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Mons. Gualberti: El silencio ante los que abusan del poder, nos hace sordo mudos espirituales y morales

En su Homilía pronunciada el 9 de septiembre de 2018, el Arzobispo de Santa Cruz rememoró la exhortación del Profeta Isaías al Pueblo de Israel de no tener miedo ante los que abusan del poder, pues Dios interviene para salvar a su pueblo exiliado, para liberarlo de enfermedades y para llevarlo a un desarrollo humano integral. Pero hizo hincapié en que ese desarrollo humano integral no puede darse sin respeto al medio ambiente y a la naturaleza.

El Arzobispo reiteró su advertencia al pueblo para que participe de la vida de Dios, ya en la existencia terrenal y alcanzar el gozo de la vida eterna. En ese contexto, el Arzobispo advirtió que los signos de limitación de la vida y la humanidad son la enfermedad, el silencio y la marginación social.

Al valorar la comunicación que practican los creyentes con Dios, indicó que mirar al cielo no es un acto de magia, sino es expresión de profunda comunión con el Padre, en ese contexto explicó que la palabra de Jesús es eficaz ya que, a quien la escucha, no solo le devuelve la salud sino también la dignidad de persona pues con su misericordia, Jesús ha traído e instaurado el Reino de Dios.

Mons. Gualberti indicó que la enfermedad moral y espiritual es más grave que la dolencia física pues implica nuestra responsabilidad, en ese contexto dijo que la sordera espiritual se da cuando el egoísmo e intereses personales impiden oír el clamor de los pobres y provoca silencio ante las injusticias de los que abusan del poder, que los hace sordo mudos espirituales y morales y da paso al recurso de la violencia.

El Arzobispo fue enfático al pedir que No hagamos oídos sordos, no seamos cobardes, no nos quedemos callados y pasivos ante las inequidades de la sociedad y pidió que abramos nuestro corazón, mente y vida a Jesús para ser contados entre los justos que el Señor ama.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti

Pronunciada el 9 de septiembre de 2018

  • Ánimo, no teman Dios interviene para liberar a su pueblo
  • Dios trae liberación de las enfermedades y males para un desarrollo humano integral
  • El desarrollo humano integral no puede darse sin respeto al medio ambiente
  • No tengamos miedo y dispongámonos a colaborar en esa obra
  • Participemos de la vida de Dios en la existencia terrenal y alcancemos el gozo de la vida eterna
  • La enfermedad, el silencio y la marginación social signos de limitación de la vida y la humanidad
  • Mirar al cielo no es un acto de magia, es expresión de profunda comunión con el Padre
  • La palabra de Jesús es eficaz
  • Jesús no solo devuelve la salud sino también la dignidad de persona
  • Jesús ha traído e instaurado el Reino de Dios
  • La enfermedad moral y espiritual es más grave que la dolencia física pues implica nuestra responsabilidad
  • La sordera espiritual se da cuando el egoísmo e intereses personales impiden oír el clamor de los pobres
  • El silencio ante las injusticias de los que abusan del poder, nos hace sordo mudos espirituales y morales
  • La sordomudez moral e incomunicación da paso al recurso de la violencia
  • No hagamos oídos sordos, no seamos cobardes, no nos quedemos callados y pasivos ante las inequidades
  • Abramos nuestro corazón, mente y vida a Jesús para ser contados entre los justos que el Señor ama

Ánimo, no teman Dios interviene para liberar a su pueblo

“¡Ánimo, no teman! Miren que nuestro Dios viene y les rescatará y salvará”. Es el anuncio gozoso y esperanzador del profeta Isaías al pueblo de Israel que, exiliado y dispersado por varios países, se encuentra abatido y desanimado. Dios viene a rescatarlos y traerlos de vuelta a su patria, un nuevo éxodo y nueva liberación, en camino por el desierto. Este es el corazón de todo el mensaje bíblico: Dios interviene para liberar y salvar a su pueblo.

Dios trae liberación de las enfermedades y males para un desarrollo humano integral

Liberación, en primer lugar, de las enfermedades y toda clase de males que agobian a los hombres: “Se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo”. Liberación que apunta al desarrollo humano integral y a una humanidad nueva no disminuida por la enfermedad.

El desarrollo humano integral no puede darse sin respeto al medio ambiente

Liberación y desarrollo que alcanza también a la naturaleza que nos rodea, porque el desarrollo humano integral no puede darse sin el respeto del medio ambiente y de la naturaleza: “Brotarán aguas en el desierto, y torrentes en la estepa, se transformará la tierra abrasada en estanque y el país árido en manantial de aguas”. El profeta avizora una nueva manera de entender la relación del ser humano con la naturaleza, basada en una mística y espiritualidad liberadora, sanadora y armoniosa, y enmarcada en el horizonte de la solidaridad universal entre el hombre y todas las criaturas vivientes.

No tengamos miedo y dispongámonos a colaborar en esa obra

Estas acciones maravillosas son fruto de Dios que libera en profundidad y en su totalidad al hombre. Por eso el profeta hace la invitación perentoria a reconocer y tener confianza en la presencia viva de Dios que actúa en la historia, a no tener miedo y a dar nuestra disponibilidad en colaborar en esa obra: “¡Ánimo, no teman!”.

Participemos de la vida de Dios en la existencia terrenal y alcancemos el gozo de la vida eterna

Las intervenciones liberadoras de Dios en favor de los Israelitas esclavos en Egipto y exilados en Babilonia son la imagen de la liberación nueva y definitiva, la liberación integral del pecado y del mal que Jesús ha venido a traer para todos los hombres para que participen de la vida de Dios ya en esta existencia terrenal y alcancen el gozo de la vida eterna.

La enfermedad, el silencio y la marginación social signos de limitación de la vida y la humanidad

Un ejemplo de este anuncio esperanzador, nos lo presenta el Evangelio que acabamos de escuchar: Jesús interviene para sanar a un hombre sordomudo. Ese hombre sumido y envuelto en el silencio es llevado por unas personas ante Jesús para que le imponga las manos. En el Antiguo Testamento, el silencio es signo de la muerte: “Si el Señor no viene en mi ayuda, pronto mi alma morará en el silencio” (Sal 94,17). Este hombre enfermo, sumido en el silencio de la incomunicación y de la marginación social, representa un caso de limitación extrema de vida y de humanidad

Mirar al cielo no es un acto de magia, es expresión de profunda comunión con el Padre

Jesús lleva al enfermo aparte, “a solas”; en su actuación quiere evitar toda apariencia de magia, evitando ser malinterpretado y manipulado. Dado que la comunicación con el sordomudo a través de la palabra es imposible, Jesús, con gestos conocidos en la práctica curativa de su tiempo, le pone los dedos en los oídos del enfermo y le toca la lengua con saliva. Luego “Levantando los ojos al cielo, dio un gemido y dijo: ‘Effatá’, que quiere decir ‘!Ábrete!’”. La mirada al cielo es expresión de su profunda comunión con el Padre y el «gemido» de su identificación con el sufrimiento y la desgracia del sordomudo.

La palabra de Jesús es eficaz

Sin embargo, el punto decisivo del milagro es la palabra de Jesús: ‘!Ábrete!’ y “Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente”. Todo el relato está orientado para poner en evidencia la eficacia de la palabra de Jesús.

Jesús no solo devuelve la salud sino también la dignidad de persona

El mandato de Jesús rompe el silencio mortal que envuelve a aquel hombre y lo hace salir de su incomunicación. No solo le devuelve sus facultades naturales de escuchar y de hablar, sino también la dignidad de persona, liberándolo de lo que le impide relacionarse con las demás personas, la comunidad y la sociedad.

Jesús ha traído e instaurado el Reino de Dios

Jesús no quiere dar cabida a los milagreros: “les mandó que a nadie se lo contaran”, sin embargo la gente va proclamando a los cuatro vientos: “Todo lo ha hecho bien”, al igual que Dios ha hecho todo bien en la obra de la creación (Gen 1): “Y vio que todo estaba bien”. La misericordia y el poder de Dios que da la vida, son signo de la salvación que Jesús ha traído instaurando el Reino de Dios.

La enfermedad moral y espiritual es más grave que la dolencia física pues implica nuestra responsabilidad

En ese hombre pagano y sordomudo, es representada toda la humanidad afligida por las enfermedades físicas, pero también los sordos y los mudos de la palabra de Dios, enfermedad espiritual que conlleva la incapacidad de comunicarse correcta y fraternalmente con el prójimo. En este sentido, tenemos que reconocer que, quien más o quien menos, todos sufrimos de esa enfermedad moral y espiritual, hecho más grave que la dolencia física, porque implica nuestra responsabilidad.

La sordera espiritual se da cuando el egoísmo e intereses personales impiden oír el clamor de los pobres

Sufrimos de sordera espiritual cuando no escuchamos la Palabra de Dios y no hacemos su voluntad. Cuando nos encerrarnos en nuestro egoísmo e intereses y no oímos el clamor de los pobres y cuando reclamamos por nuestros derechos sin asumir los respectivos deberes y no respetamos los derechos de los demás. Cuando, obcecados por nuestro orgullo y la soberbia, cultivamos en nuestros corazones sentimientos de odio, resentimiento, revanchismo y racismo.

El silencio ante las injusticias de los que abusan del poder, nos hace sordo mudos espirituales y morales

Y también somos mudos espirituales y morales, cuando nos callamos ante las injusticias y las mentiras de los que abusan del poder, cuando se discrimina, cuando se desprecian, oprimen y marginan a los pobres y los débiles y cuando no sabemos perdonar ni recibir perdón, medio indispensable para devolver la paz y la serenidad en situaciones conflictivas.

La sordomudez moral e incomunicación da paso al recurso de la violencia

La sordomudez moral y la incomunicación dividen familias, grupos y pueblos, elevan muros que impiden todo diálogo franco y sincero y ponen en grave riesgo la convivencia y la paz, dando paso al recurso a la violencia, a los enfrentamientos y a la guerra.

No hagamos oídos sordos, no seamos cobardes, no nos quedemos callados y pasivos ante las inequidades

Las palabras y actuación de Jesús es un fuerte llamado de atención para que no hagamos oídos sordos ante el clamor de los oprimidos y marginados, para que no seamos cobardes y no quedemos callados, indiferentes y pasivos ante las injusticias e inequidades de la sociedad. “¡Ánimo, no tengan miedo!” Jesús nos llama a abrir el corazón a su Palabra, y a actuar animados por ella, la Palabra de la verdad y la fortaleza que nos impulsa a ser sus testigos en todos los ámbitos y espacios de nuestra vida privada y pública.

Abramos nuestro corazón, mente y vida a Jesús para ser contados entre los justos que el Señor ama

El Evangelio de hoy nos abre horizontes de esperanza, Jesús que “hace oír a los sordos y hablar a los mudos”, no nos deja solos en esta misión, viene en nuestra ayuda y vuelve a dirigirnos aquel grito: “effatá, ¡ábrete!”. No tengamos miedo, abramos nuestro corazón, nuestra mente y nuestra vida a Jesús y así seremos partícipes de la construcción de la nueva humanidad y podremos ser contados entre “los justos que el Señor ama”, como hemos proclamado en el Salmo. Amén