Internacional

Papa Francisco a religiosos, consagrados y seminaristas en Chile: “Estamos invitados a no disimular o esconder nuestras llagas”

Con expectación y alegría fue recibido en la Catedral de Santiago el papa Francisco, quien previamente hizo un recorrido en el papamóvil por algunas calles del centro de Santiago.

El Sumo Pontífice arribó en un vehículo cerrado hasta la Plaza de la Constitución tras realizar una visita a las reclusas del Centro Penitenciario Femenino de Santiago, en la comuna de San Joaquín, en la zona sur de Santiago. Allí avanzó por las calles Morandé y Compañía, hasta llegar a la Plaza de Armas donde fue recibido por una multitud de personas que le manifestaron su cariño.

Al ingresar en la Catedral para el encuentro con sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas, el Pontífice fue recibido con un aplauso y demoró varios minutos en llegar hasta el altar, debido a la alegría y devoción con que fue saludado paso a paso en el recorrido.

– Saludo del arzobispo De Santiago

– Discurso del Santo Padre a los consagrados

En su discurso ante el mundo religioso nacional, el Pontífice destacó la importancia que tiene vivir de manera verdadera la vocación de servir a los demás.

Interrumpido muchas veces con aplausos y con una gran participación de los asistentes, se desarrolló en la Catedral de Santiago el encuentro entre el Papa Francisco y los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas.

En la ocasión, el Pontífice hizo una firme defensa de la necesidad de que todos los que han sentido la vocación, refuercen su llamado original, usando incluso una oración del Cardenal Raúl Silva Henríquez para que recuerden cuál es la iglesia en la que deben perseverar.

En este sentido, el Papa usó frases muy directas acerca de la importancia de una vocación real, señalando que “no existe la selfie vocacional. La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡qué le vamos a hacer!”.

Usando como imagen la relación entre Pedro y la primera comunidad de la Iglesia, destacó tres momentos en que ésta se vio abatida, misericordiada y finalmente, transfigurada.

Sin dejar de lado temas complejos, destacó que se vive un “Momento de turbulencias. Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuanto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza. Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir «vestido de cura» en muchos lados se está «pagando caro». Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo”.

Destacó además que nuestro país ha cambiado desde la época en la que él estudió en Chile. Señaló que “están naciendo nuevas y diversas formas culturales que no se ajustan a los márgenes conocidos. Y tenemos que reconocer que, muchas veces, no sabemos cómo insertarnos en estas nuevas circunstancias”.

Señaló al respecto que “podemos caer en la tentación de recluirnos y aislarnos para defender nuestros planteos que terminan siendo no más que buenos monólogos. Podemos tener la tentación de pensar que todo está mal, y en lugar de profesar una «buena nueva», lo único que profesamos es apatía y desilusión. Así cerramos los ojos ante los desafíos pastorales creyendo que el Espíritu no tendría nada que decir. Así nos olvidamos que el Evangelio es un camino de conversión, pero no sólo de «los otros», sino también de nosotros”.

Finalizó manifestando que “nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se nos presenta”. Por ello les llamó a renovar su vocacin y para eso utilizar la oración del Cardenal Silva Henríquez, inspirada en el poema del p. Esteban Gumucio: “«La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días… la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días…”.