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Mons. Gualberti: Nadie puede puede argüir que su responsabilidad social y política, lo hace superior a los demás

En su Homilía dominical, el Arzobispo de Santa Cruz invitó al pueblo a convertirse y creer en el evangelio a pesar de que la soberbia del hombre rechaza el reino de Dios y pidió que se tenga en cuenta que el proyecto de salvación abarca la liberación del ser humano en todas sus dimensiones, el reino de Dios es amor, igualdad, solidaridad, justicia, equidad en el compartir.

Por otro lado exhortó a todos los bolivianos a entender que nadie puede creer que su oficio, profesión ni responsabilidad social y política es superior a los demás y aprovecharse de ellos, por ello pidió que no guardemos nuestros dones, por el contrario, pongámoslos al servicio del bien común hasta conseguir la realización plena del Reino del Señor.

Mons. Gualberti dijo que el reino de Dios está en marcha pero el tiempo y el cómo solo lo conoce Dios, en ese contexto empleando la parábola de la pequeña semilla convertida en árbol, dijo que el Reino de Dios tiene su propio ritmo y tiempo y crece aunque nosotros estemos dormidos.

Por otro lado Mons. Gualberti expresó que la semilla más pequeña parte el terreno y sale a la luz y se convierte en “la más grande de todas las hortalizas”. De esa manera es que el reino de Dios es como un arbusto que da cobijo a todos, es la semilla del amor que no hace ruido como la muerte para captar audiencia

El Arzobispo fue crítico al expresar que el plan de Dios considera al poder como un servicio a la vida, persona y bien común y no al servicio del interés económico ni el poder. Por ello instó a los ciudadanos a comprender que una sociedad sin ética ni valores y con ídolos fabricados se esfuma como niebla al sol. En cambio el plan de Dios hace grandes cosas en lo pequeño e insignificante del mundo. Haciendo un parangón con la semilla del reino de Dios en nuestra vida dijo que cuando crece es incontenible.

Al concluir su Homilía Mons. Sergio rememoró las palabras de Jesús: “Venga a nosotros tu Reino”

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti

Pronunciada el 17 de junio de 2018

En la Catedral de Santa Cruz

 

  • Conviértanse y crean en el evangelio
  • La soberbia del hombre rechaza el reino de Dios
  • El proyecto de salvación abarca la liberación del ser humano en todas sus dimensiones
  • El reino de dios es amor, igualdad, solidaridad, justicia, equidad en el compartir
  • Nadie puede creerse superior a los demás y aprovecharse de ellos
  • No guardemos nuestros dones, pongámoslos al servicio del bien común
  • Aun falta mucho para la realización plena del Reino del Señor
  • El reino de Dios está en marcha pero el tiempo y el cómo solo lo conoce Dios
  • La parábola de la pequeña semilla convertida en árbol, nos enseña que el Reino de Dios tiene su propio ritmo y tiempo
  • El Reino de Dios crece aunque nosotros estemos dormidos
  • La semilla más pequeña parte el terreno y sale a la luz
  • El reino de Dios da cobijo a todos
  • La semilla del amor no hace ruido como la muerte para captar audiencia
  • El plan de Dios considera al poder como un servicio a la vida, persona y bien común
  • Una sociedad sin ética ni valores y con ídolos fabricados se esfuma como niebla al sol
  • El plan de Dios hace grandes cosas en lo pequeño e insignificante del mundo
  • La semilla del reino de Dios en nuestra vida es incontenible
  • Venga a nosotros tu Reino

 

Conviértanse y crean en el evangelio

El Evangelio de hoy nos ofrece dos breves parábolas de Jesús: la de la semilla que, una vez sembrada, crece por sí misma y la del pequeño grano de mostaza. A través de estas imágenes del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio del Reino de Dios, tema central de su misión como indican sus primeras palabras públicas: “El plazo está vencido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.

La soberbia del hombre rechaza el reino de Dios

Ya se han terminado los largos siglos de espera, la promesa de la llegada del Mesías se ha cumplido: el mismo Jesús es el enviado del Padre con la misión de re-instaurar el reino de Dios, el plan inicial del Padre que contemplaba su señorío sobre la humanidad y el universo, proyecto rechazado por la soberbia del hombre con el pecado original.

El proyecto de salvación abarca la liberación del ser humano en todas sus dimensiones

Jesús a lo largo de toda su vida pública se dedicó a anunciar y hacer presente el reinado de Dios el proyecto de salvación que abarca todas las dimensiones del ser humano y que encontrará su plenitud en el encuentro definitivo con el Padre. Un designio que contempla la liberación del pecado, del mal y de todas clases de esclavitud y la participación de la misma vida de Dios.

El reino de dios es amor, igualdad, solidaridad, justicia, equidad en el compartir

El reinado de Dios, es la gran novedad de la historia, el misterio real y grandioso que Jesús ha puesto a nuestro alcance, que se hace presente en el mundo y en cada persona que lo acoge con sencillez de corazón. Con el reino de Dios, inician nuevas relaciones de amor de nosotros con Dios como Padre, de igualdad y solidaridad entre todos los hombres como hermanos y de justicia y equidad en el compartir los bienes del mundo.

Nadie puede creerse superior a los demás y aprovecharse de ellos

En este plan se fundamentan la igual dignidad de toda persona, el respeto de sus derechos y de su libertad. Según esta visión de Dios, nadie puede esgrimir argumento alguno, ni las dotes personales, ni el dinero, ni el oficio o profesión ni la responsabilidad social y política, para creerse superior a los demás y aprovecharse de ellos.

No guardemos nuestros dones, pongámoslos al servicio del bien común

Todo lo que somos y tenemos, nuestras dotes y capacidades, son dones que Dios nos ha dado, no para guardarlos de manera egoísta para nosotros mismos, sino para ponerlos al servicio del bien común y de los demás y complementarnos y enriquecernos mutuamente.

Aun falta mucho para la realización plena del Reino del Señor

El reinado de Dios presentado por Jesús es un plan que nos cautiva y que nos hace vislumbrar como el inicio de un nuevo paraíso terrenal. Sin embargo han pasado 2000 años y todavía vemos que falta mucho para su realización plena. Esta supuesta tardanza hace surgir preguntas y dudas acerca de la palabra del Señor, en particular en nosotros que somos hijos de la generación del ahora y todo, apurados en ver sus frutos prodigiosos y abundantes en un santiamén.

El reino de Dios está en marcha pero el tiempo y el cómo solo lo conoce Dios

Parece que estas eran también las expectativas de la gente del tiempo de Jesús; que Dios actuara de una vez por todas y con mano fuerte, que interviniera para hacer justicia, defender a los pobres y poner orden premiando a los buenos y castigando a los malos. A través de las dos parábolas, Jesús responde que el Reino de Dios está realmente en marcha, pero que el tiempo y el cómo se va realizando, solo los conoce el Padre. La semilla de la vida sin fin y de la salvación sembrada por Dios ya está en medio de nosotros y no deja de crecer porque tiene el dinamismo interior y la fuerza imparable del mismo Dios.

La parábola de la pequeña semilla convertida en árbol, nos enseña que el Reino de Dios tiene su propio ritmo y tiempo

El ejemplo de la pequeña semilla que crece lenta y silenciosamente de día y de noche hasta hacerse árbol sin que nosotros nos percatemos ni podamos intervenir para acelerar los tiempos, nos enseña que el Reino de Dios, tiene su ritmo y tiempo de crecimiento que escapa a nuestro conocimiento.

El Reino de Dios crece aunque nosotros estemos dormidos

Esta realidad no nos debe hacer caer en la tentación de la ansiedad y de la desconfianza en la fuerza del Evangelio. Por el contrario, es un estímulo a tener fe en la palabra del Señor y a asumir con serenidad y confianza el hecho de que el Reino de Dios crece aunque nosotros estemos dormidos y crece por su fuerza cómo y cuándo Él quiere.

La semilla más pequeña parte el terreno y sale a la luz

Es lo que Jesús nos enseña con la segunda comparación del grano de mostaza, el más pequeño de todas las semillas que, sin embargo, está lleno de vida y hace nacer un brote que parte el terreno, sale a la luz del sol, crece y se convierte en “la más grande de todas las hortalizas”.

El reino de Dios da cobijo a todos

El Reino de Dios es como la semillita que se vuelve arbusto y que da sombra y cobijo a todos los que tienen espíritu de pobres, a los que no cuentan en la sociedad, a los sufridos y necesitados, a los que ponen su confianza no en sí mismos sino en Dios, a los humildes y sencillos y a los que trabajan por el bien común, la justicia y la paz.

La semilla del amor no hace ruido como la muerte para captar audiencia

Todo esto parece pasar desapercibido en nuestro mundo, porque la semilla del bien, del amor y de la solidaridad que crece en el silencio y la oscuridad no hace tanto ruido como el mal, la violencia, la guerra y la muerte, hechos a menudo magnificados por los medios de comunicación con la sola finalidad de captar audiencia sin importar el influjo negativo que puedan causar.

El plan de Dios considera al poder como un servicio a la vida, persona y bien común

Ciertamente el plan de Dios, que encierra lo grande en lo pequeño y la eternidad en un instante y que considera al poder como un servicio a la vida, a la persona y al bien común, no es fácil de entender por la cultura y la sociedad actual donde se pone al centro el interés económico y el poder buscados con todos los medios lícitos o ilícitos y donde se recurre a la propaganda altisonante y engañosa e incluso al uso de la fuerza.

Una sociedad sin ética ni valores y con ídolos fabricados se esfuma como niebla al sol

Una sociedad que carece de referencias éticas y de los valores humanos y cristianos, que se caracteriza por la superficialidad, que descarta sin rubor a los que no producen, que se fabrica ídolos y mitos de un día que se ensalzan rápidamente y que más rápidamente aún se esfuman como niebla al sol.

El plan de Dios hace grandes cosas en lo pequeño e insignificante del mundo

Las pequeñas parábolas de hoy nos llaman a un cambio radical en nuestra manera de pensar y actuar, a dejar los planes del mundo y a acogernos al plan de Dios que hace grandes cosas en lo pequeño, sencillo e insignificante del mundo, como las maravillas que realizó en la pequeñez y humildad de la Virgen María.

La semilla del reino de Dios en nuestra vida es incontenible

Jesús hoy nos invita a participar del momento de la siembra de la semilla del reino de Dios en nuestra vida y en los hechos de cada día, confiados de que nuestro trabajo dará mucho fruto, porque el crecimiento de la semilla es incontenible y está asegurado hasta la cosecha final por el Señor al momento en el que establecerá a plenitud y definitivamente su Reino.

Venga a nosotros tu Reino

Esta certeza nos llena confianza y nos anima a entregar nuestra vida con generosidad y fidelidad al servicio del Reino de Dios y a pedirlo con las mismas palabras que Jesús nos enseñó: “Venga a nosotros tu Reino”. Amén