Internacional

Mensaje final del XX Encuentro Latinoamericano de Responsables Nacionales de Pastoral Juvenil

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“Los jóvenes somos Tierra Sagrada, el ahora de Dios” es el lema que nos ha reunido en el XX ELARNPJ en Lima, Perú, del 18 al 22 de noviembre de 2019, y aceptamos el desafío de descalzarnos para, con respeto y delicadeza, ser la Iglesia Joven que está en sintonía con las necesidades de los pueblos. Invitamos a todos a pasar de la presencia a la existencia, es decir, que haya una verdadera comunión y participación en donde esté presente la preocupación, la cercanía y acompañamiento de toda la Iglesia a la juventud.

Reconocemos la necesidad de una Iglesia que opta por un trabajo intergeneracional donde “los ancianos tendrán sueños y los jóvenes verán visiones”1, todos con diversidad de dones y carismas, en un proceso permanente de reflexión y discernimiento para responder al llamado que Dios nos hace. Queremos vivir una iglesia que camina y decide junta, sinodalmente, que se pone al servicio de los demás dejando atrás las diferencias, reconociendo sus límites y apostando por sus fortalezas. Con el Papa Francisco estamos interpelados a mirarnos críticamente poniéndonos en estado permanente de misión, para sentirnos primavera.

El diálogo con las realidades de los pueblos latinoamericanos y caribeños nos conmueve al compartir nuestras lágrimas y dolores2 teniendo muy presente la situación de crisis social en algunos de nuestros países en que muchos jóvenes son víctima de la violencia, aunque en este mismo contexto vemos posible la realización del Reino de Dios en Latinoamérica, tierra de esperanza y casa común3, descubriendo la fuerza del evangelio que nos provoca a sabernos protagonistas comprometidos desde la diversidad política, cultural, étnica y espiritual. Confiando en un Dios que transforma nuestra vida y el mundo. Como jóvenes, asesores, laicos, religiosas, religiosos y obispos latinoamericanos, responsables de la pastoral juvenil, hacemos memoria de nuestra historia, valoramos nuestras raíces y nos sentimos orgullosos de nuestro pasado, reconociendo también nuestras fragilidades y pecados. Nos hacemos cargo de este presente que vivimos, sintiéndonos queridos por Cristo y renovados por su Espíritu, llenos de la pasión por el anuncio del evangelio, comprometiéndonos como constructores de un gran futuro, soñando cada día mas que juntos podemos, como iglesia joven saliendo a la calle, edificar la civilización del amor.

No queremos una pastoral juvenil encerrada e indiferente, sino transformadora, sinodal, misionera y profética, que le grite al mundo, sobretodo a otros jóvenes, que Cristo es el centro de nuestras vidas, que nos ama, que nos salva, y que camina vivo entre nosotros.

1 Joel 3, 1
2 Christus Vivit, 76
3 Sínodo de la Amazonía

 

[FuenteComunicaciones Pastoral Juvenil Latinoamericana]