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P. Juan Crespo: La erradicación de la miseria es una prioridad pero también lo es controlar la corrupción

Los pobres, son los privilegiados de Dios.
XXVI Domingo del Tiempo Ordinario
Homilia de P. Juan Crespo Vicario General
Arquidiócesis de Santa Cruz – Bolivia

Estamos convocados a acoger, proteger, promover e integrar al hermano

Hoy nos unimos a la 105 Jornada Mundial del Migrante y del refugiado, donde el Santo Padre nos a convocado a vivirlo en 4 verbos: Acoger-Proteger-Promover e Integrar al hermano.

Con esta celebración, concluimos el mes de la Biblia y con la realización de la Expo Catequesis y Biblia Arquidiocesana, ha sido un mes enriquecedor  acercándonos a la Palabra de Dios y descubriendo al Dios que camina con su pueblo, haciendo de ella nuevamente vida entre nosotros.  

Así también iniciamos la Semana de Oración de la Hermandad de las Iglesias de Bolivia con las Iglesias de Hildesheim y Tréveris de Alemania, con el Tema: “Cuidando la Creación: “Nuestra Misión, el Cuidado de la Casa Común”, nos unimos a las diversas actividades que se irán realizando.

Una sociedad de consumo es injusta desde todo punto de vista

Este domingo vigésimo sexto del tiempo ordinario resuenan aquellas palabras del Profeta Amos, que nos recuerda las situaciones más escandalosas de la sociedad de consumo.

El profeta de la justicia social sabe advertir contra aquellos que se refugian en un “boom económico” como está viviendo en esos instantes el reino del Norte, Israel, cuya capital, Samaría, era muy lujosa. Una sociedad de consumo es bien injusta desde todos los puntos de vista: los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres en la medida en que el lujo, el dinero, el poder, es sólo de unos pocos. El profeta ante esta realidad no calla, denuncia a aquellos que detentando el poder político de su pueblo y aquellos que tienen el poder económico  abusan impunemente de los más pobres, de los que no tienen voz, de los expulsados de sus países, de los perseguidos, de los descartados, ante una justicia cómplice y corrompida. 

En el rostro de los pobres está el rostro sufriente del Señor

Puebla,  hace 40 años ya describía  cuáles eran los rostros de esos   pobres: rostros de niños golpeados por la pobreza, rostros de jóvenes desorientados y frustrados, rostros de indígenas y afroamericanos marginados, rostros de sub-empleados y desempleados, rostros de marginados y hacinados urbanos en situación de calle, rostros de ancianos abandonados, rostros de migrantes y perseguidos politicos. En estos rostros deberíamos reconocer el rostro sufriente del Señor.

Los falsos profetas camuflan sus realidades torciendo números y estadísticas 

El profeta Amos es un profeta del pueblo, que vive la realidad y denuncia las injusticias que se cometen en contra de ellos, no es como aquellos falsos profetas que viendo no quieren ver o camuflan realidades, torciendo los números y tergiversando  estadísticas. No es de aquellos que piden “apretarse los cinturones”. El pueblo elegido y sus autoridades deben vivir según los criterios de justicia e igualdad para todos. La conciencia crítica de los profetas es una alerta necesaria, que molesta nuestras comodidades, pero son imprescindibles para despertar nuestra conciencia adormecida.  

El empobrecimiento, la deuda, la migración, la quema del amazonas, se realizan por pura ostentación de poder y dinero                                                                                                                               

El evangelio de Lucas en  domingos pasados nos ha ido  planteando cuestiones concretas para los cristianos, como el amor  al dinero o a las riquezas y la actitud que se debe mantener, no se puede servir a Dios y al dinero,  ahora cierra con la famosa parábola del pobre Lázaro y el rico epulón. El rico epulón es el que pone de manifiesto lo que les espera a los que no son capaces de compartir sus riquezas con los pobres. Y no ya solamente dando limosnas, sino que la parábola es mucho más concluyente: la situación de Lázaro se produce por la actitud del que se viste de púrpura y lino y celebra grandes fiestas. Esta  parábola da mucho de sí para hablar hoy más que nunca, de las diferencias sociales; de la ostentación del poder y del dinero, del empobrecimiento mundial, de la deuda que muchos pueblos no pueden soportar, del problema migratorio, de aquellos que no respetan a la naturaleza, incendiando sin medir las consecuencias por puro interés económico y político, provocando el sufrimiento de las comunidades originarias, la fauna y la biodiversidad,  e incluso, de la suerte que les espera a los que son como el rico epulon, el fuego eterno que muchos se lo merecen.

Solo cuando el rico ve que su desgracia es irreversible pretende convertirse. 

La culpabilidad del rico siempre está en oposición a alguien que vive miserablemente, el pobre  a quien él podía haberle sacado de la situación de sufrimiento. De ahí que la figura de Lázaro, el pobre, aparezca en toda la narración como punto de referencia del rico, no solamente mientras están los dos en este mundo, sino muy especialmente en el más allá. Cuando el rico vive su situación de desgracia, ya irreversible,  pide y ruega que Lázaro le refresque su lengua con la punta de sus dedos o que mande para que advierta a sus hermanos,

No se han dado cuenta que el poder atrofia  la mente de los poderosos y que el dinero cierra los corazones de los ricos, “no  se convertirán aunque los muertos resuciten”. 

Los que usan las riquezas solo para si, se cierran al futuro

El abismo que los separa a los ricos con  los pobres, según el evangelista San Lucas quiere poner de manifiesto que  pueden y deben cambiar en el presente. El futuro se hace en el presente y quien sabe cambiar su presente, cambia también el futuro. Este es el objetivo final  de la parábola sobre el rico epulón y el pobre Lázaro. Pero los que usan las riquezas sólo para sí, se están cerrando al futuro.

Solo el hombre cercano a Dios es consciente de lo difícil que es perseverar

Hagamos de las palabras del Apóstol  San Pablo a Timoteo, una llamada de fe, el hombre cercano a Dios es consciente que  es difícil perseverar, ante las tentaciones de otros dioses como el dinero, el poder, el placer, es necesario mantener la perseverancia, abiertos al proyecto de Dios, fundamentados en la justicia, en la solidaridad, en el amor, hasta que llegue la manifestación de la plenitud divina, que se nos ha revelado en Jesucristo.  

La erradicación de la miseria es una prioridad pero también lo es controlar la corrupción

Necesitamos tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de los habitantes, pero también debemos analizar el nivel escandaloso de consumo de algunos sectores privilegiados y controlar mejor la corrupción. La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles se obra con grandes principios y pensando en el bien común; al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación. 

Dios está al lado del pobre. El pobre sabe que Dios no puede abandonarlo

El papa Francisco advierte a aquellos que participan en la exclusión de los más desfavorecidos, construyendo muros y bloqueando puertas, porque Dios está al lado de los pobres y que El hará justicia. Dios “no olvida”. El pobre sabe que Dios no puede abandonarlo.

La fe logra devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida.  

Construyamos una sociedad en la que nadie se sienta extraño en su propia tierra 

Salgamos con la misión de construir una sociedad más justa, más fraterna, donde nadie se sienta extraño en su propia tierra

La opción por lo pobres, por los últimos y descartados, a los que la sociedad desecha, “es una opción prioritaria que los discípulos de Cristo estamos llamados a realizar para no traicionar la credibilidad de la Iglesia y dar esperanza efectiva a tantas personas indefensas”.

Los pobres necesitan de Dios y de nosotros para sentir amor y superar la soledad

Antes que nada, los pobres tienen necesidad de Dios, de su amor hecho visible gracias a personas santas que viven junto a ellos, los que en la sencillez de su vida expresan y ponen de manifiesto la fuerza del amor cristiano.

Los pobres necesitan de nuestras manos para reincorporarse, nuestros corazones para sentir de nuevo el calor del afecto y  nuestra presencia para superar la soledad. Sencillamente, ellos necesitan amor”.