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Mons. Jesús Juárez: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó…”

Este domingo ha sido feliz en la Iglesia particular que peregrina en Sucre. El Arzobispo Juárez celebró sus 30 años de ordenación episcopal.

Lo hizo en la Eucaristía dominical de las 9:00 h. en la Catedral Metropolitana, acompañado del Obispo Auxiliar, Mons. Bittschi, el emérito Mons. Jesús Pérez, algunos sacerdotes que pudieron concelebrar, seminaristas, monaguillos y un nutrido número de fieles, consagrados y laicos, que quisieron felicitarle. No faltaron jóvenes colegiales de las Unidades Educativas del Arzobispado.

Además, todos los domingos la Misa se hace presente en muchos hogares de la capital gracias a la señal de Católica TV.

Con voz un poco apagada, debido a un inoportuno resfrío, pero con su acostumbrado talante alegre y optimista, subrayó en la homilía las palabras de Isaías, de la Primera Lectura de la liturgia, en que el profeta se siente amado por Dios y llamado a su misión desde el vientre materno.

Palabras que hizo suyas, al sentirse llamado al ministerio episcopal, y que animó a repetir en voz alta a los asistentes para que, igualmente, las reconozcan como experiencia de su vida de Fe.

Consagrado Obispo un 18 de Junio de 1988, pasó a ser Auxiliar de La Paz, encargado de la Vicaría que entonces era la ciudad de El Alto, hasta que San Juan Pablo II le encomendó la conducción de esa nueva Diócesis, como Obispo titular.

La figura de Juan Bautista, protagonista de la Solemnidad litúrgica de este Domingo, le sirvió a Mons. Jesús para dar importancia al significado de su nombre, Juan, término extraño para sus vecinos. Pero nombre que contiene la consigna de reflejar al Dios lleno de misericordia que bien supo manifestar en su bautismo de penitencia, impartido en las aguas del Jordán.

Pidió a todos ser testimonio y luz en su familia, en la escuela, el sindicato, la universidad y todos los lugares que frecuenten.

Nos falta valentía y agresividad, en el buen sentido de la palabra, para dar testimonio en la vida como lo hizo Juan el Bautista, el profeta que no tuvo miedo de decir la verdad. Por eso fue condenado a morir degollado…, señaló el Arzobispo.

Además, pidió denunciar la corrupción, el hacinamiento en las cárceles, la triste suerte de los presos sin sentencia o de quienes cumplieron condena, pero siguen presos. De aquellos que son perseguidos por pensar de distinta forma. Denunciar el tráfico de influencias, así como la trata de personas.

Terminada la Eucaristía, hacia las 11:00 h. de la mañana Mons. Juárez compartió unos minutos de encuentro fraterno, en ambientes del Arzobispado, con representantes de las distintas familias religiosas que trabajan en la ciudad.

Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.

[Fuente: Infodecom]

[Imagen: Correo del Sur]