Análisis Reflexión Dominical

Mons. Jesús Pérez: “El Día del Señor”

Día del Señor
La reunión  del domingo o Día del Señor es un momento de privilegio, de honor y de alegría en torno a Cristo resucitado, en el que escuchamos la Palabra de Dios, participamos del sacrificio pascual y ensayamos la asamblea definitiva del cielo.

Durante esta semana, llamada octava de Pascua, hemos cantado con mucha alegría: “Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Es el segundo domingo de Pascua. Tanto hoy como el domingo pasado, san Juan, en su evangelio,  nos ha narrado estas dos apariciones de Jesús resucitado, estando reunidos los apóstoles, podríamos decir, a la espera de que Jesús haya resucitado, pues cuando fueron al sepulcro lo encontraron abierto y sin  el cuerpo del amado Maestro.

Estas dos primeras apariciones, aparecen como una catequesis del Día del Señor. Las dos apariciones se leen juntas este segundo domingo de Pascua, en el evangelio de  Juan. Jesús resucitó en domingo, y, al anochecer se aparece a sus discípulos a quienes reúne y une,  que les ha dejado en testamento  que se reúnan y celebre la Cena del Señor. Para nosotros cada domingo es Pascua. La Pascua anual en su celebración, es muchos años después, pues ya los apóstoles y discípulos  venían celebrando la Pascua en cada domingo. La Pascua anual nace de la Pascua del domingo.

La reunión  del domingo o Día del Señor es un momento de privilegio, de honor y de alegría en torno a Cristo resucitado, en el que escuchamos la Palabra de Dios, participamos del sacrificio pascual y ensayamos la asamblea definitiva del cielo. Vale también  lo que ha sido lema y consigna desde el principio de la Iglesia: “La comunidad del Señor” se reúne el “Día del Señor “, para celebrar la “Cena del Señor”. Ser fieles al mandato de Cristo, “hagan esto en memoria mía”, en la convocatoria que nos hace el Señor cada domingo, viene a ser como una garantía de que los cristianos seguiremos viviendo en comunión con Cristo, en nuestra permanencia a su comunidad y firmes en la fe.

La celebración de la misa o eucaristía no solo es la relación personal con y en Cristo con Dios Padre, sino tiene también la dimensión de estar con los hermanos formando la asamblea del pueblo de Dios. La eucaristía está instituida para ser celebrada con todos los hermanos. Es una pena que haya católicos que se pongan en el templo a la hora de celebrar la misa, solos en un banco. Es una falta grave  no ponerse cerca a los hermanos, lo que  hacemos cuando en cualquier casa a la hora de comer, hay que hacerlo también cuando celebramos la misa.  No hay verdadera asamblea, si nuestras relaciones con los demás no son efectivas y afectivas, por eso, Tomás no vio al Señor resucitado. Jesús se vuelve a aparecer a los discípulos, no por sus méritos, sino por el gran amor del Maestro a sus discípulos. Jesús también ahora está presente en su Iglesia, no por nuestra santidad o méritos personales, cuanto para santificarnos y hacernos santos. Recordemos las palabras de Jesús, “donde dos más se reúnan en mi nombre, allí estoy yo”.

Sucre, 28 de abril de 2019

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo  emérito de Sucre

[Imagen: unlaicocubano.cubava.cu]