Análisis Santa Cruz

Monseñor Roberto Flock: Visión Espiritual en Quebradas Oscuras

Cuarto Domingo de Cuaresma – 22 de marzo de 2020

Visión Espiritual en Quebradas Oscuras

Queridos hermanos,

Hoy celebramos la Santa Misa como nunca, al estar aquí sin una congregación visible, y para la mayoría de Ustedes que nos acompañen por los medios de comunicación, es quizás también una experiencia nueva. Es una medida necesaria por motivo del Coronavirus. No podemos arriesgar la salud de la población. ¿Qué luces nos ofrece la Palabra de Dios en semejantes circunstancias?

En primer lugar, encuentro consuelo en el Salmo Responsorial: “El Señor es mi pastor, nada me faltará”. “¡Tú me preparas una mesa frente al enemigo!” Aunque consideramos este virus potencialmente mortal nuestro enemigo, el Salmo se refiere a otro enemigo peor, qué es Satanás. Además de la mesa Eucarística que tenemos aquí en el templo, ustedes tienen la mesa familiar, y quizás por motivo del virus, su familia está unida y reunida de manera más completa hoy. Si estás rodeado por personas que quieres y que te quieren, darle las gracias a Dios en sintonía con la Misa que celebramos aquí en la Catedral. Aunque estemos detrás de puertas cerradas, como en el lugar donde Jesús celebró la Última Cena, y luego apareció resucitado, Jesús está presente. Y si su familia comparte este momento de oración, entonces vale lo que Jesús dijo: “Donde dos o tres se reúne en mi nombre, allí estoy yo en medio de ustedes.”

“El Señor es mi pastor… El me guía por el recto camino por su inmensa bondad. Aunque cruce por oscuras quebradas, ningún mal temeré. Me siento seguro, Señor, porque tú estás conmigo.” Esta cuarentena que vivimos es por cierto una quebrada oscura que compartimos con toda la humanidad. La muerte que todos experimentaremos pronto o tarde, ojalá tarde, es la quebrada más oscura. Pero, aun así, podemos decir: “Ningún mal temeré. Me siento seguro, Señor, porque tú estás conmigo”. Esto no significa echar la prudencia por la ventana. Voy a cumplir con la cuarentena y otras medidas necesarias, pero venga lo que venga, voy a pasar por esta quebrada caminando con el Señor.

Al encontrarse con un hombre ciego desde su nacimiento, los discípulos preguntan: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» Pues se supone que semejante desgracia es un castigo. Pero al sufrir la discapacidad desde su nacimiento, obviamente, no había cometido un pecado antes. Entonces, deben culpar a sus padres. Jesús rechaza esta teología. La desgracia no es un castigo. “Nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.” En primer, el regalo de la visión física, y luego poco a poco una visión espiritual, hasta que, provocado por los fariseos, va profundizando su fe en Jesús al punto que se postra ante él, aunque sufre insultos y es excomulgado de la sinagoga.

Si el Señor nos da a nosotros un poco de esta visión espiritual, entonces nosotros también podemos ver que la pandemia de coronavirus, no es un castigo, sino una ocasión para manifestar las obras de Dios. ¿Y qué serán estas obras?

No hay que pensar en un milagro que desafía la ciencia, la física o la medicina. Pero de repente habrá un milagro que desafía la imaginación.

De hecho, por primera vez en la historia del mundo, la humanidad entera está en una lucha conjunta contra un enemigo común. Esta lucha requiere de cooperación internacional. No me refiero solamente a colaboraciones como es el suministro de barbijos, ventiladores y otras cosas para países pobres. En esta lucha, las naciones están compartiendo su experiencia y sus avances en la comprensión de la enfermedad y como combatirlo. Ojalá que no solamente logremos resultados en tiempo récord; que sea un nuevo paradigma de solidaridad y cooperación que se vaya aplicando a tantas otras aflicciones que padece la humanidad. Que, en vez de guerras costosas y destructivas que dejan ciclos interminables de resentimiento y venganza, haya esfuerzos conjuntos que nos convierte en amigos y aliados.

Se ha observado en Venecia, donde hace tiempo hay cuarentena, que el mar es más limpio y hay peces y delfines nadando en sus canales. Los niveles de contaminación atmosférica han bajado mucho en todos los lugares donde se ha cortado las actividades normales. Obviamente no se puede paralizar la economía indefinidamente, pero este respiro para el planeta nos puede enseñar que es posibles aliviar el medio ambiente de tanto abuso, y que hacerlo trae beneficios al todo el mundo. El Señor nos están mostrando que podemos cuidar la Casa Común.

Una de las medidas para evitar el contagio es el llamado “distanciamiento social”. Un experto dijo, debemos actuar como si ya estamos contagiados, haciendo todo para no pasar este mal a otros. De hecho, es un buen consejo frente a ese virus que sabemos nos infecta a todos: el pecado. Conscientes de nuestra condición, sabemos por un lado que necesitamos a Dios. Por otro lado, es muy fácil contagiar a otros con el pecado. Hay que evitarlo. Y si por Coronavirus somos privados del toque humano acostumbrado, empezamos a valorar la cercanía de compañeros, amigos y familiares, con quienes no podemos vivir sanamente. Nuestra quebrada oscura nos hace reflexionar sobre qué es el amor a Dios y al prójimo.

Y finalmente, alejados de nuestros templos, con este ayuno espiritual, que crezca en nosotros una sed para la Palabra consoladora de Dios, un hambre por la misericordia divina. El Señor nos provoque una sed para el vino mejor y para el pan de vida eterna. Es decir, un hambre y sed por la calidad de vida que resulta cuando Jesús es parte integral de las familias y de la familia humana.

“El Señor es mi pastor. ¿Qué me puede faltar? En praderas cubiertas de verdor Él me hace descansar. Me conduce a las aguas de quietud y repara mis fuerzas.”