Análisis Reflexión Dominical

Mons. Jesús Pérez: “El patrono de los párrocos: San Juan María Vianney”

San Juan María Vianney

Hoy, celebramos al Patrono de los sacerdotes que son párrocos, san Juan María Vianney.  Este Santo párroco, aunque no aprobó ningún examen en los estudios, ni para la ordenación, ni para  ser párroco, ni para confesar, el obispo lo ordenó de sacerdote, le dio el permiso para confesar y lo hizo párroco del pequeño pueblo de Ars, en Francia, porque los informes del seminario y de los examinadores decían que era un hombre de mucho sentido común y parecía un santo. Todos tenemos un párroco que debe ser padre y pastor de creyentes y no creyentes, de todos los feligreses de la parroquia que le ha sido encomendada. Hoy es un día para felicitar a nuestros párrocos, y también para orar por ellos. Un consejo de este viejo, que les escribe: Los chismes destruyen y la oración  eleva. Una palabra de felicitación y de aliento manifiesta tu fe y tu amor. ¿Qué harás hoy y cada día para ser miembro vivo de tu parroquia, a pesar de las limitaciones de tu párroco? El cura de Ars se convirtió para Francia en el gran párroco y confesor del mundo.

Con motivo de la solicitud, que hace  a Jesús, un hombre con problemas de  herencia con su hermano, le sirvió para dar maravillosas enseñanzas.  Enseñanzas respecto al uso de los bienes materiales. Jesús nos advierte de la excesiva ambición de los bienes materiales, “guárdense de toda clase de codicia”, porque la vida “no depende de nuestros bienes”. La parábola que Jesús  nos da en el evangelio de hoy, es sumamente expresiva: el campesino que sueña ampliar sus graneros porque la cosecha ha siso abundante.  Esto produce una gran alegría y felicidad. El consejo de Cristo  avisa que Dios le llamó a una mayor sabiduría, “esta noche te van a exigir la vida, y lo que has acumulado, ¿de quién será? Parece un eco de la pregunta del Qohelet: ¿qué saca el hombre de todos sus trabajos? Jesús apostilla: lo  que has acumulado, ¿de quién será? Les invito a leer la primera lectura tomada de Qohelet (Eclesiastés).

El retrato que hizo Cristo del rico insensato no pierde actualidad. Es muy conciso. La lección es muy clara, desde la visión de fe, y nos invita al desapego del dinero, porque no es un valor absoluto ni humana ni cristianamente. Una de las idolatrías que sigue siendo muy actual, en la sociedad entera y, también entre los cristianos, es el dinero o plata. Jesús no nos está invitando a despreciar los bienes materiales, pero sí, a no esclavizarnos por ellos. No condena a los ricos o sus riquezas, pero sí, nos dice que no caigamos en la idolatría, en la obsesión de los bienes materiales. Lo que nos dice claramente es, “guárdense de toda clase de codicia.”.

Jesús era pobre, pero no vivía en extrema pobreza, cosa que san Francisco de Asís sí. El patrono de los párrocos también vivió en extrema pobreza.  Cocinaba papas dos veces por semana, esa era su alimentación diaria. No está invitando Jesús a ese género de vida de Francisco de Asís  ni de san Juan María Vianney. Pablo en la segunda lectura nos invita a poner toda nuestra preocupación en los bienes del cielo: “Busquen los bienes de allá arriba… aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra”. No olvidemos que nuestra riqueza es Cristo. “Él, es todo en todos”-

Sucre, 4 de agosto de 2019

Fray Jesús Pérez Rodríguez, OFM.

Arzobispo emérito de Sucre

[Imagen: cancionnueva.com.es]