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Homilía. ¿Por qué celebrarmos a San Pedro y Pablo el 29 de Junio?

Homilía para la Fiesta de San Pedro y San Pablo

29 de junio 2025

 

Tenemos la feliz coincidencia de celebrar la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo en día domingo, el día del Señor.

 

Deseo reflexionar sobre el encuentro personal con Cristo. Cómo estos dos apóstoles se encontraron con Jesús.

 

Pedro y Pablo no podían ser más diferentes entre ellos, pero ambos son los pilares de la Iglesia católica.

 

Por un lado Pedro, quien fue uno de los doce apóstoles. Era un pescador, avanzado en edad (para no decir viejo), de carácter temperamental;  él es elegido por Jesús para ser el primero entre los doce apóstoles. A él, Jesús le da las llaves de su reino y le dice apacienta mis ovejas.

 

Por eso cuando rezamos el credo decimos “creo en la Iglesia Católica, una, santa y apostólica”.

 

Hoy el “nuevo” apóstol Pedro es el Papa León XIV y como sucesor del apóstol de Pedro tiene la misión de confirmarnos en la fe y proteger la tradición de la Iglesia.

 

Por ejemplo, si de pronto, alguien dice: he tenido una revelación de Cristo y voy a cambiar esto o aquello… o voy a refundar la iglesia. Sabemos que esto no es posible porque el Sucesor de Pedro que nos mantiene seguros en la fe, unidos y en comunión a través de la fe. Obviamente, el Papa, Sucesor de Pedro, gobierna la iglesia y lo hace con la ayuda de la Curia Vaticana, con la ayuda de los cardenales y obispos.

 

Esto es parte de nuestra fe y por eso la gente peregrina a la tumba de este apóstol. Recuerdo que en la Basílica de San Pedro, hay una estatua de bronce de San Pedro, en algunas festividades se le pone vestimentas antiguas y hasta una corona, y la gente que pasa por allí le toca el pie derecho y a través de los siglos ese pie de bronce se ha desgastado y está desapareciendo, por los millones de personas que han tocado ese pie.

 

Por otro lado tenemos la figura de Pablo, un hombre educado y profesional de las leyes, cosmopolita, hablaba varios idiomas, tenía varias nacionalidades y era influyente en la sociedad. (Podríamos decir que era un londinense).

 

Él, a diferencia de Pedro, no conoce físicamente a Jesús, pero su encuentro y conversión es dramático, porque de ser perseguidor de los primeros cristianos, y cuando digo “perseguidor” significa que muchos de ellos venían asesinados.

 

Pablo mientras perseguía a los cristianos encuentra a Cristo, se cae del caballo, queda ciego por un tiempo y después su vida cambia. Con imágenes de nuestro tiempo podríamos decir que tiene un choque de automóvil a grande velocidad y logra sobrevivir.

 

Después de encontrar a Cristo en esta manera dramática, se convierte en el Apóstol de los Gentiles y forma comunidades cristianas y se transforma en el gran evangelizador. Él es un gran comunicador y escribe muchas cartas, que eran el medio de comunicación de la época y la iglesia de Cristo resucitado sigue creciendo. Hoy, en cada misa dominical, leemos una carta de San Pablo.

 

Nuestras vidas, tal vez con menos dramaticidad, se mueven entre Pedro y Pablo. Ambos encontraron a Cristo de manera diferente y ambos son los pilares de la iglesia católica.

 

Según la tradición San Pedro y San Pablo fueron martirizados en Roma, la tradición dice que en la misma fecha, el 29 de junio. A Pedro lo crucificaron, no se sentía digno de tener la misma muerte de su Maestro y pidió ser crucificado cabeza abajo; mientras que a Pablo, lo decapitaron y la tradición dice que su cabeza rebotó tres veces en el suelo, y en cada lugar surgió una fuente de agua, hoy en el lugar de su martirio se construyó la Iglesia de las Tres Fuentes (la Abbazia delle Tre Fontane).

 

Sus tumbas se encuentran en Roma y por eso la Iglesia de Roma y, sobre todo, el obispo de Roma, preside la iglesia y a menudo usamos la expresión “estamos en comunión con Roma”.

 

En esta fiesta pidamos al Señor que nos ayude a crecer en nuestra fe. A veces tenemos dudas, a veces nos distraemos y alejamos del Señor y hoy es una buena ocasión para pedir al Señor la voluntad de cuidar y crecer en nuestra fe.

 

No importa nuestro pasado, siempre podemos encontrar personalmente a Jesús y nuestra vida puede cambiar para bien. Que San Pedro y San Pablo intercedan por nosotros.

Amén.

POR ARIEL BERAMENDI

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