Domingo 22 de febrero de 2026
Hemos iniciado la Cuaresma y, un año más, se nos ofrece la oportunidad de ajustar, reencaminar o mejorar algo en nuestra vida.
Después del carnaval, nos toca quitarnos las máscaras y pensar en hacer algún pequeño sacrificio o renunciar a algo. Sería interesante abstenernos de algo que tenga que ver con nuestra vida interior: con nuestro carácter, con las relaciones interpersonales o con nuestra manera de vivir la fe.
La esperanza es que, si trabajamos en algún aspecto de nuestra vida interior en esta Cuaresma, después de cuarenta días, pueda convertirse en un hábito: algo que nos haga más libres o que nos ayude a crecer un poco más.
En este sentido, la Cuaresma es una gracia: morir, descender a los infiernos y volver a la vida redimidos, quizá no en todo, pero al menos dando un pequeño paso.
No tengamos miedo. A veces podemos sentirnos indignos y débiles, porque en el camino aparecen muchas tentaciones. La Palabra de Dios hoy nos aclara algo importante: las tentaciones existen desde que el hombre y la mujer fueron creados por Dios, desde el día cero de nuestra existencia están presentes, y nuestro camino está hecho de subidas y bajadas, de momentos oscuros y de días luminosos.
Las tentaciones forman parte de la vida humana. Hoy el Génesis nos presenta a Adán y Eva cayendo en la tentación en el paraíso, y miles de años después el Evangelio nos muestra a Jesús tentado en el desierto. Es ese mismo Jesús que nos enseñó a orar diciendo: «No nos dejes caer en la tentación».
Es decir que en nuestras vidas las tentaciones han existido, existen y existirán, por eso, en nuestra oración no decimos: «Señor, que no haya tentaciones», sino: «No permitas que caiga en ellas».
Las tres tentaciones
El Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, es tentado con tres tentaciones que resumen, casi en su totalidad, las tentaciones de la humanidad: tener, aparentar y poder.
- Convertir las piedras en pan: es pensar que las cosas materiales darán sentido a nuestra vida, o que todo se solucionará si tenemos más. Jesús nos recuerda: «No solo de pan vive el hombre».
- La segunda tentación consiste en quitar a Dios del centro de nuestras vidas y ponernos en su lugar.
Hoy muchos tenemos el deseo de ser reconocidos y queremos ser celebridades o influencers, y la sociedad nos sugiere que valemos más si tenemos más. Jesús responde con firmeza: «No tentarás al Señor, tu Dios». - La tercera tentación es la del poder: la promesa de todas las riquezas a cambio de postrarnos ante el dios dinero, y una vez más, jugar a ser dioses, sin espacio para quien piensa o vive de manera diferente. Pensemos en el individualismo extremo al que nos hemos acostumbrado.
Jesús responde de nuevo: «Al Señor, tu Dios, adorarás».
A lo largo de los siglos vemos cómo estas tentaciones están profundamente conectadas entre sí y, todavía en estos días, esta historia se repite: los poderosos, casi inevitablemente, terminan comprometidos con el tener y, en muchos casos, juegan a ser dioses, sacrificando a otros.
Los tres pilares de la Cuaresma
La Cuaresma se presenta como un tiempo de reflexión, de conversión y de cambio. No olvidemos que la Iglesia nos propone tres pilares que nos sostienen en este camino:
- la oración,
- la caridad o limosna,
- y la abstinencia o el sacrificio.
Pidamos al Señor que nuestra oración, nuestros actos de caridad y nuestros sacrificios no se queden en gestos externos, sino que nos transformen interiormente.
Que Dios siga siendo el centro de nuestras vidas; que aprendamos a confiar en Él, perdiendo el miedo a la incertidumbre del futuro; y que nuestros sacrificios sean agradables a sus ojos.
POR ARIEL BERAMENDI
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