Homilía de Mons. René Leigue, Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra.
En el marco de una realidad social marcada por tensiones, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. René Leigue Cesari, ofreció su reflexión con una mirada pastoral preocupada por la comunión y la convivencia fraterna. Desde la celebración de la fiesta del Bautismo del Señor, el Pastor invitó a los fieles a recordar que la identidad bautismal llama a reconocerse como hijos de un mismo Padre y a rechazar toda forma de división, exclusión o enfrentamiento que fracture el tejido social.
La fe bautismal cuestiona la indiferencia social para recuperar una identidad consciente.

El Arzobispo René Leigue Cesari recordó que la fiesta del Bautismo del Señor invita a los fieles a mirarse a sí mismos y a tomar conciencia del don recibido, señalando que “esta fiesta del bautismo de Jesús es una fiesta para mirarnos a nosotros, porque nosotros también hemos sido bautizados”, subrayando así que el Bautismo no es un hecho del pasado, sino una realidad que marca toda la vida cristiana.
La opción de Jesús interpela el egoísmo humano para vivir una solidaridad real.

El prelado destacó que Jesús, aun sin necesidad de ser bautizado, decidió ponerse en la fila de los pecadores para cumplir el designio del Padre, recordando sus palabras a Juan: “Conviene que hagamos esto para cumplir la palabra del Señor”, manifestando con ello su cercanía a la condición humana.
El Bautismo desarma privilegios y exclusiones para reconocernos como una sola familia.

Al reflexionar sobre la primera lectura, Mons. Leigue enfatizó que el Bautismo elimina toda forma de exclusión, apoyándose en la afirmación bíblica y pastoral: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas” (Hch 10,34), señalando que todos los bautizados son hijos e hijas de Dios y miembros de una misma familia.
La fe cristiana denuncia las divisiones para aprender a caminar juntos.

El Arzobispo llamó a revisar actitudes que generan diferencias entre las personas, recordando con claridad que “si Dios no hace ninguna diferencia entre nosotros, tampoco nosotros deberíamos hacer diferencia entre nosotros”, exhortando a construir relaciones marcadas por la fraternidad y el respeto mutuo.
El compromiso bautismal nos desafía a asumir la responsabilidad de educar en la fe.

Mons. René insistió en que el Bautismo implica un compromiso concreto de los padres y padrinos, recordando la pregunta central del rito sacramental: “¿Usted papá, usted mamá se compromete a educar y enseñar a su hijo en la fe que usted profesa?”, remarcando que esta promesa debe traducirse en acompañamiento constante a lo largo de la vida.
La voz de Dios confronta las tinieblas del conflicto para seguir el camino de la luz.

Finalmente, el prelado animó a los fieles a renovar su compromiso bautismal desde la gratitud y la fidelidad a Dios, recordando la voz del Padre que resuena en cada creyente: “Tú eres mi hijo muy amado, en quien me complazco” (cf. Mc 1,11), e invitando a caminar siempre en la luz, alejándose de las tinieblas del pecado.
La esperanza cristiana cuestiona la confrontación para apostar por el diálogo.

Al concluir la celebración, el Arzobispo René Leigue Cesari expresó su preocupación por el momento que atraviesa el país y llamó a no perder la esperanza, afirmando: “Hubiéramos querido empezar el año mejor, creo que eso es lo que todos anhelamos, tener un año mejor y próspero, pero ven cómo estamos, con problemas”. Sin embargo, sostuvo que la salida a los conflictos pasa por el encuentro y la oración, remarcando con claridad que “para que eso se dé, es el diálogo, y en el diálogo sabemos que tenemos que perder ambos”, e invitó a la comunidad a orar por las autoridades y por quienes reclaman cambios, pidiendo que Dios ilumine a todos para que “encontremos buenos días” y asumamos el compromiso de orar por los conflictos durante la semana.


