autosuficientes ante Dios.

“Jesús nos presenta verdadera riqueza que da la luz y la fortaleza para llevar una vida conforme a su designio de amor y de vida”

Jesús se presenta como la Sabiduría de Dios encarnada, la verdadera riqueza que da la luz y la fortaleza para llevar una vida conforme a su designio de amor y de vida, y para superar la tentación de poner la confianza en las riquezas y el poder.

“Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

/10/10/2021

 

La palabra de Dios de este domingo nos llama a reafirmar nuestra opción de ser cristiano, poner al centro de nuestra Vida a Jesucristo y dejarnos permear por Él, Sabiduría eterna del Padre. La 1ª lectura que hemos escuchado es parte del discurso sobre la sabiduría, que Salomón hace, en forma de oración, al comienzo de su reinado. Él, en vez que pedir riquezas, poder y prestigio, pide a Dios la prudencia y la sabiduría para gobernar al pueblo de Israel con justicia y equidad, e instaurar un tiempo de prosperidad y paz.

Dios concede esa gracia a Salomón y sabemos que durante todo su reinado él actuó con tanta sabiduría, que se hizo modelo proverbial de estatista para los gobernantes de todos los tiempos. La sabiduría de la que habla Salomón, no es una dote humana, sino un don de Dios que permite al rey conocer y acoger los planes del Señor sobre la vida e historia de las personas y del pueblo, distinguir la verdad de la mentira, optar por el bien, la justicia y la paz, y rechazar al mal, la arbitrariedad y la violencia.

En su oración, Salomón expresa su aprecio y elogio a la sabiduría con imágenes tan vibrantes que hablan por sí mismas. Para él, los tronos, las coronas y riquezas, el oro y plata, la salud y belleza comparados con la sabiduría, no son más que un poco de arena. El rey se dejó cautivar plenamente por la sabiduría, el resplandor de la eterna verdad de Dios, ante la cual la luz material se opaca: “La amé más que la salud y la quise más que la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso”. Por eso no dudó en renunciar a las luces humanas perecederas, para contar con la sabiduría divina que lleva en sí todas las demás riquezas.

El Evangelio nos presenta a un hombre anónimo que, sediento de luz y verdad, corre donde Jesús y le pone una pregunta: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”. Este varón ve en Jesús el maestro “bueno” que puede dar la respuesta satisfactoria a su interrogante vital, por eso con toda confianza le pide indicaciones para que goce de la vida sin fin después de la muerte.

Él es un celoso y fiel observante de los preceptos del Señor desde su niñez, por eso “Jesús lo mira con amor”. Pero, su mirada es acompañada por la invitación a dar nuevos pasos: “Sólo te falta una cosa”: que no viva atado a sus riquezas, “vende lo que tienes”; que sea solidario con los necesitados: “dalo a los pobres”; y que luego vaya junto a Él y sea su discípulo: “ven y sígueme”.

Pero, ese hombre, “Al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes”. Su reacción nos revela que, a pesar de ser un piadoso observante de la ley de Dios, su corazón está sofocado por el apego a los bienes materiales. De hecho él pone su confianza en las riquezas más que en Dios, por eso no tiene el valor y la fuerza para deshacerse de sus cadenas, compartirla con los pobres y seguir a Jesús.

El hecho que su vida se mueve alrededor de las riquezas, lo convierte en cómplice de una sociedad explotadora, injusta y contraria al reino de Dios, el designio de amor, justicia y paz para todos.  Su mirada triste permite a Jesús introducir una reflexión sobre los bienes terrenales, muy en sintonía con la enseñanza de 1era lectura de la sabiduría. Jesús se dirige directamente a sus discípulos con una afirmación muy fuerte:” ¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”.

Jesús sabe bien que la riqueza y el dinero no son uno de los tantos ídolos, sino el “ídolo por excelencia” que pide la fe y la entrega total de las personas y que exige el sacrificio de todo sobre su altar: el tiempo, el amor, la familia y hasta víctimas humanas. El dinero, además de idolátrico es engañoso porque da una felicidad ilusoria y pasajera, exige un amor absoluto que priva de la libertad y hace rehén a las personas, las vuelve desconfiadas y crea un vacío a su alrededor.

Los discípulos, turbados por las duras palabras de Jesús, le preguntan: «Entonces ¿quién podrá salvarse?». Su respuesta abre el camino a la esperanza: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios». En verdad, la cuestión no es si los ricos se salvan, sino que ricos se salvanA ese hombre lo distingue el acumular riquezas, prestigio y méritos por cumplir los preceptos de la ley, pero Jesús le pide compartir sus bienes con los pobres y la vida con él para «acumular tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan…».

La propuesta de Jesús es para todos y no deja a nadie sin la esperanza de salvación. Lo única condición es que estemos abiertos a acogerlo en nuestro corazón, jugarnos la vida por Él, compartir las riquezas acumuladas con los pobres y necesitados; este es el tesoro incorruptible que Jesús nos propone. Por tanto, si alguien no participa del don de la salvación, es porque él mismo se ha autoexcluido por acumular riquezas, por ser egoísta con el prójimo y por creerse autosuficientes ante Dios.

En toda esta escena, Jesús se presenta como la Sabiduría de Dios encarnada, la verdadera riqueza que da la luz y la fortaleza para llevar una vida conforme a su designio de amor y de vida, y para superar la tentación de poner la confianza en las riquezas y el poder.

A la luz de la Sabiduría divina, quiero invitarles esta mañana a unirnos todos en la oración y pedir a Dios que el paro general dispuesto para mañana en nuestro país, se desarrolle en manera pacífica, sin provocaciones ni enfrentamientos de ningún tipo y con los debidos cuidados sanitarios. Que los responsables del bien común escuchen a los ciudadanos, entre ellos a nuestros hermanos indígenas, que hasta ahora han encontrado solo silencio e indiferencia. Es el momento de instaurar un dialogo franco y sincero, el único camino para encontrar soluciones justas, acordadas y duraderas.

Mañana recurre también el Día Nacional de la Mujer en Bolivia. A todas ellas van nuestras sinceras felicitaciones y expresiones de estima, pero sobre todo les aseguramos nuestras oraciones por su gran labor y dedicación en la familia, la sociedad y la Iglesia. Que esta fecha sea la oportunidad para que todos reafirmemos el compromiso de luchar en contra de los feminicidios, la violencia y el maltrato hacia las mujeres.  De la misma manera, hay que seguir reivindicando el respeto de sus derechos y dignidad, y que cuenten con igualdad de condiciones con los varones en el desempeño de su trabajo o profesión.

Encomendamos todas estas intenciones al Dios de la vida con las palabras del Salmo: “Señor, ayúdanos con tu amor”, para que su Sabiduría divina nos inspire, ilumine y guie en hacerlas realidad. Amén

Fuente: Campanas – Iglesia Santa Cruz