Santa Cruz

“Las normas morales, no son un atentado contra nuestra libertad” Mons. Sergio Gualberti

Homilia de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, pronunciada en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir, Catedral de Santa Cruz.

Queridos Hermanos y Hermanas:

La “tentación” es la palabra clave que da unidad a las tres lecturas de este primer domingo de Cuaresma: son tentados Adán y Eva en el paraíso terrenal, es tentado Jesús en el desierto y somos tentados también nosotros.

En la 1ª lectura del Génesis hemos escuchado que “Dios modeló al hombre (Adán) con arcilla de suelo y sopló en su nariz un aliento de vida” y que lo puso, junto a Eva su esposa, en un lugar preeminente del jardín del Edén.No obstante la dignidad y la felicidad en el paraíso terrenal que Dios les ha dado, ellos siguen siendo unas criaturas y por lo tanto dependiendo de Dios, su libertad está sujeta a la voluntad del creador: “No coman del árbol que está en medio del Jardín, ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte”.El diablo, presentado bajo la imagen de la serpiente, tienta a Adán y Eva en ese punto: “Cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal”, ser independientes de Dios.

El texto presenta acertadamente la naturaleza de la tentación, con imágenes muy atractivas:”el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento”.La seducción es propia de la tentación y a menudo es irresistible, presenta la felicidad a nuestro alcance, nos da la ilusión de tener la facultad de decidir sin responsabilidades, incita nuestra soberbia y orgullo y nos hace sobrevalorar nuestras fuerzas y capacidades.

Adán y Eva comen el fruto prohibido, caen en la tentación pero el resultado no es el esperado: “Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos”. Se destapan sí los ojos, pero para mirar en toda su crudeza la desnudez causada por el pecado que les saca del Edén, les abre las puertas, no dela felicidad y divinidad, sino de la fragilidad, del dolor y de la muerte.

En el Evangelio, hemos escuchado que también Jesucristo experimenta la tentación del demonio, aunque con resultado muy distinto de Adán, como nos dice San Pablo: “Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos… por la gracia de un solo hombre, la gracia y el don de Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente”.

En las tentaciones de Jesús cambia el escenario, ya no es el paraíso terrenal sino el desierto y después de cuarenta días de ayuno y oración. La prueba a la que el diablo somete a Jesús se refiere al punto central de su misión de Mesías, le plantea someter a los pueblos al Reinado de Dios a través de la riqueza, el poder y la seducción de grandes portentos. Esta propuesta es totalmente contraria al plan de Dios que no quiere instaurar su señorío sobre el mundo mediante el poder y la riqueza del mundo, sino a través de la debilidad y la pobreza.

La lógica de Dios es la lógica del amor y del servicio, la lógica de la Encarnación y la Cruz, que no se impone con la fuerza y que respeta nuestra libertad:«Siendo rico, se hizo pobre por ustedes…».Jesús,con la fortaleza espiritual de la oración y el ayuno,supera esta prueba y no cae en el ardid del espíritu maligno y cumplirá su misión, como Mesías pobre y al servicio fiel del plan de salvación del Padre.

Como la primera pareja humana y como Jesús, también todo ser humano pasa por las tentaciones, que responden a un propósito fundamental del demonio:desterrar el primado de Dios en nuestra vida y abrirse paso para dominar,él mismo,por medio de tantos otros dioses e ídolos que esclavizan y siembran la muerte. Los que entran en esta lógica diabólica, dejan de lado a Dios que aparece como algo secundario, frente a tantas otras cosas que consideran urgentes en su vida.

Es en esta perspectiva de un mundo sin Dios que, a lo largo de la historia hasta el día de hoy, han surgido personajes que se han endiosado a sí mismos, que se han presentado como salvadores,dominando y sometiendo a los pueblos con todos los medios. Esos poderes totalitarios, se basan en la fuerza, en la violencia, en la justicia corrupta,en la compra de conciencias con el dinero y prebendas, en el recurso a la mentira, en crear falsos espejismos con obras ostentosas y manifestaciones de poderío, que adormecen las conciencias y hacen olvidar la dura realidad.

El tentador es mentiroso, astuto “: ¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del Jardín?.Para convencernos de la bondad de su propuesta,llega al extremo de presentarnos a Dios como nuestro enemigo, como aquel que está en contra de nuestra libertad y felicidad, que nos impide vivir según nuestros gustos y antojos.

Esta tentación es muy común, aunque no se la reconoce fácilmente, porque no ataca directamente a Dios, sino a su voluntad, a los mandamientos y a las normas morales que él nos ha dado. Sólo un ejemplo: son muchos los fieles que consideran que las normas de la Iglesia sobre la vida conyugal, sobre el divorcio, sobre el respeto de la vida, desde el momento de su concepción hasta la muerte natural, son una especie de imposición que impide al hombre vivir y realizarse en felicidad, y que por lo tanto no los observan.

Quien asume esta actitud de libertinaje moral,está desconociendo de hecho a Dios,porque no se puede pensar que se cree en el Señor si no se acepta también vivir conforme a su voluntad. El desterrar la ley de Dios tiene consecuencias muy graves en la vida de las personas y de la sociedad, como es la horrible noticia de estos días en Bélgica, donde se ha aprobado la ley de la eutanasia para niños. Es un crimen que no tiene nombre, que manifiesta la degradación moral a la que, sociedades que se proclaman civiles, han llegado. Este hecho hace avizorar otros escenarios de muerte y de desprecio de la gran y única dignidad de todo ser humano.

Las normas morales, no son un atentado a nuestra libertad sino que ponen un límite al libertinaje y arbitrariedad. Los mandamientos son más bien expresión del amor de Dios, unos medios que Él ha puesto a nuestro alcance para que podamos realizarnos en plenitud como personas y podamos encontrar en su amor el sentido verdadero de nuestra vida.”Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros”(Papa Francisco).Esta es la belleza del plan de Dios, un camino que nos lleva hacia la vida plena y a la felicidad.
Otros caminos son ilusorios, son espejismos que se esfuman ante las contradicciones y dificultades de la vida y que nos dejan a la merced del sin sentido, del dolor y de la muerte.

Vista en la perspectiva de Jesús la tentación no es algo negativo, sino una oportunidad para demostrar nuestro sí convencido a Dios, para expresarle nuestro amor y para reconocer con humildad nuestra condición de criatura que libremente se acoge a su voluntad, abriéndonos a su amor.La decisión no es fácil, por eso, para salir airosos de este combate espiritual, tenemos que seguir los pasos de Jesús, abandonarnos en los brazos de Dios con un acto de fe y de amor. La cuaresma es una invitación a participar de la gracia abundante que Jesús nos ha merecido, a través del camino y las prácticas penitenciales que él nos ha indicado: la meditación de la palabra de Dios, la oración, el ayuno y la caridad.

“La palabra de Dios”:
Jesús ha vencido al demonio recurriendo a la palabra de Dios: “Está escrito”, acerquémonos con perseverancia a la Sagrada Escritura para encontrar en la luz y la fortaleza en el seguimiento de Jesús.

“La oración”:
Entremos en un diálogo de confianza y amor con el Señor, para descubrir su voluntad para cumplirla.

“El ayuno y la mortificación”:asumamos un estilo de vida sobrio ante una mentalidad consumista para que nuestra voluntad se conforme a la voluntad de Dios.

“La Caridad”:
“hagamos un acto de misericordia”, compartamos los frutos de las renuncias con los hermanos más necesitados.”La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias” (Papa Francisco).

Al iniciar esta cuaresma abramos nuestra vida al Señor, que él nos acompañe a lo largo de este camino de conversión para llegar a celebrar con alegría la luz y la vida nueva de la Pascua,y pidamos a Dios, con las palabras del salmo 50: “Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga”.

Amén