Internacional

O’Malley se revela “totalmente avergonzado” por los “atroces fracasos” de protección de menores

Para el cardenal arzobispo de Boston y presidente de la comisión anti-pederastia del Vaticano, Seán O’Malley, “hay momentos en que las palabras nos fallan”. La repugnante crisis de abusos sexuales en la Iglesia de EEUU, desde el escándalo McCarrick hasta el informe de Pensilvania, es uno de ellos. Es por eso que el prelado ha hecho un llamamiento a que la Iglesia abrace por fin y de verdad la “conversión pastoral”, la “transparencia legal” y la “responsabilidad pastoral”, con el fin de establecerse como referente en la protección de menores, y eso con las propias víctimas de abusos clericales como faros y guías.

Declaración del Cardenal Seán P. O’Malley, OFM, Cap

Arzobispo de Boston

Jueves, 16 agosto 2018.

Hay momentos en que las palabras nos fallan, que capten la profundidad de las abrumadoras situaciones que enfrentamos a veces en la vida. Para la Iglesia Católica en los Estados Unidos, éste es uno de esos momentos.

El reporte final del Gran Jurado de Pensilvania y las vívidas expresiones del horror y el dolor devastador experimentado por los sobrevivientes de los abusos sexuales reportados una vez más desgarran nuestros corazones con lo inimaginable pero que ha sido, al mismo tiempo, la absoluta realidad de quienes han sufrido y continúan sufriendo este dolor. Una vez más escuchamos las crudas experiencias que comparten. Estamos totalmente avergonzados por estos atroces fracasos para proteger a los menores y las personas vulnerables y afirmamos nuestro compromiso de que estos fracasos nunca más se repitan.

Si bien muchos de los que han cometido estos crímenes han sido responsabilizados de una forma u otra por lo que han hecho, aún no hemos establecido en referencia a quienes tienen posición de liderazgo en la Iglesia sistemas claros y transparentes de rendición de cuentas y de las consecuencias de los fallos que han permitido que continúen ocurriendo estos crímenes. La Iglesia debe abrazar la conversión espiritual y exigir transparencia legal y responsabilidad pastoral para todos los que llevan a cabo su misión. Esta transformación no se logra fácilmente, pero en todos los aspectos es imprescindible. La forma en que preparamos a los presbíteros, la forma en que ejercemos el liderazgo pastoral y la forma en que cooperamos con las autoridades civiles; todo esto tiene que ser consistentemente mucho mejor de lo que ha sido hasta el momento.

Como dije anteriormente, hay acciones inmediatas que podemos y debemos hacer. El tiempo corre para todos nosotros que tenemos un liderazgo de la Iglesia. Los católicos y la sociedad civil han perdido la paciencia y la confianza en nosotros. Pero no pierdo de esperanza y no sucumbo en aceptar que nuestros fracasos no pueden corregirse. Como Iglesia tenemos la responsabilidad de ayudar a las personas a no perder la esperanza, como lo hizo Jesús con todos, especialmente en tiempos de gran prueba. Todavía encontramos en la Iglesia signos de mucho bien y bondad, como también en la fe que profesamos, para perder toda la esperanza. A menudo son los propios sobrevivientes quienes, con valentía, nos enseñan que no podemos perder la esperanza.

Aún cuando la Iglesia ha declarado “cero tolerancia” al abuso sexual, comprometiéndose y adoptando programas de defensa y protección para los menores en todas las diócesis del país, la memoria, los recuerdos, la carga que soportan los sobrevivientes y cualquier otro hecho de abuso sexual permanece con la Iglesia. Nunca podemos volvernos complacientes, éste es un trabajo continuo, de por vida, que exige los más altos niveles de atención constantes y una siempre vigilante conciencia.

La crisis que enfrentamos es producto de pecados y fallas clericales. Como Iglesia, la conversión, transparencia y responsabilidad que necesitamos solo es posible con la participación y un liderazgo significativo de los laicos en nuestra Iglesia, hombres y mujeres, personas que pueden aportar su competencia, experiencia y habilidades a la tarea que enfrentamos. Necesitamos la ayuda de los laicos para enfrentar este flagelo en nuestra Iglesia y en nuestro pueblo. Si la Iglesia procede a un reconocimiento profundo de estas realidades, y actúa en consecuencia, el futuro puede brindar la oportunidad de ganarse la confianza y el apoyo de la comunidad de los católicos y de nuestra sociedad. Debemos proceder rápidamente y con un propósito. No hay tiempo que perder.”

Arquidiócesis de Boston. Oficina para el Apoyo Pastoral y Protección de Menores.

A todos los sobrevivientes en la Arquidiócesis de Boston que luchan por procesar su dolor y cuyas heridas se abren especialmente con los informes de Pensilvania, sepan que Vivian Soper, directora de la Oficina para el Apoyo Pastoral y Protección de Menores de la Arquidiócesis, junto a sus colegas, están totalmente disponibles para brindarles asistencia. Los invitamos a comunicarse con Vivian al 617-746-5985. Para los sobrevivientes y sus seres queridos, nuevamente debemos pedir disculpas y pedir perdón. Si bien se ha logrado mucho en la protección de los menores con la participación de los laicos, queda mucho por hacer. Estamos comprometidos con el cumplimiento de esta responsabilidad como una prioridad continua para el trabajo y el bien de la Iglesia.

Un obispo de Pensilvania ofrece su “profundo remordimiento” y “sinceras disculpas”

Por otro lado, un obispo de Pensilvania mencionado en el informe de un jurado investigador sobre casos de curas pederastas dijo el viernes que sentía un “profundo remordimiento” y ofreció sus “sinceras disculpas” a las víctimas.

Durante una misa de perdón, lo primero que hizo el obispo de HarrisburgRonald Gainer, fue leer el primer párrafo del impresionante informe según el cual más de 300 sacerdotes abusaron sexualmente de más de 1.000 niños en seis diócesis de Pensilvania. Cuarenta y cinco de los curas mencionados en el documento habían servido en la diócesis de Harrisburg.

El primer párrafo del informe de casi 900 páginas decía que el jurado investigador conocía la verdad: que el abuso sexual de menores al interior de la Iglesia católica ocurría en todas partes.

“En el nombre de nuestra Iglesia mundial, reitero mi sentida pena y sinceras disculpas a todos los sobrevivientes de abuso sexual cometido por clérigos”, manifestó Gainer.

A pesar de reconocer que la Iglesia enfrenta una “crisis espiritual”, Gainer señaló que la mayoría de los casos de pederastia habían ocurrido hace mucho tiempo. La diócesis ha adoptado “medidas significativas y efectivas para proteger a nuestros niños y expulsar a cualquier persona que pretenda causarles daño”, aseveró.

En el informe, el jurado investigador criticó a Gainer por no exigir que un cura implicado en abuso sexual fuera separado del sacerdocio. En defensa de Gainer, la diócesis señaló que cuando él se convirtió en obispo en 2014 adoptó medidas inmediatas contra ese sacerdote y otro cura.

A principios de agosto, la diócesis dio a conocer los nombres de 71 curas y otros miembros del clero acusados de abuso sexual infantil y señaló que responsabilizaba a todos los obispos de Harrisburg de los últimos 70 años cuyos nombres -anunció- serían retirados de las propiedades de la Iglesia.

Unas 350 personas asistieron el viernes a la misa, una cifra inusualmente grande. Entre ellas estaban Irene Youngman, trabajadora social jubilada, y su pareja, Susan Shebosky, también jubilada, quienes llevaron sendas cajas de puros llenas de listones blancos para distribuirlos en señal de apoyo a las víctimas.

Youngman dijo que estaba tan furiosa cuando se difundió el martes el informe del jurado investigador que se quedó en casa sin ir a misa ese día.

“Hay un gran dejo de traición. Y molestia de que la jerarquía no esté respondiendo”, afirmó. “Espero que el asunto no quede hasta ahí. Que los obispos rindan cuentas”.

El obispo de Harrisburg, Ronald Gainer

Fuente: Periodismo Digital