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Mons. Sergio Gualberti: Sembremos con buenas obras nuestro camino Cuaresmal

En su Homilia dominical, Mons. Sergio Gualberti indicó que Frente al pecado y tinieblas surge la Alianza entre Dios e Israel para afrontar el El pecado que es disgregador y que siembra violencia y muerte, en el entendido que Dios es fiel a la alianza con su pueblo a pesar de que el pueblo en su ceguera se burla de la palabra profética.

En ese contexto el Arzobispo expresó que el pecado arrastra a todos al abismo, incluso a los inocentes, pero Dios nos quiere libres del pecado y la muerte ya que cuando estábamos muertos por el pecado Dios nos revive con Cristo, en ese contexto Dios nos envio a su hijo para que el mundo se salvo por Él, a partir de esa entrega, nosotros construimos la luz o la tiniebla, nuestra salvacion o condena para nuestras vidas pero debemos tener en cuenta que la cruz es signo de amor y fue con la cruz que Dios se nos ha hecho cercano. En consecuencia, la fe en el crucificado se testimonia con una vida personal y comunitaria coherente con la luz del Señor, de esa manera podemos decir Yo soy cristiano, solo porque creo que Dios me ama.

Por otro lado Mons. Gualberti invito al Pueblo de Dios a sumarse a la iniciativa denominada “24 horas para el Señor” que fue promovida por el Santo Padre y que consiste en la adoración del Santísimo y la confesión sacramental que se realizaran los días viernes 16 y sábado 17 de marzo en todas las parroquias de Santa Cruz.  Al concluir su homilía, Mons. Gualberti exhortó a los fieles a que sembremos con buenas obras nuestro camino cuaresmal.

 

Homilia de Mons. Sergio Gualberti

Arzobispo de Santa Cruz

Pronunciada el 11 de marzo de 2018

Frente al pecado y tinieblas surge la Alianza entre Dios e Israel

El pecado es disgregador, siembra violencia y muerte

Dios es fiel a la alianza con su pueblo

El pueblo en su ceguera se burla de la palabra profética

El pecado arrastra a todos al abismo, incluso a los inocentes

Dios nos quiere libres del pecado y la muerte

Cuando estábamos muertos por el pecado Dios nos revive con Cristo

Dios nos envio a su hijo para que el mundo se salve por Él

Nosostros construimos la luz o la tiniebla, nuestra salvacion o condena

La cruz es signo de amor

Con la cruz Dios se nos ha hecho cercano

La fe en el crucificado se testimonia con una vida personal y comunitaria coherente con la luz del Señor

Yo soy cristiano, solo porque creo que Dios me ama

24 horas para el Señor

Sembremos con buenas obras nuestro camino cuaresmal

Frente al pecado y tinieblas surge la Alianza entre Dios e Israel

La primera lectura de hoy nos habla de la Alianza estrechada entre Dios y el pueblo de Israel, una relación caracterizada siempre por la contraposición entre la fidelidad de Dios e infidelidad del pueblo, entre misericordia y pecado, entre luz y tinieblas, entre muerte y vida: “Todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando todas las abominaciones de los paganos”.

El pecado es disgregador, siembra violencia y muerte

No se trata de un pecado ocasional, sino de un estado de infidelidad y de idolatría, de abandono de la fe en Dios para seguir a los falsos dioses con graves consecuencias religiosas pero también sociales. Se había instaurado en Israel un sistema perverso sin referencia ética, donde imperaba la injusticia, las luchas fratricidas, las divisiones y la opresión de los pobres. El pecado no sólo aleja de Dios, sino que es una terrible fuerza disgregadora de la sociedad que siembra violencia y muerte.

Dios es fiel a la alianza con su pueblo

A pesar de tanta traición y de tanta maldad, Dios, en fidelidad a la Alianza, intentó corregir ese rumbo equivocado a través de los profetas: “El Señor, les llamó constantemente la atención por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo pero ellos vejaban a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas…”.

El pueblo en su ceguera se burla de la palabra profética

Dios “tenía compasión”, porque de verdad amaba al pueblo de Israel, por eso no escatimó esfuerzos para salvarlo. Sin embargo el pueblo en su ceguera se burló de la palabra de los profetas, provocando así la catástrofe total del país. El ejército de los babilonios derribó las murallas de Jerusalén, destruyó la ciudad y el templo, símbolo de la religión y de la identidad del pueblo, sembró desolación y muerte por doquier y deportó a los supervivientes como esclavos.

El pecado arrastra a todos al abismo, incluso a los inocentes

El potencial de muerte que encierra el pecado es terrible, arrastra a todos en el abismo, incluso a los inocentes. Pero, cuando la suerte de los judíos parecía echada para siempre, Dios por medio de un pagano, el rey Ciro de Persia, intervino, los restituyó la libertad y los devolvió a su tierra, después de 50 años de destierro.

Dios nos quiere libres del pecado y la muerte

El amor de Dios hacia el pueblo de Israel, es una muestra de su amor sin límites para con todos nosotros sus criaturas. Él no nos quiere esclavos del pecado y la muerte, por el contrario quiere nuestra vida y que seamos libres de toda clase de males, como nos dice el Evangelio: “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo Único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna”.

Cuando estábamos muertos por el pecado Dios nos revive con Cristo

La misericordia y el amor de Dios hacia el hombre alcanzan su punto culminante con la entrega de su Hijo al mundo, como lo reafirma con fuerza San Pablo en la carta a los cristianos de Éfeso: “Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa del pecado, nos hizo revivir con Cristo”.

Dios nos envio a su hijo para que el mundo se salve por Él

El amor de Dios hacia nosotros es una realidad cierta y no una promesa futura: “Dios amó tanto al mundo… por el gran amor con que nos amó. El corazón de la muerte y resurrección de Jesús, es el amor gratuito de Dios que envió a su Hijo para salvarnos y no para juzgarnos. “Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

Nosostros construimos la luz o la tiniebla, nuestra salvacion o condena

Podríamos decir que no es tanto Dios que nos juzga, sino que nosotros mismos nos juzgamos ya que nosotros  tenemos la responsabilidad de acogerlo o rechazarlo.

Con el rechazo o con la aceptación del amor manifestado en Jesucristo, nosotros construimos la luz o la tiniebla, nuestra salvación o la condena. “El que no cree, ya está condenado”. Los incrédulos en la Biblia, son los que optan y se apegan conscientemente al mal y que aman a las tinieblas. El pecado que no tiene perdón, no consiste tanto en hacer el mal, esto puede pasar por debilidad o por un error, sino de amar al mal, de elegir libremente a las tinieblas y cerrarse al amor y a la evidencia de la luz y de la verdad.

La cruz es signo de amor

El que cree en Él no es condenado”. En contraste con los que optan por el mal, están los que creen en Dios. Pero, ¿la fe en que cosa? En ese acto extremo de amor que Jesucristo crucificado nos ha manifestado en toda su profundidad. La cruz no es solo signo de humillación, sufrimiento y dolor, sino sobre todo signo de amor que no puede dejarnos indiferentes y que despierta en nosotros, gratitud y atracción: “Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan vida eterna”. Aquí está la opción fundamental para cada uno de nosotros; nuestra suerte depende de nuestra aceptación o rechazo del amor de Dios revelado en el Crucificado.

Con la cruz Dios se nos ha hecho cercano

 “Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Elevado en la cruz, pero también elevado en la gloria del Padre, porque la resurrección está íntimamente unida a la cruz. El Hijo de Dios clavado en la cruz cambia nuestra imagen de un Dios juez implacable e inmisericorde por un Dios que se nos ha hecho cercano, que pone a nuestro alcance la luz, la vida y la salvación y que nos fortalece para que podamos “obrar conforme a la verdad”.

La fe en el crucificado se testimonia con una vida personal y comunitaria coherente con la luz del Señor

Actuar con libertad interior, amar a la verdad y a la justicia, son las condiciones indispensables para ver y caminar hacia la luz del Señor, para permear paulatinamente todos los ámbitos de nuestra existencia y cumplir “buenas obras”.

Por tanto, el medio privilegiado para confesar nuestra fe en el Crucificado, es el testimonio coherente de nuestra vida personal y comunitaria y son las obras hechas a la luz de los auténticos valores evangélicos del amor, la libertad, la solidaridad, la justicia y la paz.

Yo soy cristiano, solo porque creo que Dios me ama

Hoy la Palabra de Dios nos invita a elevar nuestra mirada hacia Cristo crucificado, a dejarnos atraer por él y a ver en él al rostro verdadero del Padre “que es rico en misericordia”. Si hacemos un poco de silencio interior y revisamos con sinceridad nuestra vida, podemos darnos cuenta que en verdad Dios nos ha amado y que nos ha perdonado una y otra vez a pesar de nuestras infidelidades. Por eso, cada uno de nosotros podría decir: “Yo soy cristiano, solo porque creo que Dios me ama”.

24 horas para el Señor

Para que vivamos una vez más esta experiencia del amor gratuito de Dios, el Papa Francisco ha lanzado la iniciativa de las “24 Horas para el Señor“, a la luz de las palabras del Salmo 130, 4: “De ti procede el perdón“. En nuestras parroquias, durante los próximos viernes 16 y sábado 17 se ofrecerá la posibilidad de la adoración del Santísimo, así como de la confesión sacramental, mientras que en la Catedral será el miércoles santo.

Sembremos con buenas obras nuestro camino cuaresmal

Acojamos con total disponibilidad esta iniciativa del Santo Padre para que, renovados por el amor misericordioso de Dios, vayamos renovando nuestra fe y sembrando con buenas obras nuestro camino cuaresmal y podamos así alcanzar la alegría plena de la Pascua. 

Amén