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REFLEXIÓN DOMINICAL: SEGUIR A JESÚS ES ENTRAR EN EL REINO

Acaba de empezar en la Iglesia católica el año de la fe, con el cual Benedicto XVI quiere dedicar un curso entero a reflexionar, profundizar y madurar la fe cristiana y su incidencia en el mundo actual. El papa ha querido dar inicio a este año el día 11 de Octubre de 2012 para conmemorar así la apertura del Concilio Vaticano, que tuvo lugar en la misma fecha hace ahora cincuenta años. Auguramos que será una ocasión propicia para revitalizar la fe de la Iglesia y para poner a Jesucristo, el Señor, como centro de la vida de los creyentes y como anuncio de la presencia transformadora del Evangelio de Dios en el mundo, en los diversos pueblos y culturas y en las múltiples situaciones de dolor y de sufrimiento de esta humanidad nuestra. Ésta es la gran misión que la Iglesia ha de llevar a cabo por medio de la palabra evangelizadora y del testimonio realmente misionero de los cristianos comprometidos.
 
En el evangelio de este domingo aparece la figura de Jesús como Buena Noticia, que debe motivar el seguimiento radical de todo discípulo. Y en el marco del Sínodo de los Obispos en Roma, que se desarrolla durante estos quince días en Roma, podemos decir que el anuncio y el testimonio de Jesús por parte del discipulado constituyen el eje de la Nueva Evangelización. Fijándonos en este evangelio (Mc 10, 17-31) se pueden distinguir fácilmente tres partes: un rico religioso y cumplidor que quiere ganarse la vida eterna (Mc 10, 17-22), la constatación, por parte de Jesús, de la dificultad de los ricos para entrar en el Reino de Dios (Mc 10, 23-27), y las consecuencias de convertirse en auténticos discípulos de Jesús (Mc 10, 28-31). El hilo conductor de esta composición de escenas originariamente distintas es el tema del seguimiento. La invitación de Jesús a seguirle para entrar en la dinámica del Reino de Dios, como propuesta alternativa a los sistemas de valores vigentes en su época y en la nuestra, es una llamada cuya radicalidad reclama nuestra atención.
         
La propuesta de Jesús afecta, en primer lugar, a la concepción de la vida religiosa, mostrando las consecuencias de una existencia centrada realmente en Dios, el único bueno y todopoderoso por excelencia. Cuando Jesús responde al que era rico, en el diálogo queda de manifiesto, desde la perspectiva de Jesús, la insuficiencia de toda religiosidad limitada al cumplimiento de los mandamientos y legitimada por las tradiciones recibidas del pasado, pero incapaz de corresponder a la novedad inédita de Jesús. Pero hay muchos detalles genuinos de Marcos en esta escena de los cuales destacamos algunos: la inserción entre los mandamientos de una prohibición específica, “no defraudes” (Mc 10,19), el énfasis en la doble reacción de Jesús que “fijándose en él, lo amó” (Mc 10,21), la triple reiteración de la gran dificultad de los ricos para entrar en el Reino de Dios (Mc 10,23.24.25), el poder de Dios por encima de lo imposible (Mc 10,27), la recompensa sobreabundante en este mundo y en el futuro para los seguidores del Evangelio con la nota de las persecuciones, ineludibles en el discipulado fiel (Mc 10,30).

El amor de Jesús que se fija en cada persona constituye el principio y la razón más profunda del cambio de vida en los que aceptan la llamada al seguimiento radical. El imperativo de Jesús puede ser creador de una nueva vida, centrada en él, pues sólo con él y desde él se puede percibir la sabiduría de su palabra, con la cual vienen todos los bienes (cf. Sab 7,11), pues la llamada del Señor no es una mera propuesta de vida en la renuncia y en la abstinencia, cargada de aspectos negativos, sino que es una oferta positiva de vida nueva, para ir con él y siguiendo sus pasos, y ésa es ya la recompensa, ya que él es la fuente de la alegría y de la libertad. Esa nueva forma vida tiene su origen en su inmenso amor y en su mirada penetrante. Jesús no llama a nadie para amargarle la vida sino para vivir en el amor y en la amistad con él. Seguir a Jesús es entrar ya en el Reinado de Dios.

Además, la novedad de Jesús en la concepción del Reino de Dios reclama la concentración de la vida en Dios y sólo en Dios como único Señor, así como la renuncia a las posesiones y a la acumulación de bienes como centro de atención de la existencia. La entrada en la vida eterna y en el reino requiere el seguimiento de Jesús, mediante el reconocimiento de su identidad y mediante la comunión con él, con su trayectoria y con su misión. En la respuesta al rico, que cumplía religiosamente los mandamientos prescritos en el Antiguo Testamento, Jesús dice que le falta una cosa, pero cuando lo explica no se trata de una sino de varias que van tan íntimamente asociadas, como paralelismos literarios, que en realidad constituyen una sola. Vender los bienes para darlo a los pobres es proclamar la entrega solidaria a los más necesitados como exigencia fundamental del discipulado. Por ello la opción por los pobres no es algo secundario en la vida cristiana ni un carisma específico de una determinada espiritualidad en el marco de la Iglesia, sino que se trata de una opción fundamental de todo cristiano en el seguimiento de Jesús. Así de radical es la opción prioritaria por los pobres en la llamada que Jesús hace. La verdadera conversión a Dios y a su Reino requiere un cambio de mentalidad que permita orientar la mirada y la atención hacia los más pobres de esta tierra, hasta convertirlos en el centro de nuestra perspectiva de la vida y situarlos en el primer plano de la preocupación de los cristianos, pues ellos han de ser los beneficiarios primeros de los bienes de que dispongamos. La renuncia a los propios bienes en favor de los pobres es condición ineludible para el seguimiento. Qué importante es escuchar hoy esta interpelación de Jesús, especialmente en la vieja Europa, donde las dificultades económicas siguen avanzando y va ganando terreno a pasos agigantados el empobrecimiento de masas sociales de la así llamada clase media.

Tras la retirada del rico que rechazó la invitación de Jesús, el Señor constata y reitera la enorme dificultad de los ricos y opulentos para entrar en el Reino de Dios y acoger afectiva y efectivamente el mensaje del Evangelio. Hasta tres veces repite Jesús la incompatibilidad existente entre el Reino de Dios y la acumulación de riqueza. La propuesta de Jesús supone una auténtica conversión, un cambio de mentalidad, de conducta y de formas de vida, es una ruptura personal con el dinero y con el sistema de vida y de valores que éste configura. Mediante la donación de los bienes a los pobres la renuncia al dinero esa propuesta de Jesús se convierte en algo irreversible y definitivo. De este modo los seguidores de Jesús se identifican con su maestro, se convierten también en pobres y entran plenamente en el dinamismo del Reinado de Dios.

El próximo domingo, día del Domund, la Iglesia celebra que la llamada a convertirse en verdaderos testigos de la fe por la causa de Jesús y por el Evangelio ha calado profundamente en miles de hombres y mujeres, misioneros y misioneras. Todos los mensajeros del Evangelio, por su entrega total de la vida, y frecuentemente sufriendo persecuciones, son un signo vivo del Reinado de Dios en nuestro mundo y un estímulo para que todos nos tomemos en serio la fuerza imperiosa del Evangelio, como palabra viva, eficaz y cortante de Dios, pero al mismo tiempo como palabra potente para transformar el mundo y los corazones de las personas.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura