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Mons. Gualberti: Las resistencias se vencen con amor, el lenguaje que todos entienden y tiene poder de transformar

Monseñor Gualberti

En su homilía dominical, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Gualberti continuó la reflexión que inició el anterior domingo sobre el discurso del pan de vida y rememoró al pueblo Judío que se resistió y escandalizó ante el Hijo de Dios hecho uno de nosotros, menos en el pecado.

Al respecto Mons. Gualberti explicó que las resistencias se vencen con amor, el lenguaje que todos entienden y tiene poder de transformar, en ese contexto planteó que nuestra respuesta en condición de hijos de Dios, tiene que ser amor filial, no miedo ni temor pues Jesús es vida y se entrega en sacrificio para que todos tengan vida eterna.

Mons. Gualberti indicó que Jesús el enviado del Padre se ofrece a los que creen en Él como pan de vida, de felicidad y de infinito. Asimismo dijo que para alcanzar la fe no basta el solo esfuerzo humano, es necesario pedirla con humildad a Dios.

Al referirse al itinerario que debe seguir todo Cristiano, explicó que el camino de la fe es largo y arduo pero Jesús el pan de vida nos fortalece hasta la meta. Asimismo indicó que Dios no abandonó al profeta Elías, le dio fuerza para superar la tentación de abandonar la misión. A pesar de ello, el profeta se sintió abandonado en el exilio y le pidió a Dios que le quite la vida pero Dios le dio pan para seguir su camino. Otro objetivo de Dios por el que no abandonó al profeta, por el contrario lo levantó de la frustración y renovó sus esperanzas, fue para que continúe la lucha contra la idolatría.

Mons. Gualberti indicó que si acogemos la invitación de Jesus seguiremos la travesía sin desfallecer hacia la vida sin fin, por ello debemos alegrarnos pues con la Eucaristía, Jesús ha dejado el pan de vida al alcance de todos.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti

Arzobispo de Santa Cruz

12 de agosto de 2018

  • Se escandalizan ante el Hijo de Dios hecho uno de nosotros, menos en el pecado
  • Las resistencias se vencen con amor, el lenguaje que todos entienden y tiene poder de transformar
  • Nuestra respuesta en condición de hijos de Dios, tiene que ser amor filial, no miedo ni temor
  • Jesús es vida y se entrega en sacrificio para que todos tengan vida eterna
  • El hijo de Dios se ofrece a los que creen en Él como pan de vida, de felicidad y de infinito
  • Para alcanzar la fe no basta el solo esfuerzo humano, es necesario pedirla con humildad a Dios
  • El camino de la fe es largo y arduo pero Jesús el pan de vida nos fortalece hasta la meta
  • Dios no abandona al profeta, le da fuerza para superar la tentación de abandonar la misión
  • El profeta Elias abandonado en el exilio pide a Dios que le quite la vida pero Dios le da pan para seguir su camino
  • Dios no abandona al profeta, le da fuerza y energías para continuar la lucha contra la idolatría
  • Si acogemos la invitación de Jesus seguiremos la travesía sin desfallecer hacia la vida sin fin
  • Debemos alegrarnos pues con la Eucaristía, Jesús ha dejado el pan de vida al alcance de todos

Continuamos este Domingo la reflexión sobre el discurso del pan de vida con el que Jesús, después de la multiplicación de los panes, procura despertar la fe de la gente en él como Hijo de Dios.

Se escandalizan ante el Hijo de Dios hecho uno de nosotros, menos en el pecado

Es una misión casi imposible, de hecho los judíos ante la afirmación de Jesús, “Yo soy el pan bajado del cielo”, murmuran y se escandalizan. ¿Con qué atrevimiento y arrogancia Jesús proclama que sus orígenes son divinos, cuando su aspecto es totalmente igual al de cualquier otra persona, un hombre entre tantos otros? Además es conocida su familia terrenal, su padre José y su madre María. Si de verdad Jesús hubiera bajado del cielo, se mostraría resplandeciente y majestuoso y de manera extraordinaria, al igual que Dios cuando entregó el decálogo a Moisés en el Sinaí pero seguramente no como un simple artesano aldeano. También hoy hay quienes se escandalizan ante el Hijo de Dios que ha asumido naturaleza humana y se ha hecho en todo uno de nosotros, menos en el pecado.

Las resistencias se vencen con amor, el lenguaje que todos entienden y tiene poder de transformar

Encerrados en su concepción religiosa ellos no pueden captar la acción del Espíritu que les permitiría descubrir la verdadera identidad de Jesús: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió. El que cree en mi tiene vida eterna”. Por eso, solamente aquel que tiene fe y se deja atraer por el Padre, alcanza a reconocer que Jesús es el Hijo de Dios, y que por Jesús también él se hace hijo de Dios, puede encontrarse personalmente con Él y gozar desde ya de la vida eterna. ¿Con qué fuerza nos atrae Dios y vence nuestras resistencias? Con el amor; el lenguaje universal que todo ser humano entiende y que tiene el poder de transformar.

Nuestra respuesta en condición de hijos de Dios, tiene que ser amor filial, no miedo ni temor

Ante el amor del Padre también nuestra respuesta tiene que ser el amor, siguiendo a Jesús que vive la comunión plena y total con el Padre: ”Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios”. Los cristianos, al tomar consciencia de nuestra condición de hijos de Dios, tenemos que actuar y relacionarnos con Él como hijos, una relación de amor filial y no de miedo ni temor, una actitud de apertura y de escucha de Dios: “Todo el que oye al Padre y recibe su enseñanza viene a mí”.

Jesús es vida y se entrega en sacrificio para que todos tengan vida eterna

A este testimonio Jesús hace seguir unas declaraciones que amplían y profundizan su mensaje: “Yo soy el pan de VidaYo soy el pan vivo bajado del cielo… Yo daré mi carne para la Vida del mundo… el pan es mi carne”. Yo daré...y Yo Soy” con estas afirmaciones solemnes propias y exclusivas de Dios Jesús reafirma que él es el pan de vida, que el pan de vida es su carne, que él es el don que se entrega en sacrificio para que todos tengan vida eterna.

El hijo de Dios se ofrece a los que creen en Él como pan de vida, de felicidad y de infinito

Jesús con estas palabras pide a los testigos de la multiplicación de los panes, que no se queden en el signo exterior y en el alimento material, sino que de el paso de la fe y que crean que él es el enviado del Padre, que se ha rebajado de su condición divina, que se ofrece a todos como el pan de Vida, y que toda persona que cree en Él tiene acceso a la Vida eterna y verdadera, al alimento que sacia nuestra hambre de felicidad y de infinito.

Para alcanzar la fe no basta el solo esfuerzo humano, es necesario pedirla con humildad a Dios

Sin embargo, la fe es un don de Dios y para alcanzarla no basta el solo esfuerzo humano, es necesario que se lo pidamos ardientemente y con humildad a Dios.

El camino de la fe es largo y arduo pero Jesús el pan de vida nos fortalece hasta la meta

El camino de la fe es largo y arduo, entre logros y fracasos, entre alegrías y sufrimientos y entre esperanzas y cansancios, pero sabemos que ante cualquier percance y dificultad podemos alimentarnos de Jesús, el pan de vida que nos fortalece y acompaña hasta alcanzar la meta.

Dios no abandona al profeta, le da fuerza para superar la tentación de abandonar la misión

La 1ª lectura nos ofrece un maravilloso ejemplo de la cercanía de Dios que como Padre no abandona al profeta Elías y le provee el alimento que le da la fuerza para superar la tentación de abandonar la misión. Elías está huyendo de la reina Jezabel que busca matarlo en venganza porque el profeta, en su cometido de preservar la fe en el Dios verdadero en Israel, había eliminado los sacerdotes del dios Baal, culto impuesto por la reina a la fuerza y con mucha violencia, al punto que ya quedaban muy pocos israelitas fieles a Dios y a los mandamientos.

El profeta Elias abandonado en el exilio pide a Dios que le quite la vida pero Dios le da pan para seguir su camino

Elías, perseguido, emprende el largo camino del exilio en pleno desierto, hacia el Monte Horeb o Sinaí, el lugar sagrado de los orígenes de la fe verdadera, donde Dios se había revelado a Moisés, le había entregado las tablas del Decálogo y había estrechado la alianza con todo el pueblo de Israel.

Después de un día entero de camino en el desierto, Elías se sienta bajo una retama, totalmente solo y abandonado, agobiado y desanimado por el fracaso de su misión. Ya no aguanta más su situación, no tiene ya las fuerzas para luchar y sufrir más y llega al extremo de pedir a Dios: ”¡Quítame la vida!¡Basta ya, Señor!” Luego, totalmente agotado, se queda dormido. Pero un ángel del Señor, por dos veces, lo despierta, le presenta un pan y le manda comer: ”Porque todavía te queda mucho por caminar”.

Dios no abandona al profeta, le da fuerza y energías para continuar la lucha contra la idolatría

Elías obedece, come, se levanta y se pone en camino durante “cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios”. Esos cuarenta días de camino por el desierto, simbolizan las grandes pruebas por las que Elías ha tenido que pasar y las tinieblas de un futuro sin esperanza. El pan que el Ángel le ofrece es signo de que Dios está a su lado, que no lo abandona y que le proporciona las fuerzas y energías para levantarse de esa situación de frustración y desesperación, renovar sus esperanzas, volver a Israel con una fe renovada en el Dios verdadero y continuar la lucha en contra de la idolatría.

Si acogemos la invitación de Jesus seguiremos la travesía sin desfallecer hacia la vida sin fin

Cómo Elías también nosotros en nuestra vida pasamos por tantas pruebas, a veces el horizonte se hace nebuloso, nos parece que estamos solos, sin esperanzas y abandonados por Dios y caemos en la tentación de perder la fe y dejarlo todo. Pero, justamente en esos momentos, si somos cristianos verdaderos, acogeremos la invitación de Jesús a levantarnos, acercarnos y alimentarnos de Él, el pan de vida que nos da la fuerza y, como el profeta Elías, podremos seguir la travesía del desierto de la vida sin desfallecer y superando toda prueba en nuestro camino de fe hacia la vida sin fin.

Debemos alegrarnos pues con la Eucaristía, Jesús ha dejado el pan de vida al alcance de todos

El pan de Vida, no es inaccesible a nadie, por el contrario Jesús, con la institución de la Eucaristía, nos lo ha dejado al alcance de todos. La conciencia de haber sido privilegiados con este don tiene que despertar en nosotros sentimientos de alegría y gratitud y, al mismo tiempo, animarnos a acercarnos a la mesa del pan de vida y a entregar generosamente también nosotros nuestra vida para Dios y para los demás. Amén