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“Mi sueño es ser sacerdote y mi orgullo, ser hijo de campesinos”

“No sé si Cartes sabe que mi papá vende su mandioca a G. 100 el kilo y de eso debe pagar el flete, a su ayudante y mantener a su familia. ¿Cómo llamarlos haraganes y sinvergüenzas?”, indicó Amado Florentín (20), hijo de campesinos, quien salió de su casa a los 14 años en busca de mejores oportunidades.

Amado se reencontró con su padre, Francisco Florentín (54), en la Plaza de Armas, durante la movilización campesina, luego de más de tres meses de no verlo. El joven nació y creció en Caaguazú, pero a los 14 años viajó a Caazapá para estudiar en una escuela agropecuaria. Con los años, descubrió que su verdadera vocación era ser sacerdote.

“Hace 4 años que vine a Asunción, estoy haciendo la primera etapa para la vida de sacerdocio; soy estudiante de Filosofía. No es nada fácil salir de casa, cuando puedo voy a visitarles y ya me es difícil separarme de ellos nuevamente”, señaló el joven.

Don Florentín no es dirigente campesino, pero es uno de los fundadores de la comunidad ubicada en el distrito de Yhu, donde ahora están asentadas cientos de familias que se dedican a la agricultura. El padre de Amado, hace 20 años estuvo preso por luchar por esas tierras. “Mi papá siempre fue un ejemplo para mí. Cuando nosotros éramos pequeños, él trabajaba solito en la chacra; nos mantenía a todos sin quejarse nunca. Mirándole, aprendí los mejores valores. Siempre fue un padre dedicado, nunca lo vi por la calle bebiendo ni peleando con nadie”, manifestó.

Enfermedad

Desde el primer día, don Florentín estuvo acampando en la plaza. Luego de dos semanas, se vio obligado a volver a su casa. Dormir en el piso, sin colchones, despertar bajo el sereno de la mañana y marchar bajo la lluvia, lo debilitó bastante. Las pastillas no fueron suficientes contra la fuerte gripe, que estuvo acompañado de fiebre y tos.

“Mi papá fue a recuperar fuerzas. Nadie está por gusto en la plaza, como dice pa´i Oliva; los que piensan eso son las personas que nunca se han sentado al lado de un campesino a tomar ni siquiera un tereré. Y los senadores, ¿cuántos de ellos se han bajado a escucharlos en la plaza?, es fácil hablar cuando no están metiendo la mano en el plato de comida de tus hijos todos los días”. Amado, junto a otros compañeros de la Congregación de los Scalabriniano, del Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos, llevaron su apoyo a los campesinos que exigen al Gobierno la condonación de deudas de pequeños productores.