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Nuestro EDITORIAL: Año nuevo… ¿Vida nueva?

Sentirnos demasiado protagonistas del guión de nuestra vida, sólo servirá para perdernos entre bambalinas. 

Llevamos vividas casi cuatro semanas de este nuevo año. Por aquello del “13”, quienes somos optimistas pensamos que será un año de buena suerte. Preferimos cambiar el “chip” acostumbrado de la superstición. Desde nuestra óptica creyente, católica, tenemos serios motivos -el más importante: la confianza en Dios- para considerar estos recién estrenados doce meses como una estupenda oportunidad para vivir en positivo. Para hacer aventura.

Siempre se dijo al pasar de Diciembre a Enero que “Año nuevo, Vida nueva”. Dicha fórmula supone que fueron varios los compromisos que nos encomendamos al comenzar 2013, con la pretensión de cambiar o mejorar diferentes aspectos de nuestro diario vivir. ¿Lo estaremos consiguiendo?

¿Nos hemos puesto a practicar un poco más de deporte? ¿Dialogamos más y mejor en el hogar? ¿Disminuye la flojera? ¿Ayudamos algo más al pobre de la esquina? ¿Rezamos con más tiempo y fervor? ¿Hemos empezado la lectura de ese libro “tan” interesante?

Algún lector estará pensando: ¡Hombre!, todavía es pronto para hacer balance. No vaya usted tan rápido, por Dios.

Tiene razón. Aunque, ciertamente, casi cuatro semanas nos dan alguna pauta sobre la seriedad de nuestras promesas. Y es que debe ser de sabios el seguir la estela de ese otro refrán, aquí tan oportuno: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Si casi a finales de Enero se nos ocurre dejar esto o aquello para mañana, difícilmente llegaremos airosos al todavía lejano 31 de Diciembre.

¿Tendremos que confiar tanto en nuestras fuerzas? ¿Alcanzaremos la capacidad suficiente para conseguir esos importantes objetivos? ¿Llegará el desánimo, la frustración, incluso la depresión, al comprobar que apenas hemos arañado algún resultado?

Nos parece que debemos aprender a conjugar nuestros talentos, nuestras cualidades, con un sereno “dejar hacer” a Dios. Sentirnos demasiado protagonistas del guión de nuestra vida, sólo servirá para perdernos entre bambalinas. La experiencia de lo vivido nos informa de cómo resulta realmente difícil llegar a realizar lo que nos hemos propuesto. La edad nos desvela, poco a poco, cada una de nuestras limitaciones. Hasta con todas las manías y neurosis que nos acompañan desde la tierna infancia.

Será mejor que nos tomemos con buen humor todo esto. Porque si lo aplicamos a la dimensión espiritual, y dentro de ella a nuestro obligado testimonio de fiel vida cristiana y al apostolado en nuestros ambientes… ¡apañados estamos si no dejamos hacer a Dios y nos consideramos los supermanes, capaces de convertir a las masas!

Quizá el mejor compromiso para 2013 sea aprender a reírnos de nosotros mismos y no considerarnos tan en serio. Podremos así llevar una vida desahogada y en lo humano y en lo espiritual -que en realidad no debemos separarlo- iremos consiguiendo pequeñas metas y grandes consuelos personales y familiares.

En todo caso, que no nos falten actitudes conscientemente positivas y optimistas. Que no nos falten pensamientos equilibrados y serenos. Y, como bien sabemos, elijamos cada mañana la mejor jornada que queramos forjar. Con la humildad y confianza de quien se esfuerza aquí abajo sin dejar de mirar allá arriba, al cielo.

El año nuevo nos trae un Año de la Fe. Y de Nueva Evangelización. El desafío está ante nosotros. Es nuestra hora: para iluminar la familia, el barrio, la ciudad, la comunidad. Para iluminar la vida social y política. Para llamar a alejados, indiferentes y renegados de la Fe.

Con el permiso de nuestros lectores, cambiaremos el título de este Editorial. Nos gusta más así: Año Nuevo… Sí, señor: ¡¡Vida nueva!!