Internacional

20 de febrero: Día Mundial de la Justicia Social

En el marco del Año de la Fe y de este tiempo cuaresmal, convocados por la Organización de las Naciones Unidas (cfr. Resolución 62/10), celebramos hoy el día mundial de la justicia social.

La expresión justicia social fue acuñada por el sacerdote Luigi Taparelli, en su “Ensayo teórico del derecho natural apoyado en los hechos”, publicado en 1843, en Livorno, Italia. Fundamentándose en la fe y en la razón, la Iglesia ha ofrecido al mundo valiosas orientaciones en esta materia, a través de la llamada Doctrina Social de la Iglesia.

A lo largo de los siglos, la humanidad ha ido comprendiendo poco a poco qué es la justicia y en qué consiste. Así, en la antigua Grecia, ante los sofistas que opinaban que la justicia consiste en el dominio del más fuerte sobre el débil, Sócrates objetaba que por naturaleza, “es más vergonzoso cometer injusticia que recibirla”[1]. Aristóteles, considerando que la justicia está ligada a la ley natural que nos permite distinguir lo justo de lo injusto[2], afirmaba que la justicia “comprende todas las virtudes… Porque el señorío para el bien de otro se encamina, y consiste ya en el bien común” [3].

En Roma, Cicerón decía que la justicia implica el reconocimiento de la dignidad de cada uno[4]. Ulpiano, comentaba que la justicia es “la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho”[5]. Siglos después, uniendo fe y razón, santo Tomás de Aquino enseñaría que la justicia es el hábito por el cual damos a cada uno lo que le es propio[6]; virtud por la cual dirigimos nuestras acciones hacia el “bien común”[7].

Como podemos ver, estas posturas expresan la convicción racional de que lo justo no está determinado originariamente por una convención humana manifestada en una ley, sino por la identidad profunda del ser humano. De ahí la exigencia de dar a cada persona lo que le corresponde conforme a su naturaleza, su dignidad y sus derechos fundamentales, y a sus actos voluntarios y sus consecuencias.

La justicia social, que se ha añadido a las formas clásicas de la justicia conmutativa, distributiva, y legal, orienta la conducta de las personas hacia el compromiso por la justicia, según la función y circunstancias de cada uno[8], a fin de que en la vida cotidiana se priorice la dimensión humana en las decisiones personales y comunitarias, en el campo político, económico, jurídico y social. Lo mismo debe suceder en el caso de los responsables de las Naciones y de los Organismos internacionales, a fin de hacer posible para todos una vida ordenada y plena, y un desarrollo integral del que nadie quede excluido.

Ante los retos actuales, el Papa Benedicto XVI ha dicho: “La globalización será lo que la gente haga de ella. Debemos ser sus protagonistas, no las víctimas, procediendo razonablemente, guiados por la caridad y la verdad”[9]. Quiera Dios que, comprendiéndolo, asumamos de manera positiva las propias responsabilidades, de modo que, con una actitud solidaria, cada uno contribuyamos a la justicia social.

[1] PLATÓN, “Gorgias”, 62.

[2] “Retórica”, 1373b.

[3] “Ética a Nicómaco”, Libro V, Cap. I.

[4] Cfr. “De inventione”, II, 160.

[5] “Reglas”, Digesto, 1, 1, 10pr.: “La justicia”.

[6] “Summa Theologiae” II-II, q.58, a.1.

[7] Ibíd., II-II, q.58, a.6.

[8] Cfr. JUAN PABLO II, “Sollicitudo rei socialis”, nn. 41 y 42.

[9] “Caritas in veritate”, n. 42.

Por S.E. Mons. Eugenio Lira Rugarcía

Obispo Auxiliar de Puebla

Secretario General de la CEM