Santa Cruz

Mons. Gualberti: En Bolivia, la administración de la justicia corrupta y servil causa división, tensión y sufrimiento

En su Homilía Dominical, el Arzobispo de Santa Cruz rememoró el Amor del que habló Jesús y movió a Dios a entregar a su hijo único al mundo para la salvación de todo aquel que en El cree. Al respecto lamentó que el verdadero amor se hubiera devaluado y hoy se confunde con cualquier sentimiento, emoción, pasión. En ese contexto destacó que el amor por excelencia fascina por su encanto y se manifiesta en bien, verdad y belleza. Por otro lado indicó que para permanecer en el verdadero amor no tenemos que inventar ni buscar nada, solo cumplir el mandato “Ámense los unos a los otros” y aseveró que ese es el mandato más liberador del mundo.

Mons. Gualberti dijo que si una persona vive una vida feliz y serena es indicio de avance y preparación para dar frutos de bien y de amor. Al respecto remarcó que todos estamos llamados a vivir felices, Dios no hace distinción de personas, todo ciudadano que le tema y practique la justicia le es grato. Lo único que debemos hacer para agradar a Dios es remover del corazón todo lo que nos divide en nuestras relaciones con los demás, no solo cuando creemos en Él sino también cuando practicamos la justicia con todos.

Con relación a la administración de la Justicia en nuestro país, el Arzobispo fue enfático al afirmar que la Iglesia se hace eco del clamor del pueblo ante la administración de la justicia corrupta, amañada, politizada, servil y denunció que ésta es la causa de tantas divisiones, tensiones y sufrimientos. En consecuencia Mons. Gualberti exhortó al Pueblo de Dios a entender que no puede haber paz hasta que no se restablezca una justicia libre, independiente e imparcial. Finalmente indicó que esta tarea exige valentía y esfuerzo e hizo conocer su palabra de aliento ya que el mandamiento del amor abre horizontes de esperanza a las víctimas de la injusticia.

Homilia de Mons. Sergio Gualberti

Arzobispo de Santa Cruz

Pronunciada el domingo 6 de mayo de 2018

Catedral de San Lorenzo Mártir

  • El verdadero amor se ha devaluado y se confunde con cualquier sentimiento, emoción, pasión
  • El amor por excelencia fascina por su encanto y se manifiesta en bien, verdad y belleza
  • Para permanecer en el verdadero amor no tenemos que inventar ni buscar nada
  • “Ámense los unos a los otros” es el mandato más liberador del mundo
  • El que ama como Jesús, se hace servidor de todos, privilegia a los pobres, busca al descarriado, perdona al que lo crucifica
  • En el amor del hijo de Dios no hay uno que manda y otro que cumple, solo hay amistad en igualdad sincera
  • Una vida feliz y serena es indicio de avance y preparacion para dar frutos de bien y de amor
  • Dios no hace distinción de personas, todo ciudadano que le tema y practique la justicia le es grato.
  • Debemos remover del corazon todo lo que nos divide en nuestras relaciones con los demás
  • Agradamos a Dios cuando creemos en Él pero tambien cuando practicamos la justicia con todos
  • La Iglesia se hace eco del clamor del pueblo ante la administración de la justicia corrupta, amañada y servil
  • No puede haber paz hasta que no se restablezca una justicia libre, independiente e imparcial
  • El mandamiento del amor abre horizontes de esperanza a las víctimas de la injusticia

El verdadero amor se ha devaluado y se confunde con cualquier sentimiento, emoción, pasión

«Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor». Estas palabras maravillosas de Jesús nos deberían llenar de estupor y alegría, sin embargo a menudo nos pasan desapercibidas y nos deja indiferentes. Tal vez porque no hemos tenido una experiencia de verdadero amor o porque la palabra amor hoy se ha devaluado y se confunde con sentimiento, emoción, pasión y cualquier otra cosa. El amor del que habla Jesús, es lo que ha movido Dios a entregar a su Hijo único al mundo para nuestra salvación y lo que ha impulsado al mismo Jesús a la entrega total de su vida hasta la muerte en cruz.

El amor por excelencia fascina por su encanto y se manifiesta en bien, verdad y belleza

Es el «amor de comunión de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo», del que somos partícipes por la libre iniciativa de Dios, amor de profunda unión de voluntades, de correspondencia de intentos y entrega recíproca y total. San Juan, en 2da lectura que hemos escuchado, resume en dos palabras este misterio: “Dios es amor”, el Amor por excelencia y en sumo grado que nos fascina por su encanto y que se manifiesta en el bien, la verdad y la belleza.

Para permanecer en el verdadero amor no tenemos que inventar ni buscar nada

Tan solo el hecho de saber que hemos recibido este don, debería movernos a amar a Dios como enamorados, con gratitud y alegría. Lo asombroso es que Jesús además nos indica también el camino para sumergirnos en esa corriente de amor: «Permanezcan en mí amor». No tenemos que inventar ni buscar nada, porque ya estamos inmersos en su amor, sencillamente tenemos que quedarnos en él y dejarnos amar, y no huir ni abandonarlo.

“Ámense los unos a los otros” es el mandato más liberador del mundo

Pero, a veces nuestra respuesta es otra: elegimos amores secundarios y falsos, nos apegamos a bienes ilusorios y pasajeros que nos dejan vacíos e insatisfechos u optamos por encerrarnos en la esterilidad egoísta de nuestro propio yo. Ante esta realidad, Jesús, como buen maestro, nos indica cómo hacer para no caer en esas tentaciones y para que el amor a Dios no se quede en puro sentimiento, sino que se vuelva realidad en nuestra vida: «Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado». Jesús nos habla de un mandato, no al estilo de una ley humana que se nos impone por una voluntad ajena, sino que brota desde nuestro corazón agradecido y cautivado ante tanto amor del Señor que nos hace felices de «deber» amar. En este caso, sí podemos hablar de mandamiento del amor, pero el mandato más liberador del mundo.

El que ama como Jesús, se hace servidor de todos, privilegia a los pobres, busca al descarriado, perdona al que lo crucifica

Ámense los unos a los otros”, Jesús no nos pide amar sencillamente a los otros, sino amar y ser amados, un amor recíproco, de ida y de vuelta, de dar y de recibir, fuente de la felicidad plena. Como yo los he amado”. Amarnos como él nos ama gratuita y libremente, que acoge y se hace servidor de todos, que privilegia a los pobres y descartados de la sociedad, que busca la oveja descarriada y que perdona a los que, también hoy, lo crucifican.

En el amor del hijo de Dios no hay uno que manda y otro que cumple, solo hay amistad en igualdad sincera

El Hijo de Dios, no por nuestros méritos, ni por esperar recompensa, nos ama al punto de hacerse uno de nosotros para liberarnos de la esclavitud y para que podamos ser sus amigos: “Ya no los llamo siervos… Yo los llamo amigos”. Una amistad en igualdad como la de dos amigos, donde no hay uno que manda y el otro cumple. Jesús quiere ser nuestro amigo sincero que entrega su vida, como máxima prueba de amor y que comparte con nosotros todo lo que el Padre le ha dado a conocer sin ocultarnos nada. «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos».

Una vida feliz y serena es indicio de avance y preparacion para dar frutos de bien y de amor

Y todo esto para nuestra alegría “Para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto”, no cualquier gozo sino el suyo “mi gozo”. Una vida feliz y serena, nos indica que estamos avanzando por el buen camino y que estamos preparados para dar frutos de bien y de amor. “Yo los he elegido a Uds. para que den fruto”. Dar fruto, siguiendo su ejemplo y amando con obras concretas y no de palabras.

Dios no hace distinción de personas, todo ciudadano que le tema y practique la justicia le es grato.

La 1ªa lectura presenta un ejemplo de estos frutos: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace distinción de persona, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato”. El apóstol Pedro, que se había dedicado a anunciar el Evangelio solo en medio de los judíos, movido por el Espíritu del Señor, se convierte, se libera de los prejuicios y prohibiciones del judaísmo, que impedía cualquier contacto con los paganos, y entra en la casa del capitán romano Cornelio. Mientras está predicando, el Espíritu Santo desciende sobre Cornelio y su familia, hecho que mueve a Pedro a bautizarlos a todos a pesar de que son paganos, dando así un paso decisivo para que la Iglesia se abra y la salvación alcance a toda la humanidad.

Debemos remover del corazon todo lo que nos divide en nuestras relaciones con los demás

«Dios no hace distinción de personas». Como Pedro nosotros también debemos dar fruto desterrando toda clase de distinción, discriminación y exclusión, porque Dios nos ama a todos por igual como hijos suyos. Es urgente que en nuestras relaciones con los demás, tanto a nivel personal como social, lleguemos a remover de nuestro corazón y de nuestra vida todo lo que nos divide: racismo, discriminación, intolerancia, sospechas, desconfianzas y enfrentamientos.

Agradamos a Dios cuando creemos en Él pero tambien cuando practicamos la justicia con todos

Pero sobre todo es necesario que trabajemos denodadamente para construir puentes de acercamiento, encuentro, diálogo y fraternidad, sobre la base de la justicia, la libertad y la verdad. El «que teme a Dios y practica la justicia le es grato». Llama la atención como Jesús pone en relación el temor a Dios y la práctica de la justicia. Tememos y agradamos a Dios cuando creemos en Él, acatamos su palabra y cumplimos voluntad, pero también cuando somos personas rectas y de bien que practican la justicia con todos, con una especial atención a los más abandonados e indefensos.

La Iglesia se hace eco del clamor del pueblo ante la administración de la justicia corrupta, amañada y servil

Practicar la justicia entonces no es solo un acto humano, es también una expresión de fe en Dios. Esta es el motivo profundo que impulsa a nuestra Iglesia a hacerse eco del clamor que se eleva en nuestro país ante la administración de la justicia corrupta, amañada, politizada y servil y que causa tantas divisiones, tensiones y sufrimientos.

No puede haber paz hasta que no se restablezca una justicia libre, independiente e imparcial

No puede ni podrá haber reconciliación y paz hasta que no se restablezca una justicia libre, independiente, imparcial y transparente en el respeto de las personas, de su dignidad y sus derechos.

El mandamiento del amor abre horizontes de esperanza a las víctimas de la injusticia

Es una tarea que exige valentía y esfuerzos sincero. Jesús nos ofrece una ayuda con la palabra firme y orientadora del mandamiento nuevo del Amor, que abre a horizontes de esperanza, en particular a las víctimas de la injusticia: “Lo que Yo les mando es que se amen los unos a los otros“.

Asumamos con gozo la invitación de Jesús en señal de gratitud y correspondencia a Dios por el don gratuito de su amor y vayamos a compartirlo con los demás con alegría y entrega generosa. Amén

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