Santa Cruz

“La familia, una escuela de perdón” Mons. Sergio Gualberti

En consonancia con la celebración de la 49 Jornada Mundial de las Comunicaciones de la Iglesia Católica, El Arzobispo de Santa Cruz Mons. Sergio Gualberti centró su homilía en el Mensaje que S.S. Francisco denominó “Comunicar la familia, ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor” para que tomemos conciencia de la necesidad de una comunicación marcada por los valores humanos y cristianos, como la igual dignidad de toda persona, la verdad, la libertad y el bien común y la paz.

Por otro lado Mons. Gualberti convocó al pueblo de Dios a participar de la “Semana de oración por la unidad de los cristianos” con el lema “Dame de beber” en el entendido que los cristianos todos tenemos la responsabilidad de anunciar y testimoniar a Jesús, única y verdadera agua que aplaca esta sed.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti 

Domingo 17 de mayo de 2015

En el gozo del tiempo de Pascua, celebramos hoy la solemnidad de la Ascensión del Señor, culminación de la misión histórica de Jesús, de su pasión, muerte y resurrección.

La primera lectura nos presenta al Resucitado, en una de sus apariciones, comiendo con sus discípulos, dando las últimas recomendaciones, renovando la promesa del Espíritu Santo y dándoles el mandato: “serán mis testigos desde Jerusalén… hasta los confines de la tierra”.

Mientras todavía estaba hablando, “los apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó a la vista de ellos”. Los particulares de esta escenaponen de manifiesto la exaltación de Jesús en la gloria del Padre y su acreditación como Señor. La Ascensión es la coronación y plenitud de la Resurrección de Jesucristo, un evento que  nos abre a la esperanza de que también los seres humanos podamos un día ser partícipes de la gloria del Señor.

La lectura nos dice también que los apóstoles, asombrados ante esta escena: “permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía”. Mientras están contemplando este misterio, se les aparecen dos mensajeros que les interpelan: “¿Por qué siguen mirando al cielo”. Ha llegado la hora de que los apóstoles “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la creación”.

Es ahora cuando inicia la misión de Iglesia en el mundo, es el momento que los discípulos se hagan cargo dela misma Misión de Jesús, bajo el dinamismo del Espíritu Santo. Desde este momento hay una nueva presencia del Resucitado en la historia, a través la comunidad de los discípulos que participaron como testigos presenciales de todos esos eventos.

Una vez que queda clara para nosotros discípulos que la gloria del Señor es nuestra meta y horizonte ultimo, tenemos que concentrarnos en hacer presente el Reino en la realidad de cada día, porque aquí tiene que manifestarse el amor del Padre, con miras a la construcción de nuestro futuro definitivo.

El compromiso por el Reino de Dios, no nos quita de la historia, por el contrario, nos sumerge en el presente con la exigencia concreta de anunciar el Evangelio no solo hasta losextremos mundo, sino también en los últimos rincones de nuestro ser y de nuestra vida: “Y serán mis testigos desde Jerusalén… hasta los extremos confines de la tierra“. Los cristianos debemos con nuestra vida y con los hechos dar testimonio del plan de salvación de Dios. Este es el compromiso de la Evangelización, nuestra misión fundamental como Iglesia: ser testigos de la Buena Noticia de Jesucristo Resucitado, único Salvador de la humanidad. Por eso, la fe cristiana no puede quedarse en alabanzas, en puras celebraciones rituales y experiencias religiosas desencarnadas, sino abarcar todos los ámbitos de la vida.

Estos son los signos que les acompañarán… arrojan demonios, hablan lenguas nuevas, impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos.” Jesús comparte con sus discípulos el poder que ha recibido el Padre, poder que es servicio para liberar a los pecadores de la esclavitud de su pasado de mal, para romper las esposas de las divisiones y de la soberbia, para hablar palabras que lleguen realmente al corazón de las personas, para allanar conflictos, desterrar rencores y para aliviar los males y dolores de los que viven en la soledad y el abandono.

Estos prodigios que acompañan el anuncio del Evangelio, son un signo de la presencia de Dios Padre misericordioso en la historia de la humanidad, que se manifiesta en la acción  del Espíritu Santo que acompaña, sostiene, anima y purifica la misión de la Iglesia.

A igual que los primeros cristianos, también hoy  la Iglesia, está llamada a cumplir la misma misión pero en el nuevo contexto de nuestro mundo globalizado, caracterizado por la ciencia y la técnica que, entre tantos descubrimientos, proporcionan medios maravillosos para la comunicación instantánea y universal. Se hacen distintos usos de estos medios, buenos y malos. Los cristianos debemos aprovechar estos instrumentos privilegiados para anunciar hasta los rincones más lejanos del mundo y en todos los corazones la alegría de vivir el Evangelio de Jesucristo.

Por eso la Iglesia ha instituido, en el día de la Ascensión, la Jornada Mundial de la Comunicación Social, para que tomemos conciencia de la necesidad de una comunicación marcada por los valores humanos y cristianos, como la igual dignidad de toda persona, la verdad, la libertad y el bien común y la paz.  Este año para la 49 Jornada, el Papa Francisco, nos ofrece un mensaje con un tema actual y cautivador: “Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor”.

El Papa nos recuerda que: “la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar”, de una manera más auténtica y humana. En la familia aprendemos a convivir en las diferencias, a acogernos mutuamente, porque existe un vínculo entre todos. En la familia aprendemos también una forma fundamental de comunicación con Dios que es la oración, yla mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comunicación” con Dios que es amor que se nos da y que nosotros ofrecemos a los demás.  Lo que en la familia nos ayuda a descubrirnos como próximos y hermanos es que somos muy importantes los unos para los otros.

El Papa también afirma que no existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva”.

Por eso, “la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, puede reanudar y acrecentar la comunicación.

Por último el papa dice que “La familia más hermosa, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos”. A partir de esta vocación de la familia, el desafío que hoy se nos propone es, por tanto, “volver a aprender a comunicarnos entre nosotros, no simplemente a producir y consumir información”.

Este Domingo hasta el domingo de Pentecostés en nuestra Iglesia en Bolivia también se celebra la: Semana de oración por la unidad de los cristianoscon el lema “Dame de beber”.  Son las palabras que dirige a Jesús la mujer Samaritana, sedienta del agua de la vida, del amor y de la verdad. Todas las personas en lo más profundo de nuestro ser tenemos esta sed de autenticidad, de vida y felicidad. Los cristianos todos tenemos la responsabilidad de anunciar y testimoniar a Jesús, única y verdadera agua que aplaca esta sed.

Esto implica que todas las Iglesias y denominaciones cristianas estamos ante el gran desafío de hacer realidad el mandato del Señor, “que todos sean unos“. La unidad y comunión entre cristianos es el primer e indispensable servicio a la evangelización, porque no podemos anunciar a “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo… un solo Dios y Padre de todos…” si estamos divididos entre bautizados.

Que esta semana sea un tiempo de gracia y de oración en nuestras Iglesias, para que el Resucitado, constituido por el Padre Señor de la historia y del universo, nos conceda el don de la unidad y del amor fraterno como anuncio y testimonio auténtico de salvación en todo el mundo. Amén