El primer “espíritu maligno” más preocupante es el estilo de vida consumista.
El segundo “espíritu maligno” es la prisa constante.
El tercer “espíritu inmundo” es el lavado de cerebro que hacen los medios de comunicación.
El otro “espíritu del mal” que vale la pena eliminar es la esquizofrenia religiosa.
Homilía del Obispo Auxiliar de Santa Cruz de la Sierra
Mons. Estanislao Dowlaszewizc, OFM Conv
Basílica Menor San Lorenzo Catedral Metropolitana
Domingo 28 de enero 2024
El hombre moderno necesita hoy de una curación
Hace una semana el Evangelio de Marcos nos habló sobre el llamado de los primeros cuatro apóstoles. La misión de ellos era construir, junto con Jesús, la comunidad de los creyentes. (Mc 1,16-20).
Siguiendo la lectura de Marcos, el evangelio de este domingo empieza la narración de la actividad milagrosa de Jesús. El primero de los milagros narrados por Marcos es un exorcismo, acaecido en la sinagoga de Cafarnaún, donde Jesús lleva a cabo la expulsión de un espíritu inmundo de un hombre poseído (Mc 1,21-27).
Tal como leíamos el domingo pasado, inmediatamente antes Jesús había anunciado la proximidad inminente del Reinado de Dios. Ahora parece que las obras milagrosas de Jesús están orientadas a mostrar esa cercanía, aunque no todavía su plena manifestación.
El próximo domingo escucharemos la curación de la suegra de Pedro (Mc 1,29-31), la curación de muchos enfermos (Mc 1,32-34) y la oración de Jesús en un lugar solitario (Mc 1:35-39).
Marcos recopila información transmitida oralmente, que luego une para crear una estructura sólida de la historia terrenal de Jesús porque las comunidades cristianas necesitaban despertar nuevamente la memoria de Jesús e instrucciones claras sobre qué hacer.
El evangelio de hoy presenta claramente a Cristo que expulsa los espíritus malignos y así sana al hombre. Esta escena tan elocuente tiene una profunda resonancia existencial, porque el hombre moderno es extremadamente susceptible a diversos tipos de lesiones y enfermedades de la civilización.
De hecho, cada vez hay más preocupación y tristeza en la vida del hombre moderno. Cada vez más a menudo sucumbe a muchos “espíritus inmundos” que le quitan la alegría de vivir.
Vale la pena comprender esto en la perspectiva del Evangelio de hoy.
El primer “espíritu maligno” más preocupante es el estilo de vida consumista.
Acumulamos bienes materiales mientras nos sentimos insaciables. Por tanto, el hombre moderno experimenta un estado que se puede llamar “muy poco tengo”, tengo muy poco dinero, me pagaron muy poco, me aprecian muy poco, mis perspectivas de desarrollo son demasiado pequeñas en comparación con las de los demás. Este estado de insatisfacción se convierte en una “bacteria escondida” que ataca el espíritu humano. No hay lugar para Dios ni para los asuntos internos de la persona. Uno se obsesiona por tener más y más.
El segundo “espíritu maligno” es la prisa constante.
El hombre del siglo XXI se convierte en esclavo del tiempo. Incluso un niño pequeño cuando se le pide ayuda para ordenar la casa responde que no tiene tiempo. La falta de reflexión sobre uno mismo y sobre la vida desacraliza a la persona. En su estilo de existencia no hay lugar para la oración, la vida sacramental, ni la lectura de la Sagrada Escritura. El virus de la prisa destruye el interior humano, y una persona sin la vida interior se vuelve vacía y peligrosa para sí misma y para los demás.
El tercer “espíritu inmundo” es el lavado de cerebro que hacen los medios de comunicación.
Las horas que pasan frente al televisor, viendo las telenovelas u otros programas que no enriquecen espiritualmente a las personas, actualmente pasamos mucho tiempo en frente a la computadora, significan que los niños, jóvenes y mayores solo pueden mirar, y escuchar se vuelve aburrido, poco atractivo y simplemente innecesario. Miles de piezas de información, anuncios adormecedores y el peligroso veneno de la libertad ilimitada hacen que el hombre moderno sea susceptible a la manipulación.
El “espíritu inmundo” también se manifiesta cuando los medios de comunicación en su oficio, se rigen por el sensacionalismo
Que lleva a manipular inescrupulosamente la noticia, a magnificar el escándalo, mostrando y describiendo imágenes y textos morbosos y violentos, que denigran a la dignidad de las personas y llegan incluso a provocar la muerte civil. Esta manera de informar, responde a intereses mercantilistas o políticos, traicionando la vocación y misión del periodismo que está llamado a buscar y presentar la verdad objetiva de los hechos.
El otro “espíritu del mal” que vale la pena eliminar es la esquizofrenia religiosa.
Muchas personas se consideran creyentes, pero tratan las verdades de la fe y la moral de forma selectiva, lo que a mi me conviene. Algunas personas pueden practicar malabarismos con maestría, eludiendo hábilmente a los mandamientos de Dios.
Esta esquizofrenia se manifiesta también en el acercamiento a la Iglesia. Por un lado, hay respeto y muchas palabras hermosas hacia el sacerdote, pero por otro, mucho sarcasmo, ironía, desconfianza y acusaciones infundadas. ¿Dónde podemos encontrar el amor cristiano ágape o amor generoso?
Y hay otro “espíritu maligno” extremadamente peligroso (además de muchos otros). En el mundo moderno, la familia vive una crisis cada vez mayor.
La indiferencia se convierte en este “espíritu inmundo“. Cada vez escuchamos más a menudo lamentaciones, lágrimas y enojos relacionados con una familia en la que no hay felicidad, ni sensación de seguridad.
Los lazos familiares desaparecen, los seres queridos se vuelven extraños y el cuidado y la ternura son bienes racionados. Una familia enferma cría generaciones enfermas y esto crea una sociedad enferma.
En nuestros tiempos también son muchas las personas que, rechazando a Cristo, le hacen una pregunta susurrada: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret?
Estimulados por la fe, no podemos sucumbir a la gran ola de ideologías anticristianas que devastan el mundo desde hace siglos.
Por tanto, no tengamos miedo de preguntarle a Cristo ¿qué quiere de nosotros?
Pero pidamos no dudar de Él, sino conocer verdaderamente Su voluntad para nuestras vidas.
Una vez que recibamos esta gracia del Espíritu Santo, intentemos con todas nuestras fuerzas cumplir lo que Jesús nos propone.
Recordemos que Él no nos pide que hagamos cosas imposibles o inalcanzables. Sólo pide: sígueme y cumple mis mandamientos.
Sígueme y aprende a amar a Dios y a tu prójimo. Sígueme para aprender la humildad, la pureza y la dignidad del sufrimiento.
Sígueme para aprender a ofrecer tu vida por el prójimo.
Esto es lo que Cristo quiere de nosotros. Si cumplimos Su misión en cada momento de nuestra vida, alcanzaremos el ideal de santidad al que cada uno de nosotros está llamado.
Vale la pena prestar atención a estas palabras, porque la lucha contra nuestros “espíritus inmundos” debe comenzar con una oración ferviente y constante. “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá” (Mt 7,7). AMÉN


