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Mons. Robert Flock: “Jesús es el Salvador de todos, y de yapa, tienen a la Virgen María como Madre Protectora”.

“Dios dice: Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos, no se limita a los judíos”.
“Dios revela su justicia al resucitar gloriosamente a Jesús”.
“En la Alianza Nueva y Eterna los holocaustos y sacrificios fueron sustituidos por el sacrificio único de Jesucristo”.
“Cuando se busca una justicia que no sea de Dios, el resultado es como estos encuentros políticos donde convierten las sillas en armas”.
“Jesús mira, no a las cosas externas sino el alma”.
“Hay pueblos y personas que todavía no acogen a Cristo, prefieren su propio reino sobre el Reino de Dios”.
“Cuando el Espíritu Santo baja sobre los Apóstoles, experimentan un milagro que señala la universalidad del mensaje cristiano”.
“San Pablo provoca los celos de sus hermanos de raza, con la esperanza de salvar a alguno de ellos”.
 
Homilía de Mons. Robert Flock
Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco
19 Domingo del Tiempo Ordinario — 20 de agosto del 2023
¡Que los pueblos te den gracias, Señor!

 

Queridos hermanos,

 

“Dios dice: Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos, no se limita a los judíos”.

Las lecturas de la Misa hoy apuntan todas a la universalidad de proyecto de Dios para la humanidad y por consiguiente la catolicidad de nuestra fe cristiana. Por ejemplo: en la primera lectura del Profeta Isaías, Dios dice: “mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos”. En otras palabras, no se limita a los judíos. Esta extraordinaria afirmación proviene de una época por lo menos cinco siglos antes de Cristo. Se introduce con una exhortación para “Observar el derecho y practicar la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia.”

 

“Dios revela su justicia al resucitar gloriosamente a Jesús”.

Es precisamente por medio de Jesucristo que llega la salvación y por medio de Jesús que se revela la justicia de Dios; no solamente con sus enseñanzas, sobre todo con su Cruz y Resurrección. La salvación llega, porque Jesús perdona desde la cruz donde el sufre la injusticia malévola humana, y Dios revela su justicia al resucitar gloriosamente a Jesús y constituyéndolo como Juez de vivos y muertos.

 

“En la Alianza Nueva y Eterna los holocaustos y sacrificios fueron sustituidos por el sacrificio único de Jesucristo”.

Isaías profetizaba que “a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza, Yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar”. Es lo que ha sucedido en todo el mundo por medio de los misioneros que salieron para anunciar el nombre de Jesús. Solo que Isaías no se dio cuenta que iba a haber una Alianza Nueva y Eterna, y que los holocaustos y sacrificios de aquel entonces, serían sustituidos por el sacrificio único de Jesucristo. Por esto rezamos en la Santa Misa para que “este sacrificio, mi y de ustedes, sea agradable a Dios Padre Todopoderoso”, y esto “Para nuestro bien y el bien de toda la Iglesia”.

 

¿Qué es lo que hace agradable nuestro sacrificio? Primero es el hecho de que consiste en ofrecer lo que Jesús mismo ofreció al Padre, el Cuerpo y la Sangre de Cristo para el perdón de los pecados y para pactar la Alianza Nueva y Eterna.

Segundo, el este sacrificio es agradable porque somos el Pueblo de Dios comprometido con el proyecto de Dios: “Buscan primero el Reino de Dios y su Justicia y todo lo demás se le dará por añadidura.” (Mt 6,33).

 

“Cuando se busca una justicia que no sea de Dios, el resultado es como estos encuentros políticos donde convierten las sillas en armas”.

En cambio, quienes buscan otra justicia y otro reino, no pueden confiar en qué su culto sea agradable, ni en que recibirán las bendiciones que Dios nos ofrece. Cuando se busca una justicia que no sea de Dios, el resultado es como estos encuentros políticos donde convierten las sillas en armas, de manera que no pueden siquiera sentarse después para compartir un banquete como hermanos.

 

“Jesús mira, no a las cosas externas sino el alma”.

Hablando de banquetes, nos sorprende la escena del Evangelio, donde Jesús fue convertido, por decir, con el argumento de la mujer pagana, precisamente para que pudiera ella y su hija compartir el banquete del Reino. En un principio, Jesús no quiere atender su pedido, explicando: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Cuando insiste, la respuesta de Jesús parece un insulto: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Si alguien dijera esto hoy en día sería juzgado por racismo y discriminación. Sin embargo, con su persistencia y con su argumento sobre las migajas, Jesús mira, no a las cosas externas, como el hecho de que ella no es judía, y se fija en su alma: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!». Hay escenas similares con el centurión, con la samaritana y con supuestos “pecadores”.

 

“Hay pueblos y personas que todavía no acogen a Cristo, prefieren su propio reino sobre el Reino de Dios”.

Así, al dar el gran mandato misionero a los Apóstoles, Jesús les dice: «Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Y en esto estamos todavía, pues, hay pueblos y personas que todavía no acogen a Cristo, y que prefieren a su propio reino sobre el Reino de Dios.

 

“Cuando el Espíritu Santo baja sobre los Apóstoles, experimentan un milagro que señala la universalidad del mensaje cristiano”.

El día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo baja sobre los Apóstoles, precisamente para que puedan cumplir su misión, los presentes experimenten un milagro que señala la universalidad del mensaje cristiano. Hay gente presente de todas partes y que hablan diferentes idiomas. Pero cuando los Apóstoles, que son todos de Galilea, empiezan a hablar, la gente los escucha y los entiende como si fueron hablando su propia lengua. Es exactamente lo contrario de la torre de Babel, donde por desobedecer a Dios, el hablar se convierte en una cacofonía de gritones.

 

“San Pablo provoca los celos de sus hermanos de raza, con la esperanza de salvar a alguno de ellos”.

Tiempo después, viene otro milagro para asegurar la universalidad de predicación misionera. Saulo, fariseo fanático y enloquecido contra lo que considera la secta de los que sigan el camino (como dice los Hechos de los Apóstoles”, es tumbado de su caballo por la luz de Cristo precisamente para ser convertido en San Pablo, el mayor Apóstol de las naciones y razas de entonces. De esto nos habla en la segunda lectura: “A ustedes, que son de origen pagano, les aseguro que, en mi condición de Apóstol de los paganos, hago honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de salvar a algunos de ellos.”

 

“Jesús es el Salvador de todos, y de yapa, tienen a la Virgen María como Madre Protectora”.

Finalmente, queridos hermanos, hay un fenómeno milagroso durante la historia de la Evangelización, que proclama a todo el mundo, que la fe en Cristo es para todos los pueblos. Me refiero a las apariciones y milagros de la Santísima Virgen María. La Virgen de Guadalupe, la Virgen de Urkupiña, La Virgen de Lourdes y de Fátima, de Cotoca y de Chochis, de Monserrat, de Czestochowa, de Lujan, de Knock, de Caacupé, de Aparecida, de Akita, de She Shan. Se ha hecho presente entre todos los pueblos y razas del mundo para que sepan que Jesús es el Salvador de todos, y de yapa, tienen a la Virgen María como Madre protectora.

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